El desconcierto de la socialdemocracia europea

Ocho años después del comienzo de la crisis económica más grande en décadas la socialdemocracia sigue sumida en el desconcierto en muchos países europeos, incapaz de recuperar las posiciones perdidas.
Manifestación contra la austeridad en la plaza Syntagma de Atenas, el pasado 21 de junio.EFE/EPA/Archivo/SIMELA PANTZARTZIManifestación contra la austeridad en la plaza Syntagma de Atenas, el pasado 21 de junio.EFE/EPA/Archivo/SIMELA PANTZARTZI

 

Carlos Moral

 

Mientras la recesión producía un aumento de la desigualdad, los gobiernos adoptaban medidas de austeridad y recortes públicos, políticas a las que los socialdemócratas, tradicionalmente, se oponen. Sin embargo, muchos electores parecen haber dejado de confiar en ellos como solución y vuelven sus ojos a otros partidos.
En Alemania los socialdemócratas han perdido tres elecciones consecutivas; en el Reino Unido, dos; en España el PSOE ha vuelto a retroceder; en Portugal, aunque han formado gobierno junto a otras fuerzas de izquierda, los socialistas no consiguieron derrotar a los conservadores después de años de políticas de ajuste.
El caso extremo es el del PASOK griego, reducido a la mínima expresión y sustituido como referencia de la izquierda por Syriza, defensora de posiciones más radicales.
No le ha ido mejor al Partido Laborista en Irlanda, otro de los países rescatados, que en las elecciones del mes pasado perdió 30 de sus 37 escaños tras haber participado en un gobierno de coalición con los conservadores.
La mayor victoria para la socialdemocracia en Europa en los últimos tiempos se produjo en Francia en 2012, aunque algunas de las medidas adoptadas por el presidente, Francois Hollande, como la reforma laboral, son cuestionadas por parte de su electorado, que ha retrocedido en los comicios regionales.
Una de las explicaciones puede residir en la percepción por parte de los votantes de la incapacidad socialdemócrata para articular políticas diferenciadas de las de los conservadores a la hora de enfrentar la crisis.
Porque los valores de la socialdemocracia no están en crisis. O al menos así piensan Víctor Lapuente, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y profesor en la Universidad de Gotemburgo; e Ignacio Urquizu, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y diputado del PSOE.
Para Lapuente, de hecho, “no se vislumbra ninguna alternativa al valor de fondo de la socialdemocracia, -la mezcla de economía de mercado y estado social-“, hasta el punto de que “todos los partidos se han convertido, en el fondo, en un poco socialdemócratas”.
Otra cosa son las políticas para materializar esos valores. Urquizu piensa que necesitan “una adaptación urgente” a las nuevas realidades (factores como el envejecimiento de la población o los cambios tecnológicos) y deben incluir “la cohesión social en el proyecto europeo”, con un mercado laboral único.
Lapuente cree que los programas de muchos partidos socialdemócratas están quedándose desfasados por “la apuesta acrítica por la arquitectura institucional europea, y en particular del euro”, y “cierta negligencia hacia las nuevas fracturas sociales producidas por la globalización”.
Teniendo en cuenta que ya se hablaba de crisis de la socialdemocracia en los años ochenta del siglo pasado, y que la “tercera vía” de Tony Blair (1997-2007) generó un profundo debate sobre si los laboristas habían renunciando a sus principios, se plantea la duda de si el retroceso socialdemócrata responde al ciclo de la alternancia o, por el contrario, se ha convertido en estructural.
Mientras para Urquizu el retroceso es “coyuntural”, Lapuente cree que los socialdemócratas “tienen dificultades para integrar a electorados socialmente más diversos” y “están envejeciendo y desurbanizándose” y que “los jóvenes están girando hacia opciones liberales o hacia las izquierdas alternativas”.
El crecimiento de nuevas opciones durante la crisis a costa del retroceso socialdemócrata lo explica Urquizu, por la “polarización” que ha permitido ganar relevancia a las fuerzas más extremistas. “A la socialdemocracia le ha tocado gestionar el comienzo de la crisis en países que han sido duramente golpeados”, precisa.
Lapuente, profundiza en esta idea, que desarrolla en su libro ‘El Retorno de los Chamanes’: “las grandes crisis colectivas favorecen la llegada de ‘chamanes’ con recetas sencillas, contundentes, como son las ideologías en estado puro: el neoliberalismo o el nacionalismo (y con sus equivalentes en la izquierda radical).
“Ideologías que identifican a un culpable de nuestros males (para los neoliberales, el estado es el problema; para los izquierdistas, los mercados desregulados) y que ofrecen una solución sencilla”, indica.
¿Suponen las formaciones surgidas a la izquierda de los partidos tradicionales una reformulación de la socialdemocracia, una vuelta a sus valores clásicos o una nueva alternativa?
Urquizu no cree que “las posiciones de partidos como Syriza o Podemos sean novedosas” y considera que “responden a las preguntas de siempre con respuestas de siempre (nacionalizaciones y regulación laboral)”.
Lapuente opina que es pronto para saberlo: “Estos partidos están tirados por dos briosos caballos que empujan en direcciones distintas: el primero es el caballo de la indignación y la ira, el que se rebela contra las injusticias y persigue soluciones rupturistas; el segundo es el caballo que busca un cambio pero pactado con la sociedad y con otras fuerzas políticas”.
Si vence el primero se reeditarán las recurrentes rupturas izquierdistas. Si lo hace el segundo, se reproducirá el viejo pacto socialdemócrata, concluye.
Los dos analistas coinciden en que la socialdemocracia tiene futuro, pero necesita cambios. Para Urquizu pasa por tres ejes: democrático, social y económico, y el primer reto “es reforzar las instituciones representativas”, para solucionar su merma de poder “en beneficio de instituciones de escaso origen democrático”.
Lapuente propone el concepto de “mestizaje ideológico”, que Pedro Sánchez recogió en su discurso de investidura para referirse al pacto con Ciudadanos, y opina que el espíritu de la socialdemocracia debe basarse en dinamizar las economías y proteger a los ciudadanos con programas sociales.EFE 

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