Claves sobre el “Orden Mundial” de Henry Kissinger

En el otoño de 1972, el presidente Nixon se encontraba justo en la recta final para culminar su ambición de lograr un segundo mandato en la Casa Blanca.
Washington (Estados Unidos).25.05.2010.- El ex secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger. EFE/Archivo/MICHAEL REYNOLDS
Washington (Estados Unidos).25.05.2010.- El ex secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger. EFE/Archivo/MICHAEL REYNOLDS

Jesús R. Martín 

Restaba importancia a ese “robo de tercera” en el edificio Watergate y presumía de sus éxitos al haber logrado romper la inercia de la Guerra Fría con China y Rusia. Méritos a los que Henry Kissinger, su gurú para la arena internacional, se empeño en añadir una tentativa solución para la guerra de Vietnam antes de la cita electoral de noviembre.
El 8 de octubre de 1972, un soleado domingo de otoño en París, Kissinger y el comunista Le Duc Tho volvieron a sentarse en una nueva ronda de negociaciones. Para romper el hielo, se pusieron a hablar del hipódromo de Auteuil, situado en el Bois de Boulogne y con la particularidad de que una parte de su trazado se encuentra cubierto por árboles.
Según comentó Kissinger para ganarse a su interlocutor, precisamente en ese tramo oculto a la vista del público es “donde los jinetes deciden quién ganará”.
Más de cuatro décadas después y descrito por sus admiradores como un león en un prolongado invierno, Henry Kissinger sigue buscando complicidad para racionalizar sus aportaciones tanto como intelectual de la diplomacia americana como practicante, en su calidad de asesor de seguridad nacional y secretario de Estado en la Administración Nixon.
“World order” reúne las reflexiones del nonagenario autor sobre el carácter de las naciones, el curso de la historia y sus creencias en la Realpolitik que empezó a fraguar en Harvard con su tesis doctoral de 1957 sobre Metternich, Castlereagh y la restauración de la paz tras las guerras napoleónicas.
En las páginas de “World Order” no hay ni choque entre civilizaciones ni un triunfante final de la historia en virtud de la democracia liberal y la economía de mercado.
Se trata más bien de una exposición razonada de sus obsesiones: la búsqueda de un equilibrado orden internacional y la escuela de pensamiento diplomática realista, que evita mezclar política exterior con valores morales.

1.- La Paz de Westfalia, por supuesto
.- El modelo de orden que Henry Kissinger considera como arquetipo no es otro que la Paz de Westfalia, negociada en Europa al final de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).
A su juicio, las condiciones en el Viejo Continente en mitad del siglo XVII se asemejaban llamativamente a las del mundo actual: “Una multiplicidad de unidades políticas, ninguna tan poderosa como para derrotar a todas las demás, muchas pegadas a filosofías contradictorias y prácticas internas, en búsqueda de normas neutrales para regular su conducta y mitigar conflictos”.
Completamente agotados y endurecidos por la batalla de una pionera “guerra total”, las partes representadas en la Paz de Westfalia abandonaron sigilosamente viejas formas jerárquicas al uso. Hasta el punto de que, en su búsqueda de una absoluta igualdad, se pusieron de acuerdo para acceder a la sede de negociación a través cada uno de su propia puerta, obligando a la construcción de múltiples entradas.
De los principios adoptados en Westfalia, el más relevante sería consagrar al Estado -no los imperios, dinastías o religiones- como el “bloque constructor del orden europeo”. Una base estatal completada con autonomía soberana por la cual cada país signatario tenía “el derecho a eligir su propia estructura doméstica y orientación religiosa libre de intervención” (cuius regio, eius religio).
En definitiva, la paz de Westfalia creó un nuevo orden internacional sostenido en teoría por grandes estadistas concentrados en intereses nacionales y limitados por el concepto de balance de poder.
Según Kissinger, el sistema de Westfalia fue un preludio de modernidad por su énfasis en “lo práctico y ecuménico” y por establecer un orden basado en “la multiplicidad y la moderación”. Y para mediados del siglo XX, la prueba de su triunfo es que “ese sistema internacional estaba en vigor en todos los continentes”. EFE

 

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Publicado en: Reportajes

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