Cataluña: las fracturas del “procés”

El segundo no de la CUP a la investidura de Artur Mas como presidente de Cataluña evidenció las fracturas de un "procés" articulado por compañeros de viaje forzosos cuyos desencuentros marcan cambios de ritmo en el "tempo" independentista.
El presidente de la Generalitat, Artur Mas (i), saluda al cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva (2i), en presencia del presidente de ERC, OriEl presidente de la Generalitat, Artur Mas (i), saluda al cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva (2i), en presencia del presidente de ERC, Oriol Junqueras (d), el presidente de la ANC, Jordi Sánchez (3i), y el cabeza de lista de la CUP, Antonio Baños (i). EFE/Archivo/Alberto Estévez

María López 

Con la declaración soberanista suspendida por el Tribunal Constitucional, Artur Mas se enfrentaba el pasado 12 de noviembre a un nuevo debate de investidura, donde se conocía de antemano el desenlace -una mayoría insuficiente para gobernar- pero se esperaba la abstención de la CUP que con su “no tranquilo” paralizó, además de un nuevo “Govern”, las negociaciones del bloque independentista.

Pero ayer el partido anticapitalista dio un giro al anunciar  que no descarta votar a Mas y que la decisión será tomada por sus bases en una asamblea sólo abierta a militantes el próximo 29 de noviembre.

Un cambio de posición que busca terminar con el parón independentista, del que los distintos agentes, por un lado Convergència (CDC)  y  Esquerra Republicana (ERC) ,que forman junto a organizaciones sociales Junts pel sí, y por el otro la CUP, se culpan.

El viraje de la CUP se produce después de las declaraciones del exconseller Francesc Homs, ahora candidato de CDC a las generales, que planteaba negociar en lugar de romper, lo que fue leído como una marcha atrás, extremo que negó la vicepresidente del Govern, Neus Munté.

Homs declaró el martes a la Cadena Ser  que la mayoría independentista (en escaños) es suficiente para iniciar, pero no para finalizar, el “procés”, al tiempo que vaticinaba que tras el 20D se abriría una etapa de “diálogo, negociación y pacto” y negaba soluciones unilaterales.

Las declaraciones evidencian la creciente lejanía, que apuntaban distintos analistas, entre CDC y la lógica de la desobediencia -muy ajena a un partido moderado- y también entre los convergentes y Artur Mas.

Esta llamada al pacto de Homs encuentra su reflejo en los republicanos de ERC, que buscan desde una mayor radicalidad superar a CDC en las generales y tener así mayor peso e influencia en el devenir de Junts pel sí.

La nueva posición de la CUP también puede estar vinculada a que crecen las voces que piden nuevas elecciones autonómicas, un escenario que paradógicamente debilitaría a JxSí que tendría enfrente a una CUP  que sube en los sondeos. Una encuesta de la Generalitat, difundida el pasado 13 de noviembre, sostiene que la formación de izquierda radical pasaría de los 10 diputados a una horquilla de entre 14 y 16.

Para entender la evolución del debate público es especialmente útil la reflexión de Alfons Sauquet, profesor de ESADE, en El Periódico de Cataluña donde dice que “el debate comienza a trasladarse del eje libertad-opresión al de seguridad-anarquía“.

No es un cambio baladí, pues en el terreno de la libertad es sencillo establecer una distinción maniquea entre opresores y oprimidos, mientras que el terreno de la desobediencia es un ámbito desconocido de fronteras difusas.

Al respecto, en el futuro inmediato se espera la resolución del TC acerca de la declaración soberanista, que podría conocerse antes de los comicios generales, según algunos medios. Será el momento de medir hasta qué punto los independentistas sostendrán con hechos su desafío.

Crecen las voces que piden una solución política, ante las desconocidas consecuencias que podría provocar la imputación de políticos en activo. Flaco favor haría a los defensores de la unidad de España que los independentistas hablasen de”presos políticos”.EFE