CiU gobernó durante 30 años Cataluña, ¿dónde están sus herederos políticos?

El 19 de septiembre de 1978, Convergència Democràtica de Catalunya y Unió Democràtica de Catalunya sellaron un pacto para articular el centro-derecha catalán. Así nació la federación de CiU, que en 1980 obtuvo su primera victoria electoral con Jordi Pujol como cabeza de lista.
El presidente catalán, Carles Puigdemont durante un pleno del Parlament de Cataluña. EFE/Archivo//Toni AlbirEl presidente catalán, Carles Puigdemont durante un pleno del Parlament de Cataluña. EFE/Archivo//Toni Albir

 

 

Marta Vergoñós

 

Desde entonces y hasta 2003, este político catalán dirigió de forma ininterrumpida la Generalitat, que desplegó su autogobierno en base a políticas posibilistas marcadas por un nacionalismo moderado.
En 2003, CiU fue relegada a la oposición gracias a un pacto de partidos de izquierda entre los socialistas del PSC, los verdes de ICV-EUiA y los republicanos de ERC, el partido independentista que acabó pactando con los convergentes y que actualmente es el favorito para gobernar Cataluña después de las elecciones del 21 de diciembre.
Con Pujol retirado y con Artur Mas como líder, en 2010 la federación volvió al palacio de la Generalitat, desde donde en 2012 viró hacia posturas independentistas. Cabe destacar que esta coalición nunca había defendido tesis secesionistas y que, durante mucho tiempo, su socio para aprobar políticas sociales y económicas fue el Partido Popular, la formación que capitanea Mariano Rajoy.
Pese a que en un primer momento la federación intentó surfear la ola independentista, finalmente se rompió en 2015, cuando se formó Junts pel Sí, una candidatura transversal independentista en la que también participaba ERC. En ese momento, se produjo la primera escisión dentro de Unió y sus miembros partidarios de la independencia crearon Demòcrates, que se integró dentro de la lista independentista en la que también estaban sus antiguos socios.
El resto de Unió se presentó por separado a los comicios del 27 de septiembre de 2015, en los que obtuvieron poco más de cien mil votos y ningún escaño. Ahogados por las deudas económicas, acabaron presentando concurso de acreedores y desapareciendo.
En paralelo, Convergència batallaba con su propia crisis de imagen, que había estallado el 25 de julio del 2014, cuando Jordi Pujol publicó una carta en la que confesaba que durante décadas había tenido dinero sin declarar en Andorra. Esta noticia provocó un choque emocional para muchos convergentes, que veían a Pujol como un referente ya no solo político, sino también moral.
Además, el partido se hallaba investigado por haber cobrado presuntamente comisiones de obra pública en los años en que fue hegemónico en Cataluña. Todas estas circunstancias, sumadas al cambio de estrategia política y al cambio al independentismo, hicieron que los dirigentes de Convergència decidieran abandonar su marca tradicional para refundarse con un nuevo nombre: Partido Demócrata Europeo de Catalunya, más conocido como PdeCAT.
Eso sí, mantuvieron como líder al expresidente Artur Mas, que no pudo repetir al frente de la Generalitat en 2015 por la presión de los anticapitalistas de la CUP. Fue entonces cuando emergió su compañero de partido y hasta entonces alcalde de Girona, Carles Puigdemont.

En la nueva contienda electoral que se celebrará el próximo 21 de diciembre, los herederos de CiU concurrirán en tres listas diferentes:

– PDeCAT. Aunque sus siglas son jóvenes, los exconvergentes han renunciado de nuevo a ellas en pro de la “lista de país” que ha articulado el expresidente catalán Carles Puigdemont, que se halla en Bruselas pendiente de si se le extradita a España para que responda ante la justicia por los presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación.
Además de aparcar su nombre y optar por Junts per Catalunya, los del PDeCAT también han accedido a que ninguno de sus dirigentes figuren en los puestos de salida de la lista, más allá de los exconsejeros huidos a Bélgica o en prisión preventiva.
Así pues, esta candidatura se beneficiará de las subvenciones y los espacios electorales de Convergència -porque el PDeCAT aún no existía en las anteriores elecciones y los derechos son del partido anterior-, así como de su mayor activo, Carles Puigdemont, pero sin que el nombre de la formación impulsada por Pujol aparezca en parte alguna.

– Demòcrates. Los independentistas que se escindieron de Unió se han distanciado de sus antiguos socios y se han sumado a la lista de ERC que encabeza Oriol Junqueras.

– Units per Avançar. Este partido, recién nacido, reúne a algunos de los políticos que quedaron huérfanos después de la desaparición de Unió y se han integrado en la lista del PSC. Se trata quizá de la alianza más curiosa que se ha forjado con motivo de las elecciones del 21 de diciembre, y es que Units per Avançar se define como democristiano, como Unió en su día, mientras que los socialistas han sido históricamente defensores del laicismo.
Su nexo es la defensa de una “tercera vía”, consistente en una reforma constitucional, para resolver el conflicto independentista. Entre sus diferencias, llama mucho la atención su postura respecto a los derechos de la comunidad LGTBI: el cabeza de lista, Miquel Iceta, es abiertamente gay, y en el número 3 de su candidatura lleva al exdirigente de Unió Ramón Espadaler, que votó en contra del matrimonio homosexual. EFE

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Publicado en: Análisis