A cuarenta años del “ataque al corazón del Estado” italiano

La del 16 de marzo de 1978 es una fecha que marcó para siempre el futuro de la República Italiana. Esa mañana de hace cuarenta años, las Brigadas Rojas llevaron a cabo el "ataque al corazón del Estado", la acción más atrevida de entre todas las que cometieron a lo largo de sus casi veinte años de actividad terrorista.
El profesor Mateo Re,.El profesor Mateo Re,.

Mateo Re, escritor, profesor de la Universidad Juan Carlos I y experto en asuntos italianos y de terrorismo

 

Los militantes de esa organización armada, de orientación marxista-leninista nacida en 1970, llevaban tiempo esgrimiendo en sus comunicados la necesidad de intensificar la magnitud de sus ataques. A empresarios, periodistas, policías, jueces y políticos de segundo nivel había llegado el momento de sumar una personalidad más notoria.

El cinco veces primer ministro, y para aquel entonces presidente de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, se iba a dirigir esa mañana al Parlamento para presenciar la formación del nuevo gobierno presidido por su compañero de partido, Giulio Andreotti. Según las previsiones, los comunistas iban a votar por primera vez a favor de un ejecutivo democristiano.

Estaba a punto de sellarse un acuerdo histórico entre los eternos rivales. Enrico Berlinguer, el líder comunista, y el propio Aldo Moro habían negociado durante meses la puesta en marcha del denominado “compromiso histórico”, un acercamiento institucional entre los dos partidos que, conjuntamente, representaban a las tres cuartas partes del electorado nacional.

Sin embargo, esa mañana no todo el mundo estaba seguro de que ese acuerdo se llegaría a sellar. Los comunistas habían levantado algunas dudas sobre los nuevos ministros propuestos por Andreotti. La principal discrepancia residía en que el nuevo ejecutivo, en realidad, de novedoso tenía muy poco. Por lo tanto, el día de la votación se presentaba incierto.

Por un lado, el Partido Comunista Italiano no descartaba volver a la abstención o votar en contra, eso dependía del discurso que iba a pronunciar Andreotti; por otra parte, Benigno Zaccagnini, secretario general de la Democracia Cristiana, iba a esperar el resultado de la votación para decidir si seguir o no al frente del partido. Muchas cosas podían cambiar en cuestión de horas.

Poco antes de las nueve de la mañana, dos coches salieron del domicilio de Aldo Moro. En el primero iban los agentes Domenico Ricci y Oreste Leonardi y, en el asiento de atrás, el estadista. En el segundo vehículo estaban otros tres agentes: Francesco Zizzi, Giulio Rivera y Raffaele Iozzino.

Cuando pararon en el cruce entre la calle Fani y la calle Stresa, una lluvia de balas (se llegaron a encontrar hasta 93 casquillos) aniquiló a los cinco agentes. Aldo Moro, incólume a pesar de encontrarse en medio del tiroteo, fue sacado del coche e introducido en otro vehículo que desapareció en el trafico romano.

Nada más conocerse la noticia, el Parlamento reaccionó de la manera opuesta a la esperada por las Brigadas Rojas: los diputados votaron en bloque la confianza a Andreotti y el nuevo gobierno se activó para gestionar la crisis. La mayoría de las fuerzas políticas respondieron a los terroristas anclándose en una estrategia de firmeza, que descartaba cualquier claudicación frente a los chantajes que llegaban del lugar donde las Brigadas Rojas retenían al rehén.

Los 54 días que siguieron se caracterizaron por momentos de esperanza, angustia e intriga. El desenlace final no pudo ser más trágico. El 9 de mayo, las Brigadas Rojas le comunicaron a Aldo Moro que le iban a liberar. Le ordenaron que se tumbara en el maletero de un coche, le taparon con una manta y, lejos de cumplir con su promesa, le dispararon.

Acto seguido condujeron el vehículo hasta el centro de Roma y lo aparcaron en una calle a medio camino entre las sedes de la Democracia Cristiana y del Partido Comunista Italiano. Esa acción criminal, seguida por ese extremo e insultante desafío, se llevó a la tumba a uno de los estadistas más preparados y reformistas de Italia y puso punto final al “compromiso histórico”.
NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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