Confianza económica triangular para 2013-2015

Como señalan los economistas que analizan las relaciones entre democracia y mercado (Adam Przeworski, entre otros), las reformas liberalizadoras reducen de modo transitorio el consumo agregado y crean condiciones de equilibrio entre oferta y demanda.
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Antonio Nogueira

No obstante, tales reformas tienen un coste social importante, pues de entrada perjudican a amplios grupos sociales, poniendo en peligro la dinámica política que condujo a ellas. Lo que se ha evidenciado empíricamente es que los ciudadanos aceptan los ajustes que una estabilización supone – como ha sido el ejemplo de España en el último bienio-  si prevén un futuro personal más prometedor tras la severidad del “tratamiento de choque”.

Uno de los factores esenciales en este tipo de procesos es la velocidad con que se acometen los cambios. Si bien un enfoque gradual causa menos tensiones, un largo periodo de reformas poco significativas implica que tanto reformadores como ciudadanos se cansen de éstas ante la ausencia de mejoras importantes.

En 2011-2013 el Gobierno español mantiene un  balance económico desigual. En ese periodo el desempleo ha crecido en 631.000 personas, disminuyendo los 17,8 millones de trabajadores que había hace dos años. La tasa negativa de crecimiento interanual es del 1,2%.

La deuda pública roza el 94% del PIB, hasta llegar a los 954.000 millones de euros. Además, se incumplieron las promesas de bajadas en impuestos como IRPF, IVA y Sociedades.

En España se necesita una «triangulación de confianza», entre ciudadanos, economistas y políticos, pues los partidarios del ajuste están convencidos de la mínima tolerancia al esfuerzo por parte de la ciudadanía y sus dirigentes.

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