Vasili Churkin, embajador ruso ante en la ONU

Fallece de un infarto el embajador ruso en Naciones Unidas, Vitali Churkin, una de las figuras más destacadas de la ONU, elogiado por muchos y admirado hasta por sus más tenaces adversarios.
Vasili Churkin, embajador ruso ante  en la ONU

Vasili Churkin, que hoy cumplía 65 años, sufrió un ataque al corazón en su despacho de la misión rusa ante Naciones Unidas y, aunque fue trasladado de urgencia a un hospital de Nueva York, la reanimación no dio resultados.

“El embajador Churkin era un diplomático muy cualificado, un poderoso orador, con gran ingenio, y un hombre de muchos talentos e intereses”, dijo Guterres sobre Churkin, quien defendió a Rusia en la ONU durante más de una década. Durante sus intervenciones en el Consejo de Seguridad, el principal órgano de decisiones de Naciones Unidas, Churkin protagonizó frecuentes choques con diplomáticos estadounidenses y de otros países en temas tan conflictivos como la guerra de Siria.

El embajador ruso ante la ONU, Churkin, defendió durante más de una década en el Consejo de Seguridad (2006-2017) la controvertida política exterior del Kremlin. Precisamente, Churkin llegó a Naciones Unidas después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, arremetiera abiertamente contra la hegemonía occidental en la famosa Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007, un punto y aparte en las relaciones entre Rusia y EEUU.

Su primer destino fue la embajada de la Unión Soviética en Washington (1979-1987), después fue elegido portavoz de Exteriores durante los últimos años de la “perestroika” (1989-1991) y también fue embajador brevemente en Chile.

Ejerció de viceministro de Exteriores durante los tres primeros años de Borís Yeltsin en el Kremlin, cuando tuvo que batallar con la guerra de Yugoslavia, y después fue embajador en Canadá y Bélgica.

Una vez en la ONU, el diplomático de carrera tuvo que fajarse con uñas y dientes para justificar acciones y medidas que acabaron por recordar los tiempos de la Guerra Fría, cuando Nikita Jruschov sacó el zapato para golpear la tribuna de la ONU. Para ello, no dudó en utilizar un lenguaje franco, directo y rebosante de ironía para defender los continuos vetos a las resoluciones occidentales, y cargar contra Estados Unidos por inmiscuirse en los asuntos de otros países, desde Libia hasta Siria o Ucrania.

Sus duelos con las representantes estadounidenses, Susan Rice y Samantha Power -que no dudó en calificarle hoy de “maestro de la diplomacia”- serán recordados por su crudeza, muy alejados de las tradicionales prácticas del oficio.

Criado en la Unión Soviética, Churkin diseñó junto al ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, una política exterior desafiante con Occidente, contraria a las intervenciones humanitarias y que ha contado en muchos casos con el apoyo de China y de países del tercer mundo.

Su primer gran desafío fue defender la operación militar rusa en la región separatista georgiana de Osetia del Sur en agosto de 2008, la primera invasión rusa de un país extranjero desde Afganistán (1979). Antes, se opuso al reconocimiento de la independencia de la región serbia de Kosovo, advirtiendo que abriría la “caja de Pandora” de los separatismos, tras lo que meses después Moscú reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.

La revolución ucraniana acabó con el idilio en 2014 y Churkin no dejó de acusar a Occidente de orquestar las protestas antigubernamentales y los violentos disturbios que desembocaron en el derrocamiento y huida del presidente Víktor Yanukóvich.

Enarboló la amenaza ultranacionalista para defender la anexión rusa de la península de Crimea y acusó a las nuevas autoridades ucranianas de provocar con un golpe de Estado en Kiev la sublevación militar en el este prorruso del país.

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Publicado en: Obituarios