Doñana, 50 años de lucha por su supervivencia

La mayor reserva ecológica de Europa, Doñana -declarada Patrimonio de la Humanidad- sería hoy posiblemente un inmenso campo de cultivos agrícolas o un bosque de eucaliptos y guayules si hace 50 años un grupo de amantes de la naturaleza no hubieran decidido salvarla. Sin duda, hay decisiones que cambian el destino y pueden marcar un hito en la historia.
Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España. EFE/FirmasJuan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España. EFE/Firmas

 

 

Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España

 

Sin embargo, los fantasmas de un destino trágico persiguen a este espacio natural: Doñana se seca y se enfrenta a otras amenazas como los proyectos de almacenamiento de gas o minería que ponen en peligro su supervivencia.

En sus más de 100.000 hectáreas, Doñana alberga un mosaico de paisajes emblemáticos como las marismas, que proporcionan refugio a más de seis millones de aves migratorias cada año entre Europa y Africa, o sus bosques, hogar de icónicas especies en peligro de extinción como el lince ibérico o el águila imperial.

 

Salvar Doñana de los proyectos de desecación fue la misión que dio origen en 1968 a WWF en España y uno de sus primeros logros. Desde entonces, llevamos medio siglo luchando por su conservación y trabajamos para acabar con la que es hoy su gran amenaza: el robo de agua.

El crecimiento descontrolado y, en muchas ocasiones, ilegal, de regadíos a partir de la década de los 80, con la proliferación de más de mil pozos ilegales y la falta de gobernanza y control en el uso del agua, han ocasionado que más de la mitad de las zonas del acuífero de Doñana hayan empeorado en los últimos 24 años.

Esta situación ha alimentado el crecimiento y consolidación de los “agropiratas”: agricultores ilegales que en clara competencia desleal, perjudican incluso a agricultores legales, poniendo en riesgo el sector fresero. Zonas como Lucena del Puerto (Huelva) se ha convertido en la “zona cero” del uso ilegal del agua en Doñana ante la absoluta impunidad reinante tras años de permisividad e inacción por parte de la Junta de Andalucía y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir dependiente hoy del Ministerio de Transición Ecológica.

La última noticia sobre la agresión de un grupo de agricultores ilegales perfectamente organizados a un agente fluvial del Ministerio de Transición Ecológica, que cumplía con su deber de denunciar el uso ilegal del agua, pone de manifiesto la existencia de prácticas mafiosas y la crítica situación de este espacio donde las administraciones están perdiendo el control del territorio.

El estado de salud de Doñana motivó en septiembre la visita de un grupo de eurodiputados, a quienes WWF entregó diversas investigaciones que documentan el crecimiento de la superficie de regadío (legal e ilegal) en la corona forestal de Doñana.

Los datos son alarmantes. En último informe publicado alerta de 365 nuevas hectáreas de regadíos intensivos, entre los años 2016 y 2018, de las cuales más de la mitad son ilegales. Asimismo, este análisis registra la existencia de más de 2.000 pozos ilegales y balsas de regadío que acaparan el agua que debería llegar a la marisma.

Las autoridades españolas diseñaron en 2014 un plan de ordenación territorial para hacer frente a estos problemas: el Plan Especial de la Corona Forestal de Doñana, que conllevaría el cierre de más de 2.000 hectáreas de cultivos ilegales. Sin embargo, el conocido “Plan de la Fresa” -conocido así porque más del 70% de los cultivos de esas zonas son fresas y frutos rojos- avanza de manera muy lenta, mientras el regadío sigue aumentando.

Las medidas adoptadas hasta el momento por la Junta de Andalucía y el Ministerio de Transición Ecológica no son suficientes. Necesitamos más ambición para detener esta situación insostenible, como declarar en riesgo el acuífero y aumentar los esfuerzos de las administraciones para luchar contra el robo del agua.

Doñana ha perdido más del 80% de sus marismas y el 90% de sus lagunas estacionales desde principios del siglo XX, según nuestro informe Salvemos Doñana. Del peligro a la prosperidad. La mala situación de las aguas está afectando, además, a la supervivencia de importantes poblaciones de aves acuáticas que dependen de la marisma, como la cerceta pardilla.

La crítica situación de Doñana preocupa a diversos organismos internacionales como la UNESCO, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) o el Defensor del Pueblo Español, que consideran que es indiscutible el mal estado del acuífero y la necesidad de declararlo sobreexplotado. Asimismo, la Comisión Europea ha abierto un proceso de infracción contra España -a instancias de una denuncia de WWF- por la mala gestión del agua en uno de los mayores y más impresionantes humedales de Europa. Incluso los mercados europeos y los consumidores están preocupados por la situación, y empiezan a reclamar mayor garantía a la hora de adquirir sus productos.

Ante esta problemática, diversos responsables políticos han propuesto como salida “fácil” un trasvase de casi 20 hectómetros cúbicos a los cultivos de Doñana, una medida que desde WWF consideramos insostenible pues sólo serviría para mantener y estimular el crecimiento de la superficie ilegal y los altos consumos de agua muy por encima de las dotaciones oficiales. Además, el trasvase resulta innecesario si se cumpliera la ley. Exigimos así al Ministerio de Transición Ecológica y a la Junta de Andalucía que salgan de su parálisis y de una vez por todas cierren los pozos y las fincas ilegales antes de que sea demasiado tarde.

La última jugada que pondría en jaque a Doñana es la construcción por la empresa Naturgy de un proyecto de almacenamiento y distribución de gas, una propuesta que ha encendido las alarmas de la delegación del Comité de Peticiones de la Unión Europea, quienes adelantaron que entraña un riesgo de “catástrofe natural”.

Doñana es un símbolo de conservación y resistencia. Después de cinco décadas, seguimos hablando de este paraje como uno de los puntos clave para la biodiversidad no solo de Andalucía o de España, sino también de Europa. Un espacio que ha sobrevivido, además, al gran incendio de 2017 o al accidente de la mina de Aznalcóllar-Los Frailes en 1998.

Si la protección del paraje abrió el camino para la preservación de otros espacios, su destino encierra una especie de profecía de lo que podría pasar en otros enclaves. El futuro de Doñana marca el rumbo del futuro de la conservación de la biodiversidad en España.

 

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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