Cataluña: El incierto futuro de la antigua Convergencia

El partido que ha sido el vértice de la política catalana desde que en 1980 se constituyó la autonomía, la antigua Convergencia refundada el pasado año como PDeCAT, encara 2017 con dudas en torno a su liderazgo y a su futuro electoral, mientras sigue "tirando" del proceso de independencia desde el Gobierno autonómico.
El ex presidente catalán, Artur Mas (i), estrecha la mano del nuevo president,  Carles Puigdemont. EFE/Archivo/El ex presidente catalán, Artur Mas (i), estrecha la mano del nuevo president, Carles Puigdemont. EFE/Archivo/

 

Carlos Moral

 

Una vez que el presidente catalán, Carles Puigdemont, ha reiterado que descarta presentarse a la reelección, la formación tendrá que buscar un nuevo cartel electoral. Una de las posibilidades es el expresidente de la Generalitat y líder del PDeCAT, Artur Mas, que ante la negativa de la CUP a apoyarle cedió paso hace un año a Puigdemont para que el proceso soberanista no encallara.
El desgaste de sus años al frente del gobierno (2010-2015) y dirigiendo el partido -fue elegido presidente de CiU en 2004- podría pesar en su contra y favorecer las opciones de otros candidatos, como Neus Munté, portavoz del Gobierno catalán y vicepresidenta del PDeCAT.
Quien asuma el liderazgo no lo tendrá fácil, porque las últimas encuestas publicadas en diciembre pronostican un desplome histórico del partido. Un sondeo de NC Report para el diario La Razón dejaba al PDeCAT como tercera fuerza, con entre 20 y 22 escaños; y otro de El Periódico lo situaba en quinto lugar, con entre 15 y 17.
Unos datos que contrastan con los resultados logrados por los antiguos convergentes en las elecciones catalanas de 2012, la última vez que se presentaron en solitario, cuando ganaron con 50 escaños, o en las de 2010, cuando se acercaron a la mayoría absoluta con 62.
De la erosión que parece estar causando el proceso de independencia a la antigua Convergencia, incluida la ruptura en 2015 de la coalición que mantuvo durante 37 años con UCD y la refundación como PDeCAT, parece beneficiarse ERC, la otra formación que conforma la coalición de gobierno Junts Pel Sí, y que se convertiría en la primera fuerza en Cataluña según todos los pronósticos.
En cualquier caso, el escenario que las encuestas dibujan es muy volátil, porque el pulso que mantiene con el Gobierno central el Ejecutivo catalán, determinado a cumplir su hoja de ruta y convocar un referéndum de independencia en septiembre, hace difícil prever cómo evolucionarán los acontecimientos y las mayorías electorales.
La reunión el martes pasado de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, con el vicepresidente catalán y líder de ERC, Oriol Junqueras, ha enfriado las expectativas de que la voluntad de diálogo que unos y otros invocan vaya a servir para resolver el contencioso.
Si la distancia en torno a las reivindicaciones económicas de la Generalitat es grande, la que provoca el referéndum parece insalvable: el Gobierno catalán se arroga el mandato de las urnas para convocarlo y el de Rajoy descarta cualquier negociación porque “no podemos negociar aquello de lo que no podemos disponer. Es una cuestión que corresponde al conjunto del pueblo español”, en palabras de Sáenz de Santamaría.
Mientras el calendario avanza hacia lo que por ahora se perfila como una inevitable confrontación, el proceso de secesión sigue dictando los tiempos de la política catalana, con un Gobierno inestable y pendiente de la CUP para sacar adelante los presupuestos y una actividad legislativa que muchos consideran exigua -cinco decretos ley y 22 proyectos de ley en un año de gobierno-. EFE

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Publicado en: Análisis