Desde 2005 la calle no le ha ganado el pulso al poder en América Latina

Los Gobiernos latinoamericanos parecen haber aprendido la lección de lo ocurrido entre 1999 y 2005 en países como Paraguay, Argentina, Bolivia y Ecuador, cuando la calle le ganó el pulso al poder.
Protesta estudiantil en agosto de 2011, donde demandaban enseñanza gratuita y de calidad al Gobierno de Sebastián Piñera EFE/Archivo/Felipe TruebaProtesta estudiantil en agosto de 2011, donde demandaban enseñanza gratuita y de calidad al Gobierno de Sebastián Piñera EFE/Archivo/Felipe Trueba

Ana Mengotti

Mucho antes que la “primavera árabe” y los movimientos de “indignados” en Europa y EE.UU., hubo el “marzo paraguayo”, como se conocieron las protestas que condujeron en 1999 a la salida de Raúl Cubas de la presidencia de Paraguay.

En 2001, el presidente argentino, Fernando de la Rúa, tuvo que dejar el cargo presionado por los “cacerolazos” y las manifestaciones contra su Gobierno, ante su incapacidad para revertir una profunda crisis económica.

La dimisión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia y la destitución de Lucio Gutiérrez en Ecuador, en 2003 y 2005, respectivamente, también estuvieron precedidas de manifestaciones populares, en las que participaron activamente los hoy mandatarios de esos países, Evo Morales y Rafael Correa.

Desde entonces ha habido infinidad de protestas en América Latina, pero no han caído Gobiernos por ese motivo.
Según el analista argentino Rosendo Fraga, que dirige el portal socio-político Nueva Mayoría, el control de la calle es un factor cada vez más determinante de la estabilidad de los gobiernos y las redes sociales son una herramienta útil para ello.

Dos meses después del comienzo de las protestas contra su Gobierno, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha iniciado el diálogo con la oposición propiciado por una misión de cancilleres suramericanos.

Una parte de la oposición venezolana rechaza las conversaciones y defiende que hay que buscar la “salida” de Maduro por medios constitucionales, e incluso entre los opositores dispuestos a participar en el diálogo, hay defensores de mantener el reclamo en la calle.

En Bolivia los dirigentes de las cooperativas mineras han abandonado los bloqueos de carreteras y enfrentamientoscon las fuerzas del orden que tuvieron en jaque al Gobierno, ante una promesa de diálogo hecha por Morales.

Las cooperativas mineras, aliadas de Morales, se enfurecieron debido a que el Gobierno modificó el proyecto de ley de la minería, ahora paralizado en el Senado, y les quitó la facultad de firmar contratos con empresas.

En 2010 cuando una subida del precio de los combustibles provocó un estallido social y en 2011 cuando hubo protestas indígenas por una carretera que se iba a construir en medio de un parque natural, Morales reconsideró sus decisiones antes de permitir que el conflicto se enquistara.

En Brasil, la contestación popular estalló en junio de 2013, y se teme que alcance su apogeo durante la celebración del campeonato Mundial de fútbol Brasil 2014, en junio y julio.

La chispa de las protestas brasileñas, que en un solo día llegaron a movilizar a 1,3 millones de personas, fue un aumento de los boletos del transporte público, pero también hubo reclamaciones contra la corrupción, la mala calidad de la sanidad y la educación públicas y la carestía de la vida.

La presidenta, Dilma Rousseff, reaccionó con “acciones concretas”, incluidas en cinco pactos nacionales para atender las demandas, pero aun así siguen las movilizaciones esporádicas.

En Chile, desde 2011, con Sebastián Piñera en la Presidencia, los estudiantes han dado la batalla por una educación gratuita y de calidad. Sus demandas han sido recogidas por Michelle Bachelet, presidenta desde marzo, en su programa de gobierno.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, ha afrontado la segunda huelga general contra su Gobierno, que paralizó el país en demanda de mejoras salariales y fiscales.

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