Cataluña: La voz de alerta de las organizaciones empresariales

Ningún vendaval político sale gratis a la economía de un país ni pasa sin dejar secuelas en las empresas y los trabajadores. El "brexit" supuso, en verano del 2016, un retroceso del 0,4 % del PIB británico. La crisis coreana del pasado verano supuso varios días de regresión del Dow Jones. El PIB venezolano experimentó en 2016 su mayor retroceso en décadas. Las razones siempre fueron políticas. La inestabilidad y la inseguridad jurídica siempre suponen un freno para la economía.
El vicepresidente de Empresaris de Catalunya, Josep Bou. EFE/Archivo/Fernando AlvaradoEl vicepresidente de Empresaris de Catalunya, Josep Bou. EFE/Archivo/Fernando Alvarado

Josep Bou, presidente de Empresarios de Cataluña

Ningún vendaval político sale gratis a la economía de un país ni pasa sin dejar secuelas en las empresas y los trabajadores. El “brexit” supuso, en verano del 2016, un retroceso del 0,4 % del PIB británico. La crisis coreana del pasado verano supuso varios días de regresión del Dow Jones. El PIB venezolano experimentó en 2016 su mayor retroceso en décadas. Las razones siempre fueron políticas. La inestabilidad y la inseguridad jurídica siempre suponen un freno para la economía.

En Catalunya la cuestión hoy no se centra en el debate entre beneficios e inconvenientes de la independencia: ese es un estadio superado en el que quedó claro que la salida de España, y en consecuencia de la UE, implicaba un serio retroceso del PIB catalán. Los datos eran tan elocuentes que el argumentario independentista basado en razones económicas fue aparcado. Catalunya vende más a Aragón, con poco más de un millón de habitantes, que a toda Francia. Las empresas catalanas tienen mayor volumen de negocio en Castilla la Mancha que en todo el Reino Unido.

Hoy en Catalunya tampoco se habla de si el llamado ‘procés’ afecta o no a la economía. Eso también está ya claro. La cuestión es cuál va a ser la profundidad de la crisis, la pérdida de oportunidades, las empresas que se van o pasan de largo debido a la irresponsabilidad de intentar romper el marco institucional y jurídico catalán y español.

Según la consultora D&B, durante 2017 Catalunya tiene un saldo negativo mensual de 12 empresas que abandonan Catalunya en relación a las que se implantan en dicha Comunidad Autónoma. Esto podría parecer un dato poco significativo pero gana importancia cuando se constata que Catalunya es la autonomía española líder en fuga de empresas.

Algo parecido ha sucedido con la inversión extranjera. En marzo supimos que la inversión extranjera en Catalunya retrocedía un 1,2 % cuando en la Comunidad de Madrid crecía un 6,3 %.

En los últimos días hemos sabido que estos inversores piden a sus asesores que incluyan en los contratos inmobiliarios y por otros servicios cláusulas de anulación del contrato en caso de que Catalunya abandone España y la UE.

También hemos sabido, por la portada del diario líder en información económica a nivel nacional, que muchas multinacionales han preparado planes de huida exprés de Catalunya en caso de declaración unilateral de la Independencia.

A los datos tangibles hemos de añadir, como efecto colateral del ‘procés, la mala gobernanza y sus efectos en la economía catalana. ¿Qué implica tener una administración paralizada durante años, que no ha aprobado casi ninguna ley en el parlamento catalán excepto, paradójicamente, las de ruptura unilateral? ¿Cuál es el coste de atender las demandas de la CUP y reimplantar tributos o mantener los tramos autonómicos más elevados de todas las regiones españolas? Aún más: ¿cómo cuantificar los efectos en las ventas de la imagen de insolidaridad cuando no abierta aversión al resto de España por parte del Gobierno catalán que algunos, fuera de las cuatro provincias catalanas, podría atribuir al conjunto de la población catalana?

Podemos concluir que solo el haber afrontado los dos últimos años del inacabable ‘procés’ en un marco de fuerte crecimiento ha permitido que los efectos del mismo no se notarán tanto. Es obvio que estamos ante una especie de lucro cesante colectivo que afecta al conjunto de los catalanes.

No se puede reprochar a los empresarios baja combatividad frente al ‘procés’ y al poder político catalán. Más de un 40 % del PIB de nuestro país depende del sector público y la misión de un empresario es hacer crecer su empresa, no meterse en política, pero sí creo que las organizaciones empresariales deberían haber dado una voz de alerta más clara desde hace mucho tiempo y que hoy no deberían ser tan tacticistas.

El ‘procés’ frena el crecimiento, distrae energías fundamentales, frena el empleo, aborta oportunidades de inversión y no trae beneficio alguno. La independencia sería aún peor. Europa vive un momento de reforzamiento, la victoria de Merkel y los aires nuevos de Macron son el resultado de haber aprendido la lección de una mala ampliación al este y del “brexit”. Los empresarios catalanes queremos estar ahí, y no fuera, en un régimen cerrado en manos de grupos autoritarios anti empresa como la CUP.

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