Caso Miami. Si yo fuera Tebas estaría seriamente preocupado

La partida que acaba de comenzar se me antoja épica, como las que se celebraban en el reservado de cualquier Saloon del Oeste americano que solían finalizar al amanecer con un disparo entre ceja y ceja de uno de los jugadores.
El expresidente del Deportivo de La Coruña, Augusto César Lendoiro. EFE/Archivo/CabalarEl expresidente del Deportivo de La Coruña, Augusto César Lendoiro. EFE/Archivo/Cabalar

 

Augusto César Lendoiro, expresidente del R.C. Deportivo

 

En el fútbol español cada día que pasa la foto de la unión, que desde hace años se anhela, está más lejana. La apuesta arrogante del presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Javier Tebas, en el sentido que, sí o sí, se disputará en Miami el encuentro Girona-Barcelona y la respuesta inmediata del presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, en sentido contrario, ha provocado el debate, un alud de opiniones enfrentadas sobre las ventajas e inconvenientes de esa pretensión de La Liga.

Una buena parte de medios se ha manifestado a favor, haciendo suya la teoría oficialista que asegura que contribuiría a mejorar la imagen y los ingresos futuros de nuestro fútbol. Otro sector, los que se posicionan abiertamente en contra, suelen basarlo en el eco internacional en favor del independentismo. Una tercera posición son los que se limitan a informar y aguardan expectantes la decisión definitiva que adopten la Federación, la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) y el Gobierno.

Yo propondría una cuarta vía, la de un imaginario “gobierno de concentración”. Defendería la legalidad, Incluiría las ventajas de la tesis de la patronal; silenciaría el altavoz internacional secesionista; ratificaría el derecho de los abonados del Girona y evitaría el choque entre RFEF y LFP.

De una vez por todas La Liga tiene que asumir que, sin la aprobación de la Asamblea de la RFEF de los artículos afectados, es imposible que se pueda disputar el Girona-Barcelona en otro campo que no sea Montilivi, sea en EEUU o en España. Lo prohíbe la ley. Por eso Rubiales ha marcado ya su territorio y le ha prohibido a Tebas acceder a su “finca” (RFEF) porque carece de derecho “de paso”.

Aduce el mandatario de la patronal que si la última Supercopa se disputó en Tánger, sería algo parecido el Girona-Barcelona en Miami. Son casos distintos. Se olvida que lo de Tánger fue un cúmulo de improvisaciones -con decisiones que todavía pueden producir consecuencias deportivas y económicas no deseadas-, quizás derivadas de la urgencia y de las fechas limitadas por la pretemporada del Barca y la Europa League del Sevilla … pero ni existían posibles terceros perjudicados, ni surgieron divergencias entre RFEF, LFP y AFE, ni existían dificultades políticas.

Tánger, una vez subsanados los defectos legales del pasado verano, puede servir como ejemplo porque, si existió entonces sintonía entre Federación, Liga y AFE para disputar la Supercopa en el extranjero, no tiene por qué no suceder ahora lo mismo.

Parece, pues, fácil llevar la Supercopa a Miami. Tan sólo se necesita modificar, en Asamblea de la RFEF, su reglamento permitiendo disputarla desde 2019 a partido único en terreno neutral, bien en España o en el extranjero, entre los equipos Campeones de Liga y Copa del Rey, y así poner en el escaparate internacional lo mejor del fútbol español.

Con esa decisión “gana el fútbol”. Gana La Liga porque podría cumplir el contrato con Relevent Sports de jugar un partido oficial durante 15 años -curiosamente a Tebas sólo le restan tres de mandatos cosa que, sin la anuencia de RFEF y AFE, no se podría producir. Es más, se pasaría del incumplimiento a la excelencia -incluso Relevent Sports podría mejorar su oferta económica- al estar en condiciones de ofrecer uno de los encuentros más apasionantes de la Marca España-Fútbol, porque sería fácil que, en los 15 años convenidos, se jugara más de un Madrid-Barca … en disputa de un título oficial y no de un trofeo de verano.

Ganan los clubes y la propia Liga en transparencia, al designar a los participantes por sus méritos deportivos y no por el dedo del amigo, y ganan en la protección del derecho de los abonados. También ganan los clubes que gozarían de unos cachés inmejorables, evitarían un largo viaje a los jugadores en plena temporada, con jet lag incluido; conocerían la fecha exacta de celebración del encuentro y podrían diseñar su pretemporada sin sobresaltos.

Gana la Federación, que resolvería el grave problema de legalidad; eliminaría una fecha en su cargado calendario; fijaría un día concreto para ese encuentro -algo que le ha costado en estos años- y percibiría un gran beneficio económico como organizadora de la Supercopa, que serviría de importante apoyo al fútbol no profesional, por cuanto Javier Tebas ha reiterado, de forma inequívoca, que el objetivo que persigue La Liga no es económico, sino reforzar la Marca España y la imagen de nuestro fútbol.

Pero, a pesar de las indiscutibles ventajas que ofrece disputar la Supercopa, uno no puede ser optimista. La partida ya ha comenzado y los jugadores ni se miran. Uno, Rubiales, sonríe, lleva las cartas -tiene todos los ases en la mano- y otro, Tebas, va de farol, pero tiene los cuartos. Se da cuenta que el terreno que pisa es de arenas movedizas, pero haciendo honor a su condición de baturro persiste en su farol. Nadie duda que la partida la ganará Rubiales, pero ¿se llevará todo el “resto” de Tebas?.

En conclusión, esta guerra no favorece en absoluto a Tebas. Si insiste en el Girona-Barca -que RFEF, AFE y Gobierno amenazan con prohibirlo- no sólo incumplirá el contrato con Relevent Sports, sino que pondrá en bandeja a Rubiales capitalizar en solitario la organización en EEUU o Asia de ese gran partido por el título de la Copa de Campeones y, al tiempo, relanzar la Marca España. Lo dicho. Si yo fuera Javier Tebas estaría seriamente preocupado con esta batalla. Puede perder los barcos … y la honra.

Y recuerdo que el 30 de junio de 2019 finaliza el convenio por el que la RFEF tiene otorgado en La Liga el poder fijar los días y horarios de los encuentros, cuando la patronal ya ha vendido para los tres próximas temporadas los derechos televisivos de Liga y Copa. ¿En qué condiciones?. !Ay que miedo! que diríamos en mi tierra.
NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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