Dadaístas y surrealistas se despiden de Madrid

Tras haber desfilado por el Palacio de Gaviria de Madrid miles de visitantes desde su inauguración el pasado 10 de abril, la exposición “Duchamp, Magritte, Dalí. Revolucionarios del siglo XX”, prorroga su clausura -prevista para el 15 de julio-, hasta el 29 de julio. Son los últimos días para conocer y disfrutar de las obras de los grandes creadores del dadaísmo y surrealismo del Museo de Israel de Jerusalén, que por primera vez han viajado a Madrid.
  • Foto del interior del Palacio Gaviria de Madrid, con la exposición 'Dadaistas y Surrealistas, revolucionarios del siglo XX.'Foto del interior del Palacio Gaviria de Madrid, con la exposición "Dadaistas y Surrealistas, revolucionarios del siglo XX."
  • El invitado especial de la muestra, la instalación surrealista más famosa: "Retrato de Mae West convertido en un apartamento surrealista” (1934-35), de Salvador Dalí. (Foto del Palacio Gaviria)
  • Foto del interior del Palacio Gaviria de Madrid, con la exposición 'Dadaistas y Surrealistas, revolucionarios del siglo XX.'

+++ En total 180 obras de dos vanguardias históricas procedentes del Museo de Arte Moderno de Israel, una de las colecciones más completas del movimiento dadaísta y surrealista, Duchamp, Magritte, Dalí, Ernst, Man Ray, Arp, Picabia, o Tanguy y otros muchos, de un periodo de extraordinaria creatividad.

+++  Ante la crisis que supuso el estallido de la Primera Guerra Mundial, ambas corrientes -dadaísmo, primero, y surrealismo, después- se sublevan contra una sociedad, unos valores, un mundo,  que no supieron evitar el horror de la guerra.

+++ “Pero si los dadaístas lo hicieron desde la rebeldía, desde la provocación, desde la negación de todo, un poco después, los surrealistas dan un paso más allá y proponen algo nuevo, inventan un lenguaje artístico propio y renovado. Eso es lo verdaderamente revolucionario”, nos resume la doctora Adina Kamien Kazhdan del Museo de Arte Moderno de Jerusalén

 

 Por Amalia González Manjavacas.- 

 

A Duchamp, Magritte y Dalí –autores que dan título a la exposición-, se le suman otros como Picabia, Max Ernst, Tanguy, Man Ray, Calder o Janco, en una muestra que reúne obras tan destacadas como ‘El castillo de los Pirineos’ (1959), una gigantesca roca ingrávida en mitad del océano, que traslada un pequeño castillo, y con la que su autor, el surrealista belga René Magritte, incita  a reflexionar sobre eso que llamamos “imposible”.

A su lado, el conocido retrato de Dalí, en blanco y negro, posando como si fuera la Gioconda leonardina, pero en la versión que hizo Duchamp en 1919, quien se atrevió a dibujar un bigote y una perilla  sobre el bello rostro renacentista, toda una declaración de intenciones del movimiento dadaísta: “el ideal de belleza clásico ha muerto”.

Pero el invitado especial de la muestra es sin duda la reproducción de una de las instalaciones surrealistas más famosa, el “Retrato de Mae West convertido en un apartamento surrealista” (1934-35), de Salvador Dalí, una habitación montada -al igual que toda la muestra- por el arquitecto Oscar Tusquets, amigo y colaborador de Dalí, que ya la preparó para el Museo de Figueras en 1975. Sin embargo, en esta ocasión se incorpora alguno nuevo que no fue viable entonces: “poner una cámara que filmara el espacio, ya era la idea original de Dalí”, pero en aquellos años, en los setenta, no se pudo poner por tratarse de un museo.

Además, por primera vez  el visitante puede entrar en la estancia, en la obra en sí, es decir , formar parte de la obra e inmortalizar el momento, tomándose una foto sentado sobre los labios de la diva, gracias a un espejo situado justo en frente que recoge todo el conjunto.

 

Dos corrientes rupturistas

 

Dadaísmo y Surrealismo fueron los movimientos ideológicos e intelectuales más transgresores de la primera mitad del siglo XX, que en el plano artístico rompieron con la tradición artística anterior, a través de todo lo que tuvieron a su alcance, y protagonizaron toda una rebelión primero (Dadaísmo) y toda una revolución artística después (Surrealismo) con respecto de los valores establecidos, y no sólo los estéticos, como explica la comisaria de la muestra, Adina Kaminen.

Dada y Surrealismo supusieron un desafío ante la tradición, introduciendo los materiales y las estrategias visuales que transformarían el vocabulario del arte. Ambas se expresan a través del uso de materiales distintos e instalaciones visuales, que traspasaron fronteras y redefinieron las formas de ver, de percibir el mundo”.

El dadaísmo, que se valió del desarrollo tecnológico que había irrumpido en la radio, el cine, en la fabricación industrial, o en la prensa ilustrada, lo conformaron un grupo de artistas tan diversos como Duchamp, Picabia, Max Ernst, Arp, Marcel Janco, o Man Ray, que se sumergieron en el movimiento surrealista, a partir de su nacimiento, en 1925, muerto ya el suyo.

El mismo poeta y teórico, André Breton, precursor, líder y gran pensador del movimiento surrealismo que también participó en el movimiento dadaísta, ya dijo que los ready-mades de Duchamp, presagiaban los objetos surrealistas.

 

De la rebelión Dadaísta a la revolución Surrealista

“Para comprender como nació Dada es necesario imaginarse el estado de ánimo de un grupo de jóvenes en aquella especie de prisión que era Suiza, durante la Primera Guerra Mundial. Entre 1916-17 la guerra parecía que no iba a terminar nunca”, explicaba Tristan Tzara, poeta rumano y uno de los fundadores del movimiento antiarte, en una entrevista realizada tiempo después.

El Dadaísmo, el movimiento más subversivo de la historia del arte y las letras nació en Suiza en febrero de 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich, como un movimiento cultural, que tras saltar a Alemania y Francia, se expande a Estados Unidos.

Los dadaistas protestan con furia contra el orden establecido, en especial contra la moral y la estética consagrada, negándolo todo, hasta la razón, llegando a un nihilismo extremo.  Detestan la sociedad burguesa, sus tradiciones, costumbres… y como no, también su  arte. Querían dar a entender que todo aquello habían perdido su razón de ser por la acción de la catástrofe de la guerra.

Dada cuestiona todo, fruto del desencanto de la Gran Guerra, un profundo malestar que se mueve entre el disgusto y la rebelión: “La rebelión asumía modos en lo que lo grotesco y lo absurdo superaban los valores estéticos” decía Tzara.

Dadá es antiartísco, antiliterario y antipoético, está contra la eternidad de los principios, y por supuesto, contra el ideal de belleza eterna.  Y es que en Dadá la obra no importa en sí misma, es solo un pretexto, una crítica a todos los elementos sobre los que se sustenta unos valores que están en crisis.

No vamos pues a encontrar valores estéticos o formales en ella, su finalidad es solo rechazar los valores de la sociedad de la época. Como nos explica la comisaria, “Dada no es una tendencia artística-literaria sino un acto extremo del antidogmatismo. A los dadaístas les interesa más la acción, el gesto, la provocación, que la obra en si”, y para ello propugna la espontaneidad, lo inmediato, la contradicción, la anarquía, la negación de todo, hasta de ellos mismos: “Dada no es nada”.

Frente a este nihilismo anárquico de los dadaístas, esta actitud de rebelión constante, el movimiento surrealista da un paso más: buscar soluciones. “Ese fue su empeño, la voluntad de superar esa actitud de eterna protesta dadaísta, para crear, para inventar, un nuevo lenguaje. Esa fue la verdadera postura revolucionaria“, nos resume la comisaria.

El Surrealismo aparece en Francia en 1925, precisamente de ese caudal desbordado e incontrolado que supuso el dadaísmo, a lo que se sumó las influencias de las nuevas teorías del pensamiento, el psicoanálisis de Freud, sobre el sueño y el subconsciente, y las sociales y políticas de Marx.

Ante esto, los surrealistas se plantean un nuevo problema: la idea de libertad, algo para ellos crucial, cómo compaginar “libertad individual y libertad social”. Entre esos dos polos se moverán los surrealistas desde su nacimiento, un año después de la publicación del primer Manifiesto Surrealista (1924) de Bretón.

EFE

Publicado en: Reportajes

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