El dinar tunecino marca su nivel más bajo arrastrado por el miedo exterior

El abrupto desplome del turismo, el miedo y la desconfianza de los inversores extranjeros y el descenso de las exportaciones han agudizado la crisis económica de Túnez y hundido su moneda, el dinar, que esta semana marcó un nuevo récord histórico negativo respecto al dólar y al euro.
El presidente de Túnez, Beji Caid Essebsi. EFE/Archivo/Peter SchneiderEl presidente de Túnez, Beji Caid Essebsi. EFE/Archivo/Peter Schneider

 

Javier Martín

 

Este jueves, el Banco Central tunecino vendía el dinar a 2,47 euros y 2,13 dólares frente a los 2,01 euros que se cambiaba a principios de este año.
Ante esta aguda depreciación, que repercute en los precios y en el vigor de las reservas de divisas, el director del Banco Central tunecino, Chedli Ayari, presentó el miércoles ante el Parlamento una batería de medidas destinadas a estabilizar la moneda y resucitar la economía.
“Este descenso récord en el valor del dinar se debe a la caída de las exportaciones, la falta de inversión extranjera”, que han causado un descenso en la reserva de las divisas, dijo Ayari a los periodistas tras su comparecencia.
En la estrategia no se contempla, sin embargo, frenar el derrumbe del valor del dinar ya que, según Ayari, “el nivel de las reservas es todavía aceptable” y “refleja la verdadera realidad de la economía tunecina”.
Expertos económicos europeos no comparten el optimismo del responsable tunecino, y advierten de que Túnez debe acelerar las reformas en el sector económico y financiero si no quiere que la crisis se haga crónica y paralice el país.
La crisis tunecina, que arrastra los problemas derivados de la corrupción que caracterizó la dictadura de Zine el Abedin Ben Ali -derrocada en 2011- y los bandazos del gobierno tripartito que tuteló el periodo post-revolución, se agudizó en 2015 a causa del repunte yihadista.
Tres atentados, que segaron la vida de 72 personas -60 de ellas visitantes extranjeros- acabaron con la industria del Turismo, que daba trabajo a miles de personas y era uno de los pilares económicos del país.
El primero, perpetrado en el museo El Bardo de la capital, acabó con el turismo de los grandes cruceros, que tenían en Túnez y en su pasado romano y fenicio una de sus paradas fijas, mientras que el segundo -ocurrido en un hotel de lujo de la costa- segó el atractivo de los paquetes baratos de sol y playa.
Desde hace unos meses, el Gobierno tunecino presiona a sus pares europeos -en especial al Reino Unido, Francia e Italia- para que retiren las alertas de viaje y levante la recomendación de no viajar al país excepto por razones inevitables.
“Las advertencias de viaje son nuestra ruina. Con ellas, las compañías se niegan a asegurar los paquetes o lo hacen a unos precios que hacen que el tour operador prefiera otros destinos más baratos como España”, explica a Efe el dueño de una importante agencia de viajes local.
Ante esta crítica situación, el ministerio tunecino de Turismo ha emprendido una campaña en Rusia que ha llevado a que el número de visitantes procedentes de este país se halla incrementado en más de un 50 por ciento en los últimos meses.
Con los rusos y los vecinos argelinos, los grandes empresarios del sector turístico -que supone un 8 por ciento del PIB nacional- confía en poder salvar esta temporada en espera de que las condiciones mejoren.
“El turismo es importante porque atrae divisas, pero como el resto de los sectores, necesita también de una reforma. Muchos hoteles se han quedado obsoletos, con falta de cuidado en estos años”, argumenta un diplomático europeo.
“También el modelo, ya que compite con el turismo de masa, de hotel con todo incluido a precios baratos que también ofrecen otros destinos más atractivos y seguros como España o Francia”, agrega el responsable.
Junto a la recuperación del turismo, el Gobierno apuesta por las medidas de austeridad y las reformas estructurales en el sistema financiero y bancario para tratar de atajar también el alto déficit del Estado.
Una tradicional receta impuesta tanto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), que en los últimos meses han comprometido sendos préstamos por valor de 2.400 millones y 5.000 millones de euros a condición de que se implanten sus medidas.
El préstamo del BM se aprobó apenas seis días después de que el Parlamento tunecino aprobara una nueva ley bancaria destinada a profundizar la reforma y modernización de los servicios financieros, una de las principales exigencias del FMI.
El texto legal -respaldado por 115 de los 135 diputados presentes en la cámara en el momento de la votación- fue boicoteada por casi un centenar de opositores y otorga una mayor independencia al Banco Central tunecino frente a los poderes políticos.
La oposición, y en particular los partidos de izquierda, creen que la reforma atenta contra la soberanía nacional, claudica ante el FMI e introduce la economía local por una senda que ya se ha demostrado fracasada en otros países. EFE

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