Ciudadanos y sus cambiantes expectativas

Ciudadanos se ha visto sacudido en los últimos meses por el vértigo que gobierna la política española y sus expectativas alternan subidas y bajadas mientras perfila la propuesta con la que aspira a llegar al poder, basada en explotar la debilidad del PP y en postularse como garante de la unidad frente al independentismo.
Reunión del Comité Ejecutivo celebrada el pasado mayo, en la  sede de Ciudadanos. EFE/Archivo/Javier LizónReunión del Comité Ejecutivo celebrada el pasado mayo, en la sede de Ciudadanos. EFE/Archivo/Javier Lizón

 

Carlos Moral

 

La victoria electoral en diciembre de su candidata en Cataluña, Inés Arrimadas, acreditó el éxito de su discurso contra el desafío secesionista, situó a Ciudadanos como el principal partido no nacionalista en Cataluña y le proyectó en el resto del Estado, según las encuestas.

En abril pasado Ciudadanos, con la mirada puesta en las próximas elecciones, decidió articular las ideas que habían favorecido su ascenso en la plataforma “España Ciudadana” y proclamó que “ningún español va a tener que volver a pedir perdón por utilizar la bandera del país o hablar el castellano”. 

Aunque Ciudadanos surgió en Cataluña en 2006 como un partido que ponía en el centro de su discurso la lucha contra el nacionalismo, su recién estrenada propuesta ha supuesto una reivindicación explícita de la bandera española, en un momento en el que el conflicto con los independentistas catalanes ha polarizado la sociedad española.

De la mano de la crisis en Cataluña, el partido que encabeza Albert Rivera, que ha venido considerando como “tibias” algunas de las respuestas del Gobierno de Mariano Rajoy al desafío secesionista, ha entrado en abierta competencia por el sector más conservador del electorado del PP, un territorio que en principio no parecía a su alcance.

Según el CIS, los votantes de Ciudadanos se sitúan, en promedio, a la izquierda de los del PP en la escala ideológica y, de hecho, el partido naranja también ha logrado arrebatar un significativo capital de votos al PSOE -el último estudio del CIS lo cifraba en el 8,2 % de los antiguos votantes socialistas-. Sin embargo, su postura en Cataluña le ha permitido ampliar su caladero hacia la derecha.

Ciudadanos ya apunto hacia el espacio ideológico por el que pretendía competir en su congreso de 2017, cuando suprimió las referencias a la socialdemocracia en su ideario y optó por situarse abiertamente en pugna con el PP.

De acuerdo con los resultados en las autonómicas catalanas y las previsiones de las encuestas, la estrategia del partido naranja ha tenido éxito, pero el último viraje de la política española, con la llegada del socialista Pedro Sánchez al Gobierno tras una moción de censura, ha vuelto a agitar las perspectivas de Ciudadanos.

No es solo que los últimas sondeos indican un retroceso de la formación naranja, sino que su posición no es tan cómoda como hace un mes: por un lado, el PP ya no es el partido que dirige un ejecutivo en minoría, debilitado por la corrupción y que necesita el apoyo de Ciudadanos.

Ahora encabeza la oposición y se dispone a rearmarse con una nueva dirección libre de lastres pasados. Por otro, Cataluña ha dejado de ocupar el foco de la política española: el Gobierno de la comunidad ya no está intervenido y, con la llegada de los socialistas a La Moncloa, el conflicto vive una etapa de distensión.

Sin embargo, el tablero político está lejos de estabilizarse y los factores que han favorecido el auge de Ciudadanos siguen latentes: el PP se enfrenta a un congreso al que llega, por primera vez en su historia, dividido, mientras el liderazgo de Albert Rivera es indiscutible en su partido; la aparente tregua en la crisis catalana está lejos de garantizar su resolución; y la estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez, con solo 84 escaños detrás, es precaria. EFE