El aumento de los ataques de colonos ultranacionalistas preocupa en Israel

Los ataques racistas contra propiedades e intereses de la comunidad árabe-israelí se han disparado en Israel y desatado las críticas al Gobierno y la Policía, a los que se acusa de no combatir lo suficiente estas acciones, habitualmente obra de colonos ultranacionalistas.
Mezquita quemada en Cisjornadania por un ataque de colonos judíos,según medios locales en enero de 2014. Un chico palestino permanece frente a los gMezquita quemada en Cisjornadania por un ataque de colonos judíos,según medios locales en enero de 2014. Un chico palestino permanece frente a los grafiti que rezan en hebreo "Árabes fuera" y "Venganza por la sangre derramada en Qusra", en el pueblo cisjordano de Der Istiya. EFE/Archivo/Alaa Badarneh

Javier Martín 

La preocupación ha alcanzado incluso al Departamento de Estado de EEUU, que ha reseñado el problema en su reciente informe sobre terrorismo en 2013, y multiplicado la alerta de la Policía, que según el diario “Haaretz” teme que los ataques puedan incrementarse durante la próxima visita del papa Francisco a Tierra Santa.

“No se aplica la ley con la fuerza suficiente, tal y como no se hizo hace 19 años”, recordaba hoy Dalia Rabin, hija del primer ministro israelí, Isaac Rabin, asesinado hace dos décadas por un miembro de la extrema derecha judía.

Considerada una voz reputada, Dalia advirtió de que la atmósfera que vive el país es similar a la que precedió al magnicidio de su padre, cuyo pecado para los ultranacionalistas fue estrechar la mano del entonces líder palestino, Yaser Arafat.

Los llamados “crímenes de odio”, conocidos también como “política del precio”, comenzaron en 2008 en torno a la colonia de Yitzhar, una de las más radicales del país. Y aunque en principio se limitaban a pintadas y destrucción de propiedades palestinas en Cisjordania, durante el último año han traspasado la denominada Línea Verde, que marcaría la frontera del futuro estado palestino, y alcanzado al propio Ejército israelí.

Desde el pasado enero, se cuentan más de una treintena de estas acciones, una decena de ellas concentradas en la última semana en localidades de Cisjordania, pero también israelíes, como en Umm el-Fahem, una de las principales ciudades árabes de Israel.

Coincide que esta oleada de ataques estalló días después de que fuerzas israelíes destruyeran una serie de edificios ilegales en Yitzhar y de que habitantes de este asentamiento pincharan las ruedas del vehículo del comandante del Ejército israelí en la zona.

Analistas como Chaim Levinson, columnista de  “Haaretz”, creen, que es un problema difícil de perseguir, ya que sus autores no pertenecen a una organización jerárquica, lo que reduce la efectividad de la Policía.

Una visión que no comparten políticos y ex responsables de los servicios de seguridad, que hablan tanto de un movimiento organizado como de negligencia y peligrosa desidia por parte del Gobierno derechista que dirige el primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Y es en ese debate, de tinte político y con la frágil y amplia colación de Gobierno como protagonista, donde la mayoría de los analistas y responsables colocan un problema que muchos temen que a Israel le explote en las manos.

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