Convergència se reformula en un nuevo partido

Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) se refundará en un congreso en el que intentará conciliar su tradición nacionalista con una reformulación política más alejada del independentismo, pero con la incógnita de saber quien pilotará la nueva etapa. El 23 de julio, la organización votará a su nueva cúpula dirigente.
El presidente de la Generalitat de Cataluña y líder de CDC, Artur Mas. ARCHIVO/EFE/Toni GarrigaEl presidente de la Generalitat de Cataluña y líder de CDC, Artur Mas. ARCHIVO/EFE/Toni Garriga

 

José Antonio González

 

Convergència celebra entre el 8 y el 10 de julio su convención para reconstituirse como partido y reactualizar sus bases ideológicas. La asamblea definirá el nuevo ideario del partido desde un punto de vista nacional, económico y social así como ético; y con el firme propósito de liderar la política catalana.
La confluencia de corrientes ideológicas en Convergència marcará la agenda política del congreso, donde junto al ala tradicionalista y nacional, estará la apuesta por un nacionalismo no independentista, aunque sigue teniendo fuerza el sector favorable al independentismo.
Unos y otros prefieren optar por el consenso para evitar la fricción de las distintas sensibilidades. Por lo pronto, el expresidente de la Generalitat Artur Mas parece ser el mejor posicionado para pilotar la nave convergente y ha anunciado que aspira a presidir el nuevo partido. Además, su apuesta es formar equipo con una mujer que ocuparía el segundo puesto de la formación. Para ese cargo piensa en la actual consellera de la Presidencia, Neus Munté.
Pero ello dependerá del régimen de incompatibilidades entre cargos institucionales y orgánicos que se apruebe por votación de los militantes. Es por esta razón por la que, si no hay cambios, el actual presidente del Gobierno catalán, Carles Puigdemont, no formará parte de la ejecutiva de la naciente Convergència.
La apuesta dual diseñada por Mas pretende ejercer de puente entre la experiencia y la nueva etapa, además de “feminizar y rejuvenecer” el partido, algo de lo que tradicionalmente ha carecido. Lo que parece claro es que la nueva formación “será un buen hijo de Convergència”, en palabras de Artur Mas.
La actual portavoz de CDC, Marta Pascal, será otra de las cabezas visibles del congreso fundacional, al igual que la alcaldesa de Sant Cugat del Vallès y presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa. Ambas abanderan una idea progresista y moderna para el naciente partido respecto a la tradicionalista y localista CDC. Además, abogan por ser más transversales para ampliar el espectro sociológico.
La fórmula presidencial como la dirección ejecutiva -que previsiblemente tendrá una docena de miembros, con o sin la figura de un secretario general- se escogerán, por separado, en otra cita el 23 de julio, con las candidaturas definidas que haya para ambos casos.
A falta de votar el nuevo nombre -aunque muchos militantes simpatizan con la palabra Convergència por el énfasis conciliador que suscita-, lo que sí está claro es que este congreso de la refundación supondrá la liquidación de un partido que ha dominado la política catalana en democracia.
En mayo pasado, las bases votaron en una consulta interna (67 por ciento de los votos) por la constitución del nuevo partido. Los casos de corrupción de la familia de Jordi Pujol, promotor del catalanismo conservador, habían dejada prácticamente calcinada la denominación CDC.
Al mismo tiempo, la apuesta soberanista e independentista de Artur Mas dejó políticamente tocado a un partido que había venido apostando por una oferta conservadora, moderada y nacionalista y que lo convirtió en vértice de la política catalana y puntual actor determinante de la política española. EFE

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