Descenso en el número de rescates pone el foco en el dilema moral de Europa

El barco "Aquarius", único fletado por las ONG que queda en el Mediterráneo central, mantiene su entrenamiento y vigilancia frente a la costa de Libia pese al aparente descenso de la inmigración y del número de rescates.
COSTA DE LIBIA, 25/10/2016.- Fotografía facilitada por el AJEMA. EFE/Archivo
COSTA DE LIBIA, 25/10/2016.- Fotografía facilitada por el AJEMA. EFE/Archivo

 

Javier Martín 

 

Un descenso que encierra una trampa, palpable a nivel estadístico, que ha desatado, no obstante, un espinoso debate ético y moral en Europa en torno al destino de los migrantes -cuyo número no desciende-, de los valores europeos y de la defensa de los derechos humanos.

Según cifras de la Organización Internacional de la Migraciones (OIM), entre enero y marzo de 2017 llegaron a Italia desde las costas de Libia 20.685 migrantes, la mayoría procedentes de Nigeria, Eritrea y Guinea Conakry. 

En el mismo periodo del presente año, el número de aquellos que han logrado cruzar la misma franja de mar se ha desplomado a 6.161, con un perfil similar: solo Sudán ha sustituido a Guinea Conakry como tercer lugar de origen.

Las muertes también se han reducido, aunque la ruta central sigue siendo con diferencia la más fatídica de las tres que cruzan el Mediterráneo: 589 decesos en 2017 frente a los 358 oficiales que la OIM registra en lo que va de año.

En una proporción mayor han caído los rescates: en 2017, el barco “Aquarius”, fletado por las ONG Médicos Sin Fronteras y SOS Mediterranee, salvó de las aguas a 15.000 personas; en estos tres primeros meses el número es de 1.144.

“El descenso en el número de llegadas no significa directamente que la inmigración haya caído. Las personas siguen viajando a Libia y aventurándose en el mar” para lucro de las organizaciones mafiosas que pueblan el país, explica a Efe Catalina Arenas, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF a bordo del “Aquarius”.

Una de las claves de esta supuesta caída, agrega, reside en la acción de la controvertida Guardia Costera libia, un cuerpo sin estructura de comando clara, ligada en teoría al Gobierno apoyado por la ONU en Trípoli, pero con protocolos y autoridades propias en la práctica dependiendo de la localidad a la que pertenezca.

“Las estadísticas oficiales muestran un incremento de la actividad de la Guardia Costera libia, del número de interceptaciones en la costa y la cifra de inmigrantes que han sido devueltos a Libia”, explica.

Y es en este punto donde ONG como SOS Mediterranee, MSF o Open Arms ponen el acento sobre el dilema moral que supone para Europa una estrategia de seguridad que parece chocar con la defensa de sus valores éticos al dejar el problema de la inmigración en manos de un estado fallido donde se violan los derechos humanos.

El barco de la organización humanitaria española permanece desde hace más de una semana retenido en el puerto siciliano de Raguzza por orden de la fiscalía italiana tras un confuso incidente con la Guardia Costera libia que las ONG entienden como una maniobra para expulsarlas del Mediterráneo.

En opinión de estas, la idea que subyace es la de crear un cinturón de seguridad en la costa de Libia que reduzca al mínimo las salidas y las llegadas de inmigrantes aunque ello suponga “armar y dotar a grupos locales sin una cadena de mando clara, algunos de los cuales formaban parte de la red de contrabandistas en el pasado”.

“En muchos casos no se sabe si quienes patrullan son los guardias costeros dependientes de Trípoli, milicias locales o los propios contrabandistas que tratan de recuperar a los inmigrantes y volver a comerciar con ellos”, agregan.

Esta situación es especialmente evidente en los puertos de Zwara y Zawiya, próximos a la frontera con Túnez y principal punto de partida de las embarcaciones irregulares, tal y como pudo comprobar Efe semanas atrás.

Además de los enrevesados lazos entre los Guardacostas locales y las mafias, preocupa igualmente las condiciones de seguridad e higiene de los centros de detención libios en los que los migrantes interceptados son encerrados.

“Muchos de los que hemos rescatado en el pasado nos contaban que lo habían intentado antes y que habían estado en esos centros donde habían sufrido torturas y abusos tanto físicos como psicológicos”, explica Arenas.

En la misma dirección se pronuncia Daniel Schnorr, médico de MSF a bordo del “Aquarius”, quien asegura que son habituales las heridas y marcas de tortura y enfermedades propias de prolongados encierros en lugares de higiene deficiente.

“La inmigración continúa. Tiene una raíz profunda y en Europa debemos reflexionar sobre si esta es la mejor forma que tenemos de afrontarla”, concluyen desde el equipo de SOS Mediterranee mientras navegan y se preparan frente a Zwara. EFE 

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Publicado en: Análisis