Ciudades en el océano, tecnología flotante

Un arrecife artificial con niveles semisumergidos habitables, viviendas que se adaptan a los cambios y adversidades ambientales del mar y centrales eléctricas con estaciones de carga de baterías flotantes, podrían ser piezas claves de las ciudades marinas que ya se diseñan para un futuro cercano.
El proyecto filipino 'Currents for Currents' es una urbanización de viviendas interconectadas por encima y debajo del agua. Foto: Jacques Rougerie FoEl proyecto filipino 'Currents for Currents' es una urbanización de viviendas interconectadas por encima y debajo del agua. Foto: Jacques Rougerie Foundation-Institut de France

 

 

– El proyecto filipino ‘Currents for Currents’ es una urbanización de viviendas interconectadas por encima y debajo del agua, formando hileras circulares y capaces de adaptarse a las cambiantes y adversas condiciones del mar.

– El proyecto ‘Ephemere Highrise’, de Bulgaria, propone una estructura flotante similar a una gigantesca aleta, compuesta por una usina que produce electricidad a partir de los vientos marinos, las olas y las mareas y que va conectada a una estación de recarga para grandes baterías.

– Arquitectos y oceanógrafos franceses han diseñado el arrecife artificial ‘Biolum Reef’, impreso en 3D, a partir de residuos plásticos y con iluminación de origen biológico, que tendrá niveles semisumergidos para actividades científicas y artísticas relacionadas con el océano.

 

Ricardo Segura

 

 

Más del 60 por ciento de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de la costa y se calcula que esta proporción aumentará, representando unos 6.000 millones de personas para 2030.

A esta situación preocupante se suma otra: la elevación del nivel del mar, que podría alcanzar decenas de centímetros para 2070, según la Fundación Jacques Rougerie (FJR).

Hacer frente a estos retos ambientales y demográficos requiere una innovación arquitectónica y técnica que construya un entorno vivo que valore la riqueza del planeta, que cree una nueva relación entre el hombre y su entorno natural, y que plantee nuevos diseños relacionados con el mar y el espacio, siguiendo los preceptos del desarrollo sostenible, según esta fundación.

La FJR lleva el nombre y el apellido de un eminente arquitecto francés (www.rougerie.com) que ha diseñado hábitats, edificaciones y estructuras marinas y submarinas innovadoras, inspirándose en la naturaleza, en lo que se conoce como biomimesis o biomimética.

Su último gran proyecto es el SeaOrbiter (www.seaorbiter.com) , una embarcación futurista basada en una estructura vertical inspirada en la obra imaginaria de Julio Verne, que funcionará como un laboratorio oceanográfico flotante internacional, con numerosas plantas y niveles de alojamiento e investigación por encima y debajo del nivel del mar.

Cada año, la FJR (www.fondation-jacques-rougerie.com) efectúa, junto con el Instituto de Francia (www.institut-de-france.fr), un concurso internacional para elegir a los proyectos arquitectónicos más innovadores, audaces y disruptivos, desarrollados por jóvenes arquitectos, diseñadores, ingenieros y urbanistas.

Los proyectos de ‘innovación y arquitectura para el mar’ premiados en 2017 y anunciados en 2018 permiten echar un vistazo a los espacios dónde viviremos, trabajaremos, produciremos e investigaremos en el futuro.

 

CASAS QUE RESISTEN LOS EMBATES MARINOS.

El proyecto merecedor del Gran Premio y denominado ‘Currents for Currents’ (Corrientes para corrientes) ha sido presentado desde Filipinas como una opción para las zonas más vulnerables a dos de las amenazas más graves del planeta, el aumento de la población y el calentamiento global.

Este trabajo, con “el azul es el nuevo verde” como filosofía de diseño, es una solución de vivienda para la vulnerabilidad de las comunidades costeras a la escasez de tierras, recursos e infraestructura de energía confiables, y el aumento de las mareas y las tormentas marinas, según los arquitectos Deo Alrashid T. Alam, Robert Andrew P. Galano y Pierre Michael Monjardin.

Las estructuras poliédricas de cuatro plantas, con aspecto de barcos veleros e interconectadas por encima y debajo del agua, formando extensas hileras circulares de viviendas como las perlas de un collar, fueron diseñadas con la mayor flexibilidad posible, para adaptarse a las cambiantes condiciones del mar y recuperarse de las adversidades climáticas, según sus creadores.

“Las casas son alimentadas, tanto por energía eléctrica obtenida de las mareas como por luz solar. Esto permite que toda la comunidad sea completamente independiente de la red eléctrica y autosuficiente”, explican Alam, Galano y Monjardin.

Aunque estas casas, con una de sus fachadas blanca y la otra semitransparente, han sido diseñadas originalmente para el contexto filipino, su concepción modular y el uso de un material disponible universalmente para su marco estructural principal, el plástico moldeado, permite construirlas en casi cualquier sitio costero alrededor del mundo, según aseguran.

 

USINA ELÉCTRICA Y BATERIA GIGANTE FLOTANTES.

El proyecto Ephemere Highrise, del arquitecto Dimo Ivanov, de Bulgaria, ha sido el ganador del premio ‘Focus’. Propone la idea de una central eléctrica flotante asociada a una estación de recarga para grandes baterías de metal líquido alojadas en contenedores.

Estas baterías recargables de alta capacidad, aún en desarrollo, han sido ideadas por el profesor Donald Sadoway, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de EEUU, y están elaboradas de metales fundidos que se separan de forma natural formando dos electrodos líquidos, uno a cada lado de un electrolito de sal fundida entre ambos, según el MIT.

El equipo del Sadoway, con la firma Ambri (www.ambri.com) desarrollan baterías gigantes que cabrán en un contenedor de 40 pies (unos 12 metros de longitud), para colocarlas sobre el terreno, con una capacidad de dos megavatios-hora, una energía suficiente para satisfacer las necesidades eléctricas diarias de 200 hogares, según el autor del proyecto.

“El sistema Sadoway-Ambri consta de varios núcleos que se encadenan entre sí y se conectan a la red eléctrica y su configuración es modular, con lo que se puede personalizar para satisfacer las necesidades específicas del cliente”, según Ivanov.

Estas centrales aprovecharán fuentes de energía renovales y limpias para producir electricidad: la energía obtenida a partir de los vientos marinos, las olas y las mareas, y podrán ubicarse, diseñarse y construirse de manera que protejan nuestros frágiles ecosistemas oceánicos y costeros.

Estas estructuras oceánicas elevadas de alta tecnología, con la forma de una gigantesca aleta emergiendo de las aguas, no solo generarán y almacenarán electricidad, sino que además, cumplirán otras funciones, como proporcionar espacio vital, educación, gestión de recursos, investigación e ingeniería, según su diseñador.

 

ARRECIFE ARTIFICIAL HABITABLE Y ECOLÓGICO.

El proyecto Biolum Reef, de los arquitectos Olivier Bocquet y François Desruelles, y los investigadores oceanográficos Lisa Tanet, Laurence Casalot y Christian Tamburini, busca promover el desarrollo de la biodiversidad marina mediante un arrecife impreso a partir de residuos plásticos, con varias funciones y bioluminiscente, es decir con luz de origen biológico.

Este trabajo francés, que obtuvo el premio ‘Coup de C?ur’, está pensado para los ecosistemas marinos expuestos a riesgos ambientales, como la acumulación de residuos diversos, la erradicación de praderas de alga posidonia, la erosión costera y la contaminación, como ocurre en el archipiélago de Frioul situado en el Parque Nacional de las Calanques, en Marsella (Francia).

Según sus diseñadores el arrecife Biolum Reef, enmarcado dentro de la arquitectura biomimética, servirá de barrera natural al mar abierto, cuyas olas erosionan la costa, producirá su propia electricidad a partir de la energía de las olas y el sol, y ayudará a dirigir los barcos fuera de las praderas de posidonia.

Este proyecto propone crear dentro del arrecife tres hábitats semisumergidos donde se desarrollarán actividades científicas y artísticas relacionadas con el océano y abiertas al público.

Los desechos orgánicos y plásticos y las aguas sucias se utilizarán para la producción de biomasa de algas, iluminación bioluminiscente, energía renovable, agua potable, sal y diversos alimentos, e incluso para la impresión en 3D del arrecife, descontaminando y creando condiciones para una vida marina autónoma, con un impacto positivo en el medio ambiente.

Este arrecife artificial estará habitado por una multitud de especies, tanto en su interior como en su periferia y será el escenario de paseos submarinos, según sus diseñadores. EFE/REPORTAJES

 

 

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