De diagnosticar el cáncer a padecerlo

La ginecóloga italiana Ilaria Bianchi tardó unos segundos en convertirse en paciente, en cambiar de un lado a otro de la mesa de su consulta. Allí había diagnosticado hace pocos meses de cáncer de mama a su compañera y pensó que era imposible que le ocurriera a ella también al mismo tiempo, pero se equivocó.
Imagen de archivo con motivo del Día contra el Cáncer de Mama, en Bilbao, en octubre de 2011. EFE/Archivo/LUIS TEJIDOImagen de archivo con motivo del Día contra el Cáncer de Mama, en Bilbao, en octubre de 2011. EFE/Archivo/LUIS TEJIDO

 

Belén Escudero,

 

Esta es la experiencia directa de una ginecóloga con el cáncer, una vivencia que ha compartido con Efe y que ha plasmado en su libro “Vivir y superar el cáncer de mama”.
Una enfermedad, cuyo Día Mundial se conmemora mañana y que a Bianchi le ha ayudado a entender mejor las necesidades de los pacientes y a darse cuenta de la importancia de una buena comunicación del médico con ellos.
“Desafortunadamente nada ni nadie te enseña a entender bien a los ‘pacientes’, hasta que eres tú la paciente”, se lamenta.
A esta italiana hiperactiva, ginecóloga “por pasión”, le costó acostumbrarse al principio a ser paciente, porque ella era la que habitualmente daba explicaciones en sus consultas cuando había “malas noticias”.
Pero tuvo que aprender: “yo era como un Ferrari y un día la vida me aparcó una temporada en el garaje”, dice al comenzar a hablar sobre cómo se enteró de la enfermedad.
Fue por casualidad, en noviembre de 2014, con 39 años, cuando se ponía crema en el gimnasio y notó un bulto en su pecho izquierdo. Sus conocimientos médicos salieron de golpe a su mente. “Me dije: ¿características?. Hum…malas, irregular y no doloroso”.
Aquel bulto no le gustó como médico -“tuve una “mala sensación”, recuerda-, pero intentó tranquilizarse y se dijo: “no será nada, me haré una ecografía y ya está”. Ahí empezó la lucha entre las dos partes, la de paciente y la de médico.
¿Consiguió disociar ser paciente y ser médico? “Era un intento continuo de disociarlo; intentaba coger la parte positiva de cada aspecto, intentaba irme a donde me convenía”, responde.
Las pruebas médicas la colocaron en un sitio que -dice- “no me correspondía”. “Me sentí paciente, con miedo, inseguridad, en sitio desconocido”, explica.
Allí se dio cuenta de que un diagnóstico como éste “te paraliza” y “te deja flotando en el aire” y entendió, como nunca, el valor de tener a alguien cerca en estos primeros momentos, que pueda entender lo que habrá que hacer y donde.
“Hasta ese momento nunca me había sentido tan necesitada. Era médico, una persona muy activa y explotaba mis capacidades al máximo. Hacía guardias de 24, 48 horas. Trabajaba muchísimo y no había tenido nunca ningún problema. Pensaba en el subconsciente que mi cuerpo aguantaba todo, que era invencible”, detalla.
Esta situación le supuso un gran cambio porque, según explica, tuvo que aceptar que era humana y que, como tal, “era vulnerable” y le “podían pasar cosas y que algún día moriría”.
Pero eso no ocurrió. Estuvo un año de tratamiento, entre la quimioterapia, la operación y después la radio. Luego sufrió dos mastitis.
Le costó volver a sentirse médico, porque se sentía “muy vulnerable”, y no sabía si podía ser capaz de volver a ayudar a los demás con su profesión, pero se desahogó con psicólogos, con diversas técnicas y con la ayuda de sus compañeros, logró poco a poco a reincorporarse .
¿Cree que pasaría lo mismo si tuviera otra profesión? “Yo creo que no -responde- porque nosotros estamos cada día con ello y sobre todo como ginecóloga porque yo a menudo tengo que ver bultos en el pecho”.
Ahora intenta llevar una vida más tranquila y trabaja, en vez de en un hospital, en un ambulatorio y dice haber mejorado mucho en eso de darse ‘panzadas’ a trabajar -“ahora me puedo pasar trabajar doce horas, pero de vez en cuando”, sonríe-.
Y ya no tiene que decir directamente “tienes cáncer de mama”: “las escucho, pido si lo considero una mamografía, veo si pinta bien o mal, pero el diagnóstico definitivo no se lo doy en el ambulatorio, se lo da el personal de patología patológica”.
¿Ha cambiado la forma de tratar a las pacientes? “Sí. Tengo mucha más empatía con ellas en general, no solo con las que pueden tener cáncer. La preparación y la profesionalidad es fundamental, pero también el trato y el cariño con ellas. Sirve para dar confianza y reforzar el vínculo entre medico y paciente”. EFE 

 

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Publicado en: Análisis