El difícil equilibrio del equipo de Manuela Carmena

La polémica en torno a la detención de unos titiriteros acusados de enaltecimiento de terrorismo ha evidenciado las grietas del equipo de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, que tiene ante sí varios frentes abiertos.
El dirigente de Podemos Pablo Iglesias festeja en Madrid la victoria de Manuela Carmena (d), candidata a la alcaldía por Ahora Madrid. EFE/Alberto MaEl dirigente de Podemos Pablo Iglesias festeja en Madrid la victoria de Manuela Carmena (d), candidata a la alcaldía por Ahora Madrid. EFE/Alberto Martin

María López

 

La crisis política de Carnaval, a raíz del escándalo en torno a una obra de títeres que pretendía ironizar sobre la actuación de la policía y que terminó con sus dos responsables acusados de enaltecer el terrorismo y en prisión preventiva, es el último capítulo de las críticas que afectan a la consejería de Cultura.
A las últimas polémicas el Ayuntamiento sumará el juicio a su portavoz, Rita Maestre, acusada de ofender los sentimientos religiosos por una protesta en una capilla realizada cuando era universitaria.
La controversia de los titiriteros ha sido la más grave hasta la fecha porque no sólo ha despertado las críticas de la oposición -PSOE, Ciudadanos y Partido Popular- sino también las de Ganemos -la mitad que forma Ahora Madrid junto a Podemos- así como de la izquierda libertaria (anarquista) y de diversos colectivos sociales.
La reacción del consistorio varió en el tiempo. En un primer momento el Ayuntamiento condenó la obra y denunció a los artistas y sólo a posteriori criticó la dureza de la prisión como medida cautelar. Nunca realizó una defensa cerrada de los titiriteros, como sí hizo desde Barcelona Ada Colau, lo que despertó críticas en no pocos sectores de la izquierda y dentro del equipo municipal.
El altercado es el último en torno a Cultura y a su consejera, Celia Mayer, también criticada por la estética de la Cabalgata de Reyes o por la gestión de la retirada de símbolos de la dictadura franquista.
Pero lo determinante es que ha hecho aflorar públicamente las desuniones y contradicciones que acompañan a Ahora Madrid desde sus inicios. Ahora Madrid es la fórmula que amalgama dos proyectos, Podemos y Ganemos, que pretendían pugnar por el Gobierno municipal y que se unieron para no competir por el mismo electorado, aunque les separaban trayectorias y culturas políticas diferentes.
El pacto que los unió fue complejo. Podemos aportaba su capital político a nivel nacional, Ganemos una candidatura de mayor recorrido y cuadros provenientes de los movimientos sociales, donde gozaba de mayor legitimidad. El matrimonio forzoso se firmó bajo el liderazgo de Manuela Carmena, la figura de consenso con la que apelar al voto socialdemócrata, clave para gobernar.
Pero el equilibrio no es sólo cosa de dos. El quién es quién entre los 19 concejales es un galimatías.
Sólo en la lista unitaria pactada para las primarias conviven diversas familias: la compacta Podemos con la portavoz Rita Maestre al frente (4 concejales), dos concejales que abandonaron Izquierda Unida y que ahora militan en Convocatoria por Madrid, tres independientes y tres concejales que coincidieron en un centro “okupado” de la ciudad. Junto a ellos Manuela Carmena -que se desmarca del resto- y su mano derecha, Marta Higueras.
Los seis concejales restantes acudieron en otras listas a las primarias y son los más críticos con el consistorio. Tres militan en la nueva Izquierda Unida de Madrid y tres provienen de la candidatura Madrid en Movimiento (los más escorados a la izquierda).
Además de las diferentes culturas políticas -la socialdemocracia de Carmena, el “municipalismo”, quienes se oponen a un modelo de ciudad de comercio y turismo masivos, etcétera- se dan cita formaciones en lucha entre sí -Podemos e Izquierda Unida-. Así, el equilibrio -o desequilibrio estable- es precario.
El PSOE, socio de Gobierno de Ahora Madrid, vigila de cerca y ha sido especialmente beligerante pidiendo la dimisión de la concejala de Cultura. Crecen las especulaciones en torno a un posible Gobierno de coalición municipal, que mira necesariamente a La Moncloa.
Ada Colau ya lo ha planteado en Barcelona, donde aspira a fortalecer el Gobierno municipal con un pacto de izquierdas y Pedro Sánchez usa la oferta para presionar a Iglesias a nivel nacional. El caso de Madrid es más complejo, debido a la heterogeneidad de sus componentes y su distinta capacidad de influir.
Podemos tiene en Madrid y Barcelona la oportunidad de demostrar su capacidad de gestión. Ambas ciudades revelan la exigente lupa sobre sus actuaciones y han recibido críticas por el nombramiento de asesores -aunque han reducido su número- o por errores de comunicación. En las dos la cultura ha servido como caballo de batalla para la oposición. EFE 

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Publicado en: Análisis