Chile: las catástrofes se cruzan en el camino de Bachelet

Además de poner en marcha algunas de las medidas más emblemáticas del ambicioso programa de Gobierno que la llevó a la presidencia por segunda vez, Michelle Bachelet ha tenido que hacer frente en apenas un mes a dos catástrofes que exigen una intensa dedicación y cuantiosos recursos.
Michelle Bachelet,presidenta de Chile. EFE/Archivo/Mario RuizMichelle Bachelet,presidenta de Chile. EFE/Archivo/Mario Ruiz

Manuel Fuentes

El terremoto en las regiones de Antofagasta, Tarapacá y Arica-Parinacota, que dejó un saldo de seis muertos y graves daños materiales, y el reciente incendio de la ciudad portuaria de Valparaíso, con un balance de quince muertos y seis barrios arrasados, ha alterado la agenda política de la mandataria.

Antes de estas dos tragedias, que sucedieron en un intervalo de doce días, y que han dejado sin hogar a decenas de miles de personas, Bachelet y su flamante gabinete estaban abocados a impulsar las iniciativas que se comprometió a poner en marcha en los primeros cien días de Gobierno. 

Entre éstas destaca un nuevo modelo educativo y una reforma tributaria que pretende recaudar 8.200 millones de dólares (el 3 % del PIB) para financiar el acceso universal y gratuito a una enseñanza superior de calidad, mejorar la distribución de la riqueza y consolidar un superávit estructural del 1 % del PIB.

Pero no es la primera vez que las catástrofes se cruzan en el camino de la presidenta chilena. Al final de su anterior mandato (2006-2010), Bachelet fue fuertemente criticada por la oposición por su desempeño tras el terremoto de febrero de 2010, lo que meses después, ya con Sebastián Piñera en La Moneda, motivó incluso la creación de una comisión de investigación parlamentaria.

En esta ocasión, sin embargo, la mandataria ha actuado con rapidez y decisión, con la declaración inmediata del estado de excepción en las zonas de catástrofe, el envío urgente de ayuda humanitaria y la puesta en marcha del proceso de reconstrucción.

La emergencia, a pesar de todo, no ha alterado los planes del nuevo Gobierno, que está convencido de que tiene en sus manos la oportunidad de poner en marcha el proyecto más avanzado desde el retorno de la democracia, en 1990, puesto que la prioridad ya no es la superación de la pobreza, sino la distribución de la riqueza. 

Por eso, ha impulsado iniciativas de carácter social, como la regularización de las parejas de hecho, incluidas las uniones homosexuales, y la supresión del consentimiento expreso en los contratos financieros, que dejaba en situación de desamparo a los consumidores.

Pero también ha echado abajo una decena de iniciativas heredadas del Gobierno de Sebastián Piñera, especialmente en materia educativa y energética, ha derogado la llamada “ley Monsanto”, sobre semillas transgénicas, y ha entregado un bono de 300 dólares a un millón y medio de familias desfavorecidas.

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