El difícil equilibrio de Ciudadanos con el PP

El futuro de la presidencia regional de Murcia, que actualmente ostenta el popular Pedro Antonio Sánchez, investigado en un caso de corrupción, se ha convertido en el primer choque frontal entre Ciudadanos, que propició su investidura y ahora exige su relevo, y el PP, que mantiene su confianza en él.
El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la reunión en la que  certificaron el acuerdo de investidura. El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la reunión en la que certificaron el acuerdo de investidura. EFE/Arhcivo/J.P. Gandul

Carlos Moral

Si como sostiene hasta ahora el PP no cede y se niega a sustituir a Sánchez, Ciudadanos tendrá que elegir entre aliarse con PSOE y Podemos para presentar una moción de censura contra el presidente regional o permitir que continúe en su cargo en tanto el juez determina la apertura o no de juicio oral, como reclaman los populares.

De momento Ciudadanos ha advertido que da de plazo hasta el 27 de marzo para que el presidente murciano dimita o convoque elecciones y, en caso contrario, apoyará una moción de censura que supondría la celebración de nuevos comicios.

El dilema al que se enfrenta en Murcia resume los problemas que plantea a Ciudadanos su relación con el PP: ambos partidos compiten por el mismo espacio electoral pero, al tiempo, la proximidad ideológica que se presupone a sus respectivos votantes aconseja extremar las precauciones para no incomodarlos.

Sin embargo, Ciudadanos ha crecido agitando la bandera de la lucha contra la corrupción, que ha convertido en una de sus principales señas de identidad, y con ella trata de marcar distancias nítidas con los partidos “viejos” y, en particular, con el PP.

Por eso, lo que está en juego para Ciudadanos en el pulso que libra con los populares en Murcia es algo más que la presidencia regional: se trata de demostrar que es capaz de condicionar la política del PP y obligarle a adoptar decisiones costosas en virtud del acuerdo que firmaron con ellos para la investidura de Mariano Rajoy.

Votar a Rajoy como presidente del Gobierno ya supuso una renuncia para el partido de Albert Rivera, después de exigir durante meses otro candidato al PP. Ciudadanos esgrimió que el acuerdo con los populares establecía como contrapartida medidas inequívocas para la regeneración de la vida pública, amén de algunas de sus demandas para aliviar la austeridad económica.

Sin embargo, apenas cuatro meses después de su firma, ambos partidos discrepan sobre la interpretación correcta del pacto y chocan en cómo afrontar las reformas para suprimir aforamientos, limitar el mandato presidencial o poner en marcha una comisión de investigación sobre la presunta financiación irregular del PP.

La fuerza de Ciudadanos -32 escaños- para condicionar a los populares -137-, se ve disminuida porque al Gobierno no le basta el apoyo del partido naranja para sacar adelante sus propuestas. A partir de mayo, el Ejecutivo dispone además de un comodín: podrá disolver el Parlamento y convocar elecciones en cualquier momento.

Un escenario improbable a corto plazo pero que, de acuerdo con las encuestas, favorece al PP y perjudica a Ciudadanos, porque la formación de Albert Rivera no ha conseguido hasta ahora rentabilidad electoral de su acreditada disposición al acuerdo.

En junio pasado perdió 8 escaños respecto a las elecciones de diciembre de 2015 y en las autonómicas gallegas y vascas no logró representación.

De acuerdo con el barómetro publicado por el CIS en febrero, Albert Rivera es el líder mejor valorado entre las principales formaciones políticas, con una nota de 4,18. Su gestión cuenta además con una buena consideración entre los votantes populares -5,12-.

Sin embargo, su nota general baja en comparación con el estudio de diciembre, cuando lograba un 4,5, y la intención de voto de Ciudadanos cae hasta el 12,2 % -13,05 % en las elecciones de junio pasado-.

El barómetro postelectoral del CIS del pasado mes de agosto también ofreció otro dato preocupante para el partido naranja: un 19 % de los que votaron a Ciudadanos en diciembre de 2015 se pasaron al PP en junio de 2016, aunque recuperó algún terreno con el resto de formaciones principales.
Con todas las cautelas que los análisis demoscópicos merecen, los datos revelan la dificultad que Ciudadanos tiene en estos momentos para seguir avanzando a costa del PP, de donde procede una parte sustancial de sus actuales votantes. Por contra, el hecho de que su mayor fuerza esté en el segmento más joven del electorado le brinda oportunidades de futuro crecimiento.

El partido de Rivera pugna por afirmarse como alternativa de centro, un espacio en el que, a tenor de las encuestas, se sitúa una parte mayoritaria del electorado -el 50,1 % según la última encuesta del CIS se colocaba entre las posiciones 4 y 7 de una escala que va del 1 (extrema izquierda) al 10 (extrema derecha)-.

Se trata de un espacio por el que compiten PP y PSOE y en el que, desde la debacle de UCD en 1982 y la caída del CDS del expresidente Adolfo Suárez, no ha cuajado ningún proyecto hasta la llegada de Ciudadanos.

El estudio del CIS señala que los encuestados sitúan al partido naranja en el centro derechoa -6,50 de la escala derecha-izquierda, frente al 8,21 del PP- por lo que sus posibilidades de crecimiento parecen estrechamente ligadas a la caída de los populares.

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Publicado en: Análisis