Debates electorales: muchos, pero ¿decisivos?

Los debates electorales, con poca tradición en España, se multiplican en esta cita electoral. Pero, ¿es su influencia determinante a la hora de decantar el voto?
Varios operarios trabajan en el plató donde se celebró el debate entre los candidatos del PSOE y el PP a la Presidencia del Gobierno en 2011. EFE/ AVarios operarios trabajan en el plató donde se celebró el debate entre los candidatos del PSOE y el PP a la Presidencia del Gobierno en 2011. EFE/ Archivo/Kote Rodrigo

Carlos Moral

Los debates electorales, con poca tradición en España, se multiplican en esta cita electoral. Pero, ¿es su influencia determinante a la hora de decantar el voto?

Cuando la franja de movilidad de voto y de indecisos es alta” sí que lo son, opina María José Canel, catedrática de la Universidad Complutense de Madrid y experta en Comunicación Política, quien considera que el debate “es la actividad más influyente en una campaña” porque “atrae audiencias masivas, determina la agenda de temas y acuña la imagen de los candidatos”.

En cambio, Carlos Barrera, profesor de Comunicación Electoral de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, cree que no hay una respuesta genérica y “depende mucho del contexto histórico de cada elección”.

Ambos coinciden, sin embargo, en que en una contienda tan reñida como la del 20-D los debates pueden influir en los indecisos.

Al contrario que en pasados comicios, esta vez los debates han proliferado, antes incluso del comienzo de la campaña (4 de diciembre), un fenómeno ligado a la irrupción de dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, con elevadas expectativas de voto y candidatos mediáticos.

Canel cree que en esta ocasión los debates serán decisivos por dos razones: “Primero, porque, según las encuestas, uno de cada dos votantes ha estado cambiando de opción durante los últimos dos años: hay un alto porcentaje tanto de voto móvil como de indecisos. Segundo, porque el votante en España es menos partidista que antaño y, por tanto, juzgará los debates de forma menos prejuiciada”.

Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes de Podemos y Ciudadanos, abrieron el fuego con un encuentro en un bar grabado por el programa Salvados (La Sexta), al que siguió otro en la Universidad Carlos III. El pasado lunes se unió a ellos Pedro Sánchez, líder socialista, en un debate digital organizado por el diario El País al que declinó asistir Mariano Rajoy.

Pendientes quedan un debate organizado por Atresmedia el 7 de diciembre, en el que junto a Sánchez, Rivera e Iglesias estará la vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, y un cara a cara, el 14 de diciembre, entre el líder socialista y Rajoy, único debate en el que participará el presidente del Gobierno.

Canel y Barrera coinciden en que la ausencia de Rajoy del debate del 30 de noviembre no le perjudicó: “Yo me quedé con la sensación de que fue un debate incompleto porque faltaba la voz del PP”, señala Barrera. “Fue un debate entre aspirantes al cetro de Rajoy, y esa es la sensación que transmitieron”, añade.

Fue “inteligente” no acudir porque “es difícil torear a un toro que no está en el ruedo”, indica Canel. “Los debatientes trataron de cobrar a Rajoy el precio de no acudir, pero acabaron con una dinámica coral de golpes entre ellos”.

Una sentencia repetida entre los expertos en comunicación política es que en los debates no se ganan elecciones pero sí pueden perderse. Muchas veces importan más las formas que el propio mensaje, a menudo diluido entre las refriegas dialécticas.

Para debatir bien hay que combinar fondo y forma. Hay, por tanto, que acumular gestión y tener capacidad de escenificación”, asegura Canel. Dos elementos que, en su opinión, ninguno de los candidatos a estas elecciones “reúnen del todo”.

Los debates parecen medirse más “por la beligerancia, la capacidad de imponerse dialécticamente a los rivales o por no cometer fallos innecesarios” y mucho menos “por las propuestas concretas, a menudo tapadas por el ruido que producen las acusaciones que se lanzan unos a otros”, opina Barrera.

No perder las formas, aguantar y saber nadar en el fango se convierten en conductas clave para sobrevivir y aparecer como posible vencedor”, añade.

En España, hasta la fecha, se han celebrado debates entre los principales aspirantes solo en tres de las once elecciones generales (1993, 2008 y 2011).

Los primeros enfrentaron a Felipe González, entonces presidente del Gobierno, y José María Aznar, líder del PP. En 2008 participaron José Luis Rodríguez Zapatero, en el Gobierno, y Mariano Rajoy, en la oposición, y en 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba, líder socialista, y Rajoy, aún en la oposición.

La experta de la Universidad Complutense considera que ninguno de esos debates fue determinante porque “en 1993 y 2008 se equilibraron los efectos del refuerzo al presidente del Gobierno con la consolidación al candidato de la oposición” y en 2011 “reforzaron a los decididos por la oposición”.

Sin embargo, para Barrera, los de 1993 “tuvieron influencia política clara”. El primero, “que Aznar ganó claramente a González, influyó en la percepción de que había nacido una alternativa real al socialismo en el poder, pero González le devolvió la moneda en el segundo”.

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