Colombia: Santos dobla su apuesta por la paz

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dobló el miércoles su apuesta por la paz, donde se juega todo su capital político, con el anuncio del inicio de negociaciones con la guerrilla del ELN en momentos en que su imagen está en su punto más bajo.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. EFE/ArchivoEl presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. EFE/Archivo

Cynthia de Benito 

Con fama de tener la habilidad de un jugador de póquer, el presidente volvió a sorprender al abrir un proceso con el ELN en un momento ciertamente delicado para su Gobierno.

Por un lado, los diálogos que el Ejecutivo desarrolla con las FARC, que no concluyeron el 23 de marzo, como estaba previsto, atraviesan una crisis que acentúa el escepticismo de varios sectores del país, a lo que se unen varias tormentas políticas.

Entre ellas, destacan la caída de los ingresos por la crisis del mercado petrolero, el aumento de la inflación y el desempleo, escándalos en instituciones como la Policía y la sequía causada por el fenómeno de El Niño, que amenaza con desembocar en una racionamiento energético la semana que viene.

Como resultado, Santos obtuvo a mediados del mes de marzo la peor valoración ciudadana desde que llegó al poder en 2010: solo tres de cada diez colombianos tienen una imagen favorable de él.

Y ahora, en mitad de la tormenta, el presidente recupera la antorcha de la paz nada menos que con la segunda guerrilla de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con la que, en caso de prosperar los diálogos, y firmar también un acuerdo con las FARC, el fin del conflicto armado será completo.

“Los procesos con las FARC y el ELN son distintos pero el fin del conflicto es solo uno”, subrayó el miércoles Santos en una declaración en la Casa de Nariño, sede del Ejecutivo.

Muchos analistas habían advertido en los últimos tiempos de que una firma con las FARC no garantizaría una paz total en el país toda vez que el ELN podría ocupar su lugar no solo desde el punto de vista territorial sino mediante la incorporación de guerrilleros disidentes.

De firmar la paz con ambas, Santos triunfaría por partida doble, pues además de conseguir la desmovilización de los 7.000 combatientes de las FARC y los 1.500 del ELN, o al menos de la mayoría de ellos, no quedaría en la izquierda quien ocupe el lugar que dejen, ya que el reducto del Ejército Popular de Liberación (EPL), cuyo grueso dejó las armas hace 25 años, es demasiado pequeño.

No obstante, aún permanecerían en armas las bandas criminales de origen paramilitar, si bien el Gobierno no las considera actores del conflicto armado.

Por lo tanto, la paz con las FARC y el ELN implicaría la desaparición de las guerrillas colombianas, nacidas hace más de medio siglo, y, para el Ejecutivo, el fin de la contienda.

Pero eso se antoja casi tan complicado como conseguir en la primera ronda del póquer una escalera de color, en primer lugar porque los diálogos con el ELN anunciados en Caracas carecen de fecha.

En su declaración en la Casa de Nariño, minutos después de que en la capital venezolana se anunciara la agenda de diálogos, Santos apuntó que las negociaciones se iniciarán una vez se resuelvan unos “temas humanitarios”, entre ellos el fin del secuestro.

“Para el Gobierno no es aceptable avanzar en una conversación de paz con el ELN mientras mantenga personas secuestradas”, manifestó.

Pero no hay certeza sobre cuántos cautivos tiene la guerrilla, que en el mes de marzo liberó a un militar y un funcionario público que mantenía secuestrados en diferentes regiones del país, si bien familias han denunciado que seres queridos están en poder del grupo armado.

Con todo, el anuncio ha vuelto a insuflar optimismo a la sociedad colombiana, esperanzada en que los diálogos, cuando se inicien, traigan consigo una reducción de la violencia como la experimentada con el avance del proceso con las FARC, que comenzó hace tres años y medio en La Habana. EFE