China apuesta por el pragmatismo en su relación con América Latina

Desde que pisara suelo latinoamericano hace poco más de una semana, el presidente chino, Xi Jinping, ha firmado decenas de acuerdos en la región y ha apostado por la puesta en marcha de mastodónticos proyectos de infraestructura que sugieren una cooperación pragmática centrada en el largo plazo.
Foto de archivo de la visita a México en 2013 del presidente de China Xi Jinping(d), que saluda junto al presidente mexicano Enrique Peña Nieto. EFEFoto de archivo de la visita a México en 2013 del presidente de China Xi Jinping(d), que saluda junto al presidente mexicano Enrique Peña Nieto. EFE/Archivo/Sáshenka Gutiérrez

Paloma Almoguera 

Primero fue Brasil, adonde Xi llegó el pasado 14 de julio para asistir a la cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Fortaleza, cerrada con el compromiso de constituir un banco de desarrollo con sede en Shanghái, y tras la cual firmó hasta 56 acuerdos de cooperación con el país. 

Si el encuentro con su homóloga Dilma Rousseff resultó fructífero, no lo fueron menos los posteriores con Cristina Fernández en Argentina o Nicolás Maduro en Venezuela, también saldados con la rúbrica de decenas de acuerdos, y lo mismo se espera de su paso por Cuba, desde donde hoy pondrá fin a su gira.

El interés del país asiático por la zona no es novedoso. En mayo de 2013, poco después de asumir la presidencia, Xi viajó a Trinidad y Tobago, Costa Rica y México. Aunque menos potente en acuerdos (23 en total entonces), ambos evidencian la creciente presencia china en la región y la continuidad de su política hacia ésta.

No resulta difícil entender a simple vista el atractivo de Latinoamérica para China. Potente en recursos energéticos y materias primas requeridos por el gigante, la región es, además, “más ideal (que África) para que las empresas chinas hagan inversiones, al ser políticamente más estable y con mayor nivel educacional”.

Así lo considera Xu Shicheng, director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia de Ciencias Sociales de China (CASS), quien niega a su vez a Efe que el criterio de elección de los países visitados esté regido por afinidades políticas.

Pese a que China cuenta entre sus planes con aumentar los intercambios culturales con la región mediante, entre otras cosas, el establecimiento de Institutos Confucio (actualmente 32 en Latinoamérica), ese “soft power” parece ir de momento por detrás, o hasta ser consecuencia, de los objetivos comerciales y económicos. 

Prueba de ello es que el comercio entre China y América Latina se ha disparado en los pasados 15 años, pasando de 12.000 millones de dólares en el año 2000 hasta los 261.000 alcanzados en 2013, que han aupado a la potencia asiática como el segundo mayor socio comercial de la región (tras EEUU) y el primero ya de países como Brasil. 

Este viaje, además, ha demostrado que hay una mayor cooperación en problemas financieros, con la puesta en marcha de nutridas líneas de crédito y más acuerdos entre bancos chinos con entidades brasileñas, argentinas y venezolanas, así como la apuesta por megaproyectos de infraestructura.

Si bien en esta aparente armonía hay flecos pendientes, como el déficit comercial a favor del país asiático a nivel bilateral o las quejas de que China apenas importa productos manufactureros con alto nivel agregado, el balance final parece positivo.

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