Cinco años después del rescate Portugal pelea todavía por despegar

Un lustro después de solicitar el rescate, Portugal lucha para que su economía despegue definitivamente y haga olvidar un período negro de su historia reciente, una tormenta de enormes proporciones que dejó nubarrones que no se acaban de ir.
Protesta en 2013 en Lisboa (Portugal), en la pancarta se puede leer 'Euro y troika fuera de Portugal'.  EFE/Archivo/Jose Sena Goulao
Protesta en 2013 en Lisboa (Portugal), en la pancarta se puede leer "Euro y troika fuera de Portugal". EFE/Archivo/Jose Sena Goulao

Óscar Tomasi 

El país continúa con su déficit público por encima de los objetivos marcados por Bruselas, su nivel de deuda sigue en niveles récord (129 % del PIB) y su crecimiento económico es aún muy tenue, lo que da motivos a los más “agoreros” para hablar ya del riesgo de estancamiento.

Tal día como hoy hace justo cinco años el Gobierno luso de entonces, de signo socialista, cedía a la presión después de semanas de estoica resistencia ante el coro de voces que reclamaban que pidiera asistencia financiera a la UE y el FMI.

Con el tiempo, el ministro de Finanzas de aquel Ejecutivo, Fernando Teixeira dos Santos, reconoció abiertamente que fue él quien acabó por forzar esta petición de ayuda en contra del criterio de su superior, el primer ministro José Sócrates, ante el convencimiento de que el país estaba al borde de la bancarrota.

“Agotado el tiempo -que le pidió Sócrates para meditar-, se volvió inevitable optar por la que era la única solución al alcance del país (…). Llegado a un punto, entendí que no podía quedarme solo con aquello que pensaba”, explicó en 2014 a la cadena de televisión SIC.

Corría el 6 de abril de 2011. Después de una emisión de deuda a corto plazo que se saldó con un nuevo aumento de las tasas de interés, Teixeira dos Santos intentó convencer a Sócrates por teléfono una vez más, pero sin éxito.

Su jefa de prensa contactó con el diario “Jornal de Negócios” para ofrecer la posibilidad de que el titular de Finanzas “comentara” la subasta de deuda, a lo que los periodistas accedieron.

Por correo electrónico enviaron varias cuestiones al ministro, entre ellas si Portugal tenía que recurrir cuanto antes al rescate. Su respuesta positiva fue publicada en minutos y la noticia dio la vuelta al mundo, obligando en la práctica a Sócrates a claudicar.

El préstamo de 78.000 millones de euros que le fue concedido a Portugal vino acompañado de un severo programa de ajustes y recortes acordado con la llamada troika como contrapartida, y muchos de los cuáles continúan hoy vigentes.

De hecho, tanto es así que los socialistas recuperaron recientemente el poder -pese a haber quedado en las elecciones por detrás de la coalición de centro-derecha que gobernó el país durante el rescate- tras llegar a un acuerdo inédito con las fuerzas de izquierda sustentado, fundamentalmente, en su compromiso de retirar gradualmente las medidas de austeridad.

A pesar de salir de este programa con éxito en 2014, las exigencias de Bruselas sobre deuda y déficit público obligan a Lisboa a mantener un riguroso control de las cuentas públicas. 

El país estuvo en recesión entre 2011 y 2013, cuando su PIB se contrajo más de seis puntos, y acumula ahora dos ejercicios consecutivos con crecimiento, pero a tasas todavía bajas: un 0,9 y un 1,5 %, respectivamente.

El desempleo, que llegó a dispararse hasta rozar el 18 %, se mantiene en los mismos niveles previos al rescate, en el entorno del 12 %, cifras que se ven beneficiadas por la emigración de cerca de medio millón de portugueses.

Por su parte, el déficit público pasó del 7,4 % en el momento del rescate al 4,4 % con el que cerró en 2015, y se espera que ya este año se sitúe por debajo del 3 %, como exige Bruselas.

El indicador que mide el peso de la deuda en comparación con la actividad económica empeoró en este lustro, y pasó de superar ligeramente el 100 % de su PIB a representar ahora cerca del 129 %, aunque muestra una ligera tendencia a la baja en comparación con años anteriores.

La mejora más significativa se ha registrado en el déficit comercial, que mide la diferencia entre exportaciones e importaciones y que era considerado uno de los grandes frenos a la economía lusa.

Contando bienes y servicios, el saldo es ahora positivo en más de 3.000 millones de euros, lo que contrasta con los 6.400 millones de euros de déficit de 2011, gracias sobre todo a la expresiva subida de sus ventas al exterior y al notable crecimiento del turismo. EFE 

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