COLOMBIA: ¿Infinity War?

El estreno de la multimillonaria película estadounidense "AVENGERS: INFINITY WAR", ha sido un hito económico y cinematográfico para el mundo del cine. No solo por sus ganancias exorbitantes en tan solo semanas, sino por el portal de posibilidades y franquicias que este monstruoso oligopolio llamado "MARVEL STUDIOS" ha construido.
Carlos A. Guevara J., coordinador del Programa Somos Defensores-Colombia.Carlos A. Guevara J., coordinador del Programa Somos Defensores-Colombia.

Carlos A. Guevara J., coordinador del Programa Somos Defensores-Colombia, documentalista y experto en Comunicación Política

 

Pero el título de esta película, que habla de la extinción de la mitad de habitantes del universo, nos permite la licencia literaria de compararlo con la preocupante situación por la que atraviesa el país del más reciente Nobel de Paz y a su vez nos ofrece una temible pregunta: ¿Colombia está acaso condenada a una guerra infinita? Veamos los hechos.

El acuerdo de paz con la guerrilla más antigua del continente americano (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC) lleva poco más de un año y su proceso de implementación ha sido tardío, tortuoso y en la gran mayoría de los territorios, ineficaz. Sin embargo, este “silencio de los fusiles” ha permitido bajar las tasas de homicidios y violencia generalizada, producto de ese conflicto, a niveles nunca antes vistos en la historia reciente del país.

Pero desafortunadamente, y en contraste con este avance, más del 60 % de los guerrilleros que deberían estar en las zonas de concentración luego de la entrega de armas se han ido de esas zonas y se desconoce su paradero, que en el peor de los casos es la reintegración a la guerra vinculándose a otras guerrillas como el ELN, a grupos de narcotraficantes y paramilitares, como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, o conformando agrupaciones disidentes de las FARC, como el Frente Oliver Sinisterra, liderado por alias “Guacho”, quienes acabaron con la vida de tres periodistas ecuatorianos en una zona de frontera con Colombia. A propósito, estos grupos están enfrascados en una confrontación a sangre y fuego por conquistar los territorios dejados por las FARC.

Esta desbandada de exguerrilleros se debe al estructural incumplimiento del Gobierno de Juan Manuel Santos en la implementación de los acuerdos en puntos tan delicados como las garantías de seguridad física y jurídica que, a raíz del escándalo generado con la captura de Jesus Santrich (exjefe negociador de las FARC), acusado de conspiración por narcotráfico, hacen que la zozobra entre los excombatientes se acreciente.

Y esta falta de garantías no solo se concentra entre la población exguerrillera sino que se ha enquistado específicamente en los defensores de los Derechos Humanos, líderes sociales y sus organizaciones (personajes clave en la implementación de la paz).

Entre finales de 2016 y marzo de 2018 (periodo de implementación del acuerdo) han sido asesinados más de 280 activistas, según fuentes como las Naciones Unidas, la Defensoría del Pueblo de Colombia y el Programa Somos Defensores.

Pese a ello, a la fecha no hay avances significativos en su protección, ni en prevenir asesinatos, ni en encontrar a los responsables de estos delitos, lo que se traduce en un 80 % de impunidad en las investigaciones de estos casos.

De hecho, en el más reciente Examen Periódico Universal de las Naciones Unidas a Colombia en temas de DD.HH., éste es uno de los puntos negros del Gobierno de este país debido a la alta tasa de asesinatos y los mínimos avances en la protección de estos activistas.

Este escenario de reconfiguración de los actores armados, la violencia focalizada contra líderes sociales y las serias dificultades en la implementación del acuerdo -por profundos problemas de corrupción con los recursos internacionales entregados para el postconflicto-, contrasta con las más decisivas y reñidas elecciones presidenciales de las últimas décadas en Colombia.

El país debate su futuro en medio de una campaña electoral atestada de polarización, mensajes de odio de la izquierda y la derecha y un mensaje político estructurado sobre el miedo a caer en modelos políticos como el de Venezuela o volver a las épocas del paramilitarismo de extrema derecha controlado por el narcotráfico y los intereses transnacionales; con el agravante que el recién creado partido FARC no ha podido mantener su candidatura presidencial por falta de garantías de seguridad.

Solo como anécdota, ninguno de los candidatos cuenta con una salida efectiva en sus propuestas a los desbaratados acuerdos de paz que aún no se implementan, ni a la desmedida violencia contra los líderes sociales.

La carrera por la Presidencia de Colombia hoy es una lucha no solo de maquinarias políticas y abultados presupuestos de campaña, sino de ideologías, algo que pareciera fuera de contexto en un mundo en el que la izquierda y la derecha se desdibujan en modelos de Estado dispuestos a todo por producir riqueza por encima de cualquier ideal político refrito.

En Colombia se sigue haciendo política con las viejas ideas de la Guerra Fría y la actual elección presidencial juega con los sentimientos y los miedos sembrados hace más de 30 años. Ni los vengadores de Hollywood podrían vencer los temores mediáticos que enfrentan hoy los electores en Colombia.

Al igual que en la película de Marvel Studios, Colombia ya no requiere héroes, vengadores, ni caudillos que salven el país (de hecho muchos han llegado al poder con este discurso); lo que requiere es información veraz y propuestas audaces que unan al país en torno a la posibilidad de salir de 50 años de guerra, sin impunidad sobre quienes mataron durante décadas, pero sin perder de vista que la guerra que parecía infinita por fin está retrocediendo.

La ciudadanía tendrá la última palabra el 27 de mayo en las urnas.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.