El círculo próximo a Puigdemont abre la puerta a un candidato alternativo

La incógnita sobre si ha empezado ya la cuenta atrás para que se convoquen nuevas elecciones en Cataluña si no se inviste a un nuevo presidente en el plazo de dos meses es solo la punta de lanza del mar de dudas que inunda la política catalana.
Barcelona, 19.01.2018.- Representantes de Junts per Catalunya, Elsa Artadi (c) y Eduard Pujol (i), mantienen un encuentro con el president del ParlameBarcelona, 19.01.2018.- Representantes de Junts per Catalunya, Elsa Artadi (c) y Eduard Pujol (i), mantienen un encuentro con el president del Parlament, Roger Torrent(c), en la ronda de contactos para la investidura del presidente de la Generalitat. EFE/Archivo/Quique García

 

 

Marta Vergoñós

Las grandes cuestiones que se plantean son: ¿repetirá Carles Puigdemont al frente de la Generalitat? En caso afirmativo, ¿gobernará desde Bruselas? En caso negativo, ¿quién asumirá el relevo?

Una de las posibilidades que cobran fuerza es que la candidata a la presidencia de la Generalitat sea Elsa Artadi, portavoz parlamentaria de Junts per Catalunya (JxCat),la formación que encabezó en las elecciones catalanas Puigdemont. Al parecer, esta opción contaría con el visto bueno de todo el bloque independentista. Por su parte, ella misma ha insistido este jueves en mantener su cabeza de lista, Carles Puigdemont, como único candidato a la investidura.

Hasta ahora los mensajes desde el bloque independentista han sido dispares. Las contradicciones llegan incluso al seno de Junts per Catalunya (JxCAT), la candidatura que impulsó el expresidente desde Bruselas y que combina a miembros del Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCAT) e independientes próximos a su persona. Por una parte, se muestran optimistas respecto a una pronta resolución del conflicto que tenga como resultado la investidura de Puigdemont, pero por otro lado, en voz baja, abren la puerta a un plan B a su actual líder.

Para no evidenciar el paso al lado de Puigdemont se está barajando la posibilidad de un gobierno bicéfalo con dos sedes: una, “en el exilio”, en Bruselas, y otra ejecutiva en Barcelona. Para que esto sea una realidad, sería necesaria una reforma previa de la Ley de la Presidencia de la Generalitat y del Gobierno catalán. Lo que se haría sería incluir el supuesto de que, en caso de ausencia o impedimento del candidato, se le pueda investir a distancia, sin necesidad de que esté presente en el Parlament.

Esto significaría que JxCAT podría cumplir su promesa electoral de restituir a Puigdemont. Pero, a todas luces, el Gobierno de Mariano Rajoy impugnará cualquier paso en esta dirección.

Otra opción menos conflictiva a nivel legal sería que, en una sesión previa a la investidura, los diputados independentistas registraran y aprobaran una propuesta de resolución -su único valor es de tipo político- en la que se deje por escrito que el parlamento catalán reconoce que su presidente “legítimo” es Carles Puigdemont.

Una vez aprobado el texto, se convocaría el pleno de investidura convencional y se votaría como presidente a un candidato alternativo de JxCAT.

La opción de un doble gobierno no chirría del todo a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el partido que lidera el exvicepresidente Oriol Junqueras, que desde hace cien días se halla en prisión preventiva por su implicación en la declaración unilateral de independencia.

Los republicanos, que ostentan la presidencia de la cámara catalana por vía de Roger Torrent, se han mostrado incómodos con la posibilidad de efectuar una investidura que suponga desobedecer al Tribunal Constitucional (TC) y que pueda derivar en consecuencias penales.

De hecho, Torrent aplazó el pleno de investidura que se había previsto inicialmente por la incertidumbre sobre cuál iba a ser el guión de la sesión. Y es que desde los tribunales ya se había alertado que cualquier atisbo de desobediencia supondría el ingreso inmediato en prisión de todos los diputados que están en libertad bajo fianza por su implicación en la declaración unilateral de independencia de la anterior legislatura, así como la imputación de los miembros de la Mesa del Parlament y su presidente.

 

División entre los letrados del Parlamento catalán

Mientras se plantean todos estos escenarios, hay un fantasma que sobrevuela la política catalana: la posibilidad de unas nuevas elecciones en primavera. En teoría, una vez se celebra el primer pleno de investidura, empieza una cuenta atrás de dos meses tras los cuales, si no hay presidente, se disuelve la cámara y se vuelve a las urnas. Sin embargo, la figura del aplazamiento -que no suspensión- no está prevista en el reglamento. Por este motivo, los diferentes grupos encargaron un informe a los letrados de la cámara catalana para que determinaran si el contador se habría puesto en marcha o no.

Este informe ya estaba listo a finales de la semana pasada, con una respuesta unánime: la cuenta atrás aún no ha empezado. Sin embargo, el texto aún no se ha presentado porque existen discrepancias entre los letrados en relación a si se deben incluir consideraciones, dirigidas al presidente del Parlamento catalán, con el objetivo de impedir que se eternice la situación actual. Este punto está provocando tensiones entre los letrados, hasta el punto de que es posible que el informe se presente sin la firma de todos ellos. EFE

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