Derrotar al yihadismo (I): hacia un islam compatible con los valores europeos

Las tácticas que los terroristas usan para causarnos dolor van perdiendo efectividad, pero las tentativas se multiplican.
Ramón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado del PP. EFE/Archivo/Angel DíazRamón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado del PP. EFE/Archivo/Angel Díaz

Ramón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo

Las tácticas que los terroristas usan para causarnos dolor van perdiendo efectividad, pero las tentativas se multiplican.

Y el miedo, aunque preferimos no admitirlo para poder seguir adelante, se deja sentir en los mercadillos de Berlín, las playas del Mediterráneo o las salas de conciertos más populares de Francia y Reino Unido. Los musulmanes gritan “no en nuestro nombre”, pero ya no es suficiente. Los gobiernos combaten el terrorismo con más éxito que fracaso -tal es el caso de España-, a la vez que los políticos lanzamos ambiciosas ideas para prevenir futuros ataques. Aun así, no siempre es suficiente. Se necesita una voluntad real, tanto por parte de los representantes públicos como de la comunidad islámica para poner fin a la barbarie. Y esta voluntad, si quiere dar resultado, debe tener dimensión europea.

Todos coincidimos en que el terrorismo yihadista es un fenómeno transnacional y, por lo tanto, sólo puede combatirse con eficacia a nivel europeo. Sabemos, además, que el enfoque ha de sustentarse en los pilares combinados de la integración, la prevención y la actuación decidida contra los asesinos, consumados y en potencia. Y hoy, como ocurre después de cada ataque, desgraciadamente sabemos una cosa más: que el factor humano sigue pesando a la hora de que un individuo o un grupo se decidan a matar.

Radicalizadores y radicalizados, adoctrinadores y adoctrinados

El factor humano es, de hecho, uno de los elementos a los que investigadores del Real Instituto Elcano han devuelto la atención. Señalando, con acierto, los dos factores que explican la radicalización en España, han puesto de relieve que el proceso se desarrolla cara a cara en la mayoría de los casos, entrando en contacto con agentes radicalizadores, y en menor medida a través de internet. Además, han señalado como segundo factor la existencia de lazos sociales previos con otros individuos radicalizados, tales como combatientes retornados de Siria e Irak o detenidos y condenados por actividades relacionadas con el terrorismo.

Entre los principales agentes de radicalización destacan las figuras religiosas, los amigos y los familiares. Si bien es más difícil penetrar en los vínculos afectivos, desde las administraciones públicas es posible, y urgente, colmar las lagunas que existen en el marco que regula la enseñanza de la fe islámica.

Desde los atentados en Cataluña se escucha con mayor claridad la voz de las propias asociaciones islámicas, que reclaman la elaboración de un censo nacional de imanes y la reglamentación de su proceso formativo. Ambas son tareas que hay que abordar de manera prioritaria. Hacerlo en España es un primer paso, pero lo realmente necesario es trabajar en ello a nivel europeo, logrando unificar criterios y mejorando las redes de transmisión de información. De lo contrario, la historia del falso imán que es prácticamente expulsado de Vilvoorde (Bélgica) y, sin embargo, acogido en Ripoll (España) podría repetirse en cualquier momento.

La primera propuesta es simple: configurar un listado exhaustivo de quienes predican en las mezquitas, especialmente en las de menor tamaño y en los lugares donde, sin estar catalogados, se sigue una religión no normalizada. Luego, ir actualizando dicho listado a nivel europeo conforme vayan produciéndose cambios preocupantes en las pautas de enseñanza o en las relaciones de los líderes religiosos con las diferentes comunidades locales.

La segunda es doble: la formación de los imanes debe tener lugar en territorio europeo y debe serlo tanto en teología como en ciencias sociales y humanísticas. Esto quiere decir que el currículo ha de ser reglado, diseñado en cumplimiento con las normas educativas y religiosas establecidas en la Unión Europea. También, que la actividad profesional que se ejerza una vez completada la etapa formativa debe respetar los principios básicos que regulan la vida pública. En consecuencia, el conocimiento de y el respeto por la lengua, la historia, la cultura y los valores de la sociedad comunitaria deben ser condiciones sine qua non para cualquier individuo que quiera ejercer como imán dentro de la Unión.

Y no menos importante es el factor de la integración cultural. Hasta ahora, en muchos lugares de Europa ha intentado calar, asentarse, un islam (de inspiración económica) saudí, qatarí o marroquí. De aquí en adelante, debemos avanzar hacia un islam europeo, compatible con los valores de los que emanan las normas que rigen en los 28 Estados miembros. Así lo reclaman los propios musulmanes de buena voluntad y así se garantizará la convivencia pacífica en las próximas décadas.

Si el afrodisíaco del yihadismo es la versión salafista del islam, la vacuna contra el radicalismo violento ha de ser su versión más integradora y tolerante. Un joven que esté buscando su identidad religiosa corre el peligro de recurrir a internet -que es precisamente donde DAESH difunde su propaganda de odio- si no la encuentra en los centros de enseñanza o en su familia. Y es precisamente en el seno familiar en el que los niños y jóvenes musulmanes mejor pueden aprender dónde acaba el islam y dónde comienza el extremismo destructivo.

En Europa lleva décadas brotando un cierto islamismo (minoritario, pero con alarmante poder destructivo) que se ha aprovechado de un vacío normativo para derivar, dentro de ciertos grupos, hacia el radicalismo. Es tiempo de abonar el terreno para que cualquier tendencia hacia éste se vea acorralada por un islam pacífico, un islam verdaderamente europeo, y por lo tanto respetuoso con nuestras costumbres, con nuestros valores y con nuestro modelo de vida en libertad.

El propósito del terrorismo de inspiración salafista es enfrentarnos a los miembros musulmanes de nuestra comunidad, y no debe conseguirlo. Al contrario: en lugar de alimentar la fractura social que persigue, responderemos exigiendo a nuestros musulmanes que colaboren con su sociedad, con la sociedad a la que pertenecen, que es la europea. Porque sólo destruyendo el fenómeno desde dentro, y sólo permaneciendo unidos, tanto dentro de nuestras comunidades como en el marco de la Unión Europea, conseguiremos derrotar al yihadismo.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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