Davos o como superar un mundo fracturado

Como cada año, políticos, empresarios y sociedad civil se reunirán en Davos (Suiza) para debatir cómo mejorar la cooperación internacional en temas de interés mundial. Y lo harán bajo el signo de un mundo cada vez más fracturado.
Arancha Gonzalez, subsecretaria general de la ONU y directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC).Arancha Gonzalez, subsecretaria general de la ONU y directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC).

Arancha González, subsecretaria general de la ONU y directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC)

 

Crece la brecha entre el 1 % de la población que concentra cada vez mayor riqueza y el 99 % restante; entre el mundo urbano en constante mutación y un mundo rural que a menudo se queda atrás; entre quienes tienen acceso a la tecnología y a la economía digital y quienes viven con menos de 1 dólar al día. Pero la mayor fractura es la que opone a quienes entienden que la soberanía hoy requiere aislacionismo, cierre de fronteras y unilateralismo frente a quienes piensan que serán más fuertes con una mayor y mejor cooperación internacional. Esta es la grieta que veremos delineada en Davos.

El comercio internacional no escapa a esta grieta. La reciente Conferencia Ministerial de la Organización Mundial (OMC) de Comercio (OMC) en Buenos Aires terminó sin el habitual comunicado conjunto de sus miembros: no todos comparten la necesidad de reforzar el sistema multilateral de comercio.

En las últimas cuatro décadas el comercio ha contribuido a estabilizar la comunidad mundial: ha generado empleos, ha facilitado el desarrollo y la difusión de la tecnología; ha mejorado la productividad y ampliado la oferta para los consumidores; ha sido esencial en el desarrollo de las cadenas de producción en todo el planeta. Lo cierto es que en términos globales nuestras economías nunca han sido más prósperas. Y el sistema multilateral de comercio – la OMC – ha contribuido a ello haciendo de póliza de seguro contra el unilateralismo y la ley del más fuerte.

Sin embargo, el comercio internacional afronta hoy fuertes vientos entre el incremento de tensiones geopolíticas y una retórica cada vez más proteccionista. Pero los riesgos más graves proceden de la exclusión económica y social: tras unas cifras globales positivas se esconden millones de personas que han quedado excluidas de los beneficios de la globalización.

La respuesta no puede ser el cierre de las fronteras y el aislacionismo. Necesitamos mayores y mejores políticas de inclusión. Las desigualdades no son inevitables: son el producto de decisiones y políticas a menudo poco acertadas.

Por ejemplo, sabemos que la inclusión de los mil millones de mujeres que actualmente están desconectadas de nuestras economías supondría inyectar 28 billones de dólares al PIB mundial. Sabemos que las mujeres dedican una gran parte de sus ingresos a educación, sanidad y nutrición, mayor que los hombres. Sabemos también que en América Latina y en el Caribe la participación de las mujeres en el mercado laboral ha ayudado a reducir la pobreza en un 30 % en un plazo de 10 años. Y sin embargo solo uno de cada cinco exportadores es una exportadora. Si reducimos las barreras a la participación de la mujer empresaria en el comercio internacional, contribuiremos a un mayor crecimiento más incluyente.

El progreso económico y la igualdad de género van de la mano. ¿Por qué, entonces, no hemos invertido más recursos en impulsar este motor de la economía global? En Buenos Aires se dio un paso adelante con la adopción de la Declaración de Buenos Aires sobre Mujeres y Comercio Internacional. En Davos, junto con el Presidente de UPS, convocaremos a empresarios y gobiernos con el fin de impulsar medidas que favorezcan la participación de más empresarias en el comercio internacional.

Lo mismo puede decirse de las PYMES: en cualquier país representan más del 90 % de las empresas y emplean a más del 70 % de los trabajadores pero su contribución a la riqueza nacional es escasa y su participación en el comercio internacional esporádica.

Políticas que ayuden a mejorar la competitividad internacional de las PYMES redundarán en mejores salarios y mejores condiciones laborales, y contribuirán a reducir la desigualdad. Del análisis llevado a cabo por el Centro de Comercio Internacional (ITC) sobre acuerdos comerciales firmado por más de 150 países se desprende que, cuanto más completos sean éstos, más ayudarán a reducir la brecha entre la competitividad de las grandes empresas y las PYMES facilitando su conexión a las cadenas de valor. Esto significa que lo que importa es el tipo de políticas comerciales que se adopte.

La Cuarta Revolución Industrial y los avances tecnológicos han abierto grandes oportunidades a la participación de las PYMES en la economía mundial a través del comercio electrónico, que representa hoy más del 13 % del comercio mundial. Pero tendremos que asegurarnos de que estas oportunidades se conviertan en realidad, para lo cual es importante fomentar un debate abierto y constructivo sobre comercio electrónico en la OMC. Debemos evitar que la economía digital repita las exclusiones de la economía del siglo XX.

Necesitamos una mayor cooperación internacional y políticas nacionales de inclusión. En nuestras manos está mantener la legitimidad de una globalización para beneficio de todos.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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