Cataluña, entre lo político y lo judicial

El cuadro político de Cataluña suma un nuevo elemento, en este caso judicial, tras la querella que presentará la fiscalía general del Estado contra el presidente catalán, Artur Mas, por el 9N.
El presidente de la Generalitat, Artur Mas respaldo por los miembros de su Govierno, el conseller Francesc Homs y la vicepresidenta Joana Ortega y porEl presidente de la Generalitat, Artur Mas respaldo por los miembros de su Govierno, el conseller Francesc Homs y la vicepresidenta Joana Ortega y por el presidente de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras tras una reunión el 3 de octubre con los partidos pro consulta. EFE/Archivo/Marta Pérez

La querella se interpondrá pese a la oposición inicial de los fiscales del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ante la ausencia de una orden concreta del Tribunal Constitucional de frenar la consulta independentista.
Con ello siguen los desencuentros entre el Gobierno central y la Generalitat aunque se cumple la ley, mientras unos y otros disparan sobre el contrario y si unos acusan a los fiscales catalanes de estar “contaminados” por el ambiente catalán y tener miedo al nacionalismo, otros definen la querella como un grave error político y un ataque contra el pueblo catalán.
Pero mas allá de los debates acerca de la conveniencia o no de esta medida y sus consecuencias prácticas, que debido a la lentitud de la Justicia tardará tiempo en resolverse, lo que resulta evidente es que tanto a Mas como al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, les interesa de momento mantener sus posiciones y esperar, pese a todas las presiones en contra que hablan de dar paso a la “política” antes de que se estreche aún más el margen de negociación.
El presidente del Gobierno, en un aparente cambio de estrategia, dijo desde la cumbre del G-20 de Australia que tal vez no se había explicado bien en el caso catalán, y anunciaba un próximo viaje a Cataluña, mientras que en las Cortes decía al PSOE que concretase su oferta de “federalismo” y explicase sus diferencias con el actual estado de las autonomías.
Pero también a Mas le conviene pisar el freno tras lograr que 2,3 millones de catalanes votasen superando la suspensión del Constitucional con astucias variadas y nulas garantías democráticas, lo que le ha servido para recuperar el liderazgo del soberanismo que Junqueras le quitó en las pasadas elecciones europeas, aparte de ganar la batalla mediática.
Primero para seguir con su tarea de reconstrucción del “partit del president” (el partido del presidente) y olvidar todo pujolismo, en un intento de aunar el independentismo con el descontento de muchos sectores por la crisis económica, un voto transversal que siempre ha encabezado ERC en Cataluña.
Segundo porque las elecciones autonómicas pueden evidenciar un nuevo retroceso de los votos de Mas aunque ganase por la mínima al líder de Esquerra, y tercero, porque si algo ha puesto en evidencia la votación del 9-N es que 2,3 millones de votantes son muchos, pero representan el 37% de los catalanes que podían votar y un poco más que los 2,1 millones que obtuvieron los cuatro partidos pro consulta (CiU, ERC, ICV y la CUP) en las elecciones autonómicas del 2012.  EFE

 

 

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