Crisis en Venezuela, no diálogo con el ELN y amenazas de intervención externa

En el marco del 73º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, el mundo ha visto desfilar a la mayoría de los Jefes de Estado y representantes de los Gobiernos de los países, miembros del más grande organismo multilateral, para levantar sus voces ante el mundo sobre lo que consideran son los aspectos más acuciantes para sus gentes, como también los logros de sus ejecutorias durante sus respectivos gobiernos.

Fotografia del 26 de agosto de 2013 del exguerrillero del Ejercito de Liberación Nacional (ELN) Carlos Arturo Velandia, alias Felipe Torres, durante Fotografia del 26 de agosto de 2013 del exguerrillero del Ejercito de Liberación Nacional (ELN) Carlos Arturo Velandia, alias Felipe Torres, durante una entrevista con Efe en Bogotá (Colombia). EFE/Archivo/MAURICIO DUEÑAS

 

Carlos Arturo Velandia, gestor de paz para los diálogos del fin del conflicto en Colombia y ex guerrillero del ELN

 

A medida que discurren los discursos van saliendo sin orden ni concierto los temas que a cada quien preocupa o que cada Jefe de Estado quiere destacar, así, la economía, el comercio, la producción de alimentos, las migraciones, el cambio climático, la producción de recursos energéticos, los derechos humanos, los contenciosos fronterizos, el narcotráfico, el crimen transnacional, el desarrollo, la integración, el futuro; temas todos que hacen parte de las agendas globales, pero que solo algunos de ellos llegan a ser tratados con mayor interés que otros, ya sea por ser el más común o porque corresponda al interés de los Jefes de Estado de las grandes potencias.

En esta ocasión la presencia pintoresca del presidente Donald Trump ha atraído a atención de la gran prensa mundial, destacando con ello lo que dice en mayor medida frente a lo que dicen los demás discursantes. Así el tema Venezuela ha sido puesto en la vitrina mundial, no para buscar una salida amistosa a los problemas que vive esa nación, sino para justificar lo que cada quien cree que se debe hacer en ese rincón del mundo, pasando por encima de conceptos como soberanía, y autodeterminación de los pueblos.

Distintos Jefes de Estado del continente americano, han dejado saber que parte de la solución a la crisis política, económica y social pasa por el derrocamiento del gobierno del presidente Nicolás Maduro, principalmente como resultado de la acción de los mismos venezolanos, pero sin descartar la intervención militar externa como muestra de la presión política y la acción del “mundo civilista y democrático”, para restaurar la democracia, la economía y el bienestar.

El Gobierno colombiano, en abierta confrontación política y diplomática con el gobierno venezolano, ha permitido que destacados funcionarios deslicen en el ambiente la posibilidad de una intervención militar extranjera en Venezuela, obviamente no detallan quien o quienes deberán hacer esa intervención, pero si han sido claros en auparla y darle soporte político y justificación; olvidando que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella, olvidando deliberadamente lo que ha costado a los colombianos intentar superar nuestro propio conflicto armado interno.

En las últimas semanas ha sido común y corriente que los medios de prensa corporativa destaquen importantes espacios para crear en el imaginario colectivo, la noción de que la única salida para Venezuela está en el derrocamiento del gobierno del presidente Nicolás Maduro, ya fuese por la vía de la fractura del bloque de poder, o por la intervención militar extranjera.

Pero cualquiera sea la vía para ese propósito, de llegar a producirse, tendrá unos efectos nefastos para Colombia y la región, toda vez que en Colombia aún no se ha cerrado el conflicto armado y se está en la fase de implementación de los Acuerdos de Paz, alcanzados entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP; y se pasa por un momento de “diálogo en suspenso” con el ELN; es decir, en un estado en el que la paz aún hace esfuerzos por nacer y la guerra se resiste a morir.

Frente a la hipotética ocurrencia del derrocamiento del gobierno del presidente Maduro, si es por la vía de la fractura del bloque de poder, habrá una confrontación abierta por parte de las distintas facciones en disputa por el poder, que podrá adquirir la forma de guerra civil, en la que sin lugar a dudas el ELN de Colombia, cuya fuerza mayoritaria, en un 70%, está sobre la frontera y la transfrontera, producto de una presencia sostenida de más de 40 años, será absorbida por ese estallido para ponerse del lado de la facción que defienda la vertiente histórica de la “Revolución Bolivariana” o del “Chavismo” puro.

Ahora bien, si la vía para defenestrar a Maduro fuese la acción militar extranjera, con mayor razón las fuerzas insurgentes del ELN se pondrán bajo las órdenes de la defensa de la revolución bolivariana y del país, e incluso estarían dispuestas a combatir a las fuerzas militares colombianas, si fueran estas las que estuvieran comprometidas en esa intervención.

Como sea que fuere, se está creando el ambiente para la tormenta perfecta, que solo podrá desactivarse con un sacudón de racionalidad, para bajar la temperatura a las cabezas calenturientas y conminarlas a la contención y a la instalación de escenarios apropiados para el tratamiento eminentemente político-diplomático, para el caso de Venezuela y del diálogo y la negociación para el caso del ELN en Colombia.

Para ambos casos procede la presión positiva, ejercida más por los amigos que por las contrapartes, entendida como el conjunto de iniciativas y acciones no violentas, para la obtención del propósito de la superación de la crisis preservando la soberanía de los Estrados y la autodeterminación de los pueblos, al igual que promoviendo el diálogo como la vía expedita para la concertación, el avenimiento y el acuerdo, para la construcción de paz estable y duradera en Venezuela, en Colombia y la región.
NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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