El empate en la CUP lleva a Cataluña a una prórroga interminable

El insólito empate en la asamblea de la la Candidatura d'Unitat Popular (CUP) que debía decidir si investía o no a Artur Mas como president de la Generalitat mantiene la incertidumbre sobre el futuro de Cataluña, agitado también por los cambios en el tablero político nacional.
La número dos de la CUP en el Parlament, Anna Gabriel durante un acto de su formación. EFE/Archivo/Susanna Sáez
La número dos de la CUP en el Parlament, Anna Gabriel durante un acto de su formación. EFE/Archivo/Susanna Sáez

María López

Los 1515 votos a favor de investir a Mas frente a 1515 votos en contra fue el inaudito resultado de la asamblea nacional extraordinaria de la organización anticapitalista del pasado domingo, que sólo fue concluyente al mostrar la división en dos de la formación de la que depende que Cataluña tenga nuevo Gobierno o repita elecciones.

¿”República catalana” o anticapitalismo? Es la pregunta que articula la fractura ya que los disensos en torno a qué objetivo posibilita la consecución del otro y por tanto cuál de ellos debe ser priorizado explican las posiciones enfrentadas.

Sobre la mesa había cuatro escenarios, que finalmente se redujeron a dos: aceptar el preacuerdo con Junts pel sí, es decir, investir a Mas que se colocaría al frente de una presidencia coral “sui generis” (pues mantendría sus privilegios) para liderar un proceso de transición hacia la llamada “República catalana” o negar al convergente la posibilidad de gobernar.

Para los “cuperos” dar el Gobierno de Cataluña a Artur Mas implica pactar con el símbolo de todo aquello que rechazan: un “establisment” de élites que, según los anticapitalistas, ha gobernado en contra de los intereses de la ciudadanía y que representa la corrupción y los recortes.

Pese a ello y porque consideran que existe la posibilidad de abrir un proceso de ruptura con el resto de España, la CUP ha negociado durante tres meses con los componentes de Junts pel Sí (CDC, Esquerra Republicana y organizaciones civiles independentistas) un pacto de investidura en torno a tres ejes: plan de choque social, ruptura y proceso constituyente.

Existe una cierta insatisfacción en torno a las medidas sociales (algunos “cuperos” esperaban lograr más) y división en torno a los otros dos ejes, donde unos ven avances y otros consideran que no ha existido negociación sino presión y que se enfrentan a un chantaje.

También difiere la lectura del “tempo” político: la mayoría soberanista en escaños podría tener sus días contados mientras que podría estarse abriendo una ventana de oportunidad para una mayoría de izquierdas. Los resultados de las elecciones generales han introducido el eje izquierda-derecha en el debate independentista.

En Comú-Podem, la coalición entre Podemos y la Barcelona en Comú de una fortalecida Ada Colau (junto a ICV), ha ganado las elecciones en Cataluña y con su victoria ha triunfado electoralmente la apuesta por el derecho a decidir, una opción negociadora que ha despertado más apoyos que la ruptura unilateral planteada por JxSí y la CUP.

Este nuevo contexto abre para la CUP dos escenarios posibles enfrentados entre sí.

Si se trasladan los resultados de unas generales a una repetición de los comicios -un ejercicio arriesgado porque el voto no tiene que obedecer a las mismas razones- se dibuja un parlamento donde los soberanistas retroceden y triunfaría la izquierda.

En esta hipótesis la posibilidad de una “República catalana” proclamada de forma unilateral desaparecería, pero se abriría la de un gobierno de izquierda. Si este escenario se diese en unos años, después de que la CUP invistiese a Mas ¿qué papel le quedaría a los anticapitalistas?

La pregunta queda en el aire, máxime cuando la investidura sólo sería el primer paso para una legislatura de gobernabilidad compleja, donde el apoyo de la CUP sería imprescindible para aprobar las distintas medidas, incluidos los presupuestos. Si los cuperos ceden invistiendo a Mas en pos de la independencia, ¿harán lo mismo para aprobar las cuentas?

El miedo a que la CUP se convierta en un satélite desdibujado en la órbita que marque Artur Mas planea sobre la organización, que se ha fijado el 2 de enero como fecha límite para decidir su posición.EFE

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