Ciudadanos y el futuro de la legislatura

Que el principal socio del Gabinete de Mariano Rajoy sea, a la vez, su más directo competidor electoral y empiece a perfilarse como alternativa de gobierno plantea interrogantes sobre el futuro del Ejecutivo y el final de la legislatura.
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la presentación de su equipo para la Ejecutiva del partido, el 23 de enero pasado.EFE/Archivo/VíEl presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la presentación de su equipo para la Ejecutiva del partido, el 23 de enero pasado.EFE/Archivo/Víctor Lerena

Carlos Moral

Ciudadanos tras su victoria en las elecciones catalanas y con el viento a favor de las encuestas, tiene en sus manos la posibilidad de intentar materializar en las urnas sus prometedoreas expectativas, aunque por ahora subraya su voluntad de mantener la estabilidad y agotar la legislatura.

Con el desafío independentista en Cataluña aún vigente no es previsible que Ciudadanos opte por un adelanto electoral, más cuando si mantiene su línea ascendente en los comicios locales y autonómicos de 2019 podría reforzar mucho su implantación y su poder territorial y encontrar en él una excelente plataforma desde la que proyectarse cuando se celebren elecciones generales.

Sin embargo, con dos años y medio por delante y un escenario político como el actual -un PP a la baja en las encuestas mientras prosigue el desfile por los juzgados de casos de corrupción que le afectan- la posibilidad de que el Gobierno de Rajoy llegue al final de la legislatura está en el aire.

De momento, y gracias a su crecimiento en Cataluña y en los sondeos, la posición de Ciudadanos es ahora más fuerte que cuando firmó con el PP el acuerdo que posibilitó la investidura de Rajoy en noviembre de 2016.

Los presupuestos para 2018 se presentan como el primer escollo. Ciudadanos ha puesto como condición para aprobarlos la dimisión de Pilar Barreiro (imputada en la trama Púnica) como senadora y la equiparación salarial de policías y guardias civiles con las policías autonómicas.

La situación se complica aún más para el Gobierno, porque ni siquiera el apoyo de Ciudadanos garantiza que las cuentas de 2018 salgan adelante. La llave la tendrían los nacionalistas vascos del PMV, que mientras siga en vigor el 155 dscartan negocian y que, en cualquier caso, exigen concretar algunas demandan, entre ellas la reforma de la Ley de Secretos Oficiales y la de Seguridad Ciudadana (“ley mordaza”).

El Gobierno se ha puesto como límite la primera semana de abril para aprobar los presupuestos de 2018. Si no llega el acuerdo, hará de la necesidad virtud, porque el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ya anunciado que si no hay cuentas nuevas “no pasa nada”. El Ejecutivo aprobaría las medidas económicas que considere urgentes mediante Reales Decretos y podría atribuirse los hipotéticos logros en solitario.

La prórroga presupuestaria por falta de acuerdo para aprobar uno nuevo se ha dado ya en varias ocasiones a nivel estatal, y también regional -en Cataluña se prorrogaron entre 2010 y 2015-, aunque en otros casos ha supuesto la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha demostrado ya su capacidad para sobrevivir en circunstancias difíciles, como cuando estuvo en funciones durante más de 300 días, así que gobernar un año con los presupuestos prorrogados no parece un obstáculo insalvable, más cuando está aprobado el techo de gasto de las administraciones para este año.

Sin embargo, si la situación se repitera con las cuentas para 2019 el escenario se volvería más delicado: los presupuestos prorrogados no permiten nuevas inversiones o gastos, tales como infraestructuras, y tampoco ajustes no mprevistos. Además, es previsible que las convocatorias electorales de 2019 aviven la competencia entre PP y Ciudadanos.

Cuando arrancó la legislatura, el Ejecutivo de Rajoy ya supo que su estabilidad sería precaria y dependiente de acuerdos a varias bandas, Menos previsible era que en poco más de año y medio el partido que sostiene su gobierno amenace con la histórica hegemonía del PP en el centroderecha. EFE 

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