De la India al Hindustán

El éxito electoral de Narendra Modi sitúa a la India ante el dilema de seguir siendo un país secular o transitar hacia el mítico Hindustán o tierra de los hindúes, en la que esa mayoría religiosa dominaría a las minorías.
Narendra Modi, líder del Bharatiya Janata (BJP en sus siglas en inglés), y nuevo primer ministro de la India durante un mítin electoral el pasado 2Narendra Modi, líder del Bharatiya Janata (BJP en sus siglas en inglés), y nuevo primer ministro de la India durante un mítin electoral el pasado 25 de abril. EFE/Archivo/Raminder Pal Singh

Alberto Masegosa 

Modi se define como “nacionalista hindú” -no “nacionalista indio”-, lo que no despeja si aplicará el programa del hinduismo ideológico, basado en el credo, o proseguirá la tradición de no mezclar los asuntos de fe con los de Estado. 

El modelo secular lo estableció el padre de la nación, Jawaharlal Nehru, y lo ha mantenido su familia, la dinastía Nehru-Gandhi, que al frente del populista Partido del Congreso ha gobernado de manera poco ininterrumpida desde la independencia en 1947. 

Pero la debacle electoral de ese partido devuelve a la actualidad el concepto de Hindustán, cuya aplicación no tiene precedentes en la India moderna y que atribuye más derechos a la comunidad hindú, como originaria del país, que a las importadas, como la islámica. 

No es la primera vez que el hinduista Bharathiya Janata Party (BJP), el partido de Modi, alcanza el poder, que ya ocupó de 1998 a 2004, cuando lideró el primer Ejecutivo en que no estuvo representado el Partido del Congreso y concluyó su mandato.

El moderado Atal Bihari Vajpayee dirigió como primer ministro aquella experiencia de gobierno, durante la que no se convirtieron en realidad los temores de que el BJP utilizase el poder en contra de las minorías, en particular la musulmana, la más numerosa.

En la nueva victoria electoral del BJP ha pesado más, sin embargo, el carisma del candidato que el mensaje del partido. Y el carácter y personalidad de Modi, junto a su formación ideológica y polémico pasado, han resucitado viejos fantasmas.

El candidato del BJP basó la campaña en su buen desempeño como jefe de gobierno del estado de Gujarat, que ha transformado en uno de los más desarrollados del país, pero donde su gestión, según sus críticos, ha estado caracterizada por reflejos autoritarios.

El nuevo hombre fuerte de la India inició su carrera política en el grupo extremista hindú Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), del que formó parte el magnicida Nathuram Godse, que asesinó al Mahatma Gandhi por buscar la concordia entre el hinduismo y el islam.

La presunta implicación de Modi en la matanza de 2002 en Gujarat -donde hay testigos que aseguran que el entonces ya jefe de Gobierno regional permitió la masacre por radicales hindúes de un millar de musulmanes- suscita aún un agrio debate en la opinión pública.

Los precedentes han dado paso a augurios pesimistas sobre el futuro de un país muy diverso y que se enfrenta a la perspectiva de ser gobernado por la versión política de la fe religiosa del 80% de sus 1.300 millones de habitantes, y es su mayor común denominador.

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