El capitalismo global interactivo

Mi primera colaboración con esta excelente iniciativa iberoamericana de la Agencia EFE es sobre la aventura intelectual que lleva ocupándome buena parte de la vida: el capitalismo global interactivo.
Ramón Casildar, economista y profesor universitario.Ramón Casildar, economista y profesor universitario.

Ramón Casilda Béjar, economista y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid)

El capitalismo global interactivo (en adelante CGI) surge de un proceso evolutivo no demasiado lejano a partir de la línea divisoria situada en 1968, con la revolución cultural de trasfondo, cuyo epicentro fue el mayo francés. También resultó ser un año de gran agitación social, con la erupción de levantamientos estudiantiles y otras manifestaciones de protestas mundiales que se extendieron hasta finales de 1980.

Con el mayo francés terminó una época de la historia del mundo para dar comienzo a otra nueva, caracterizada por la caída del Muro de Berlín en 1989 y la progresiva desaparición de la URSS, que comenzó a principios de 1985 y finalizó con su propia extinción y la independencia de sus quince repúblicas en 1991.

Claramente, 1968 representa la “gran línea divisoria”, porque marcó, a la vez, el apogeo y el final del largo período de posguerra en el que se produjo un rápido crecimiento económico en Europa y los países industrializados occidentales. Fue en esa época, además, cuando comenzó a aparecer una conciencia pública, general y clamorosamente expresada, respecto a los problemas del “medio ambiente” con sus serias, amplias y profundas consecuencias.

Esta línea divisoria finaliza con la crisis de 2007, donde puede situarse la “partida de nacimiento” del capitalismo global interactivo. Mi hipótesis es que el mundo, sumido en una inédita “crisis” bautizada como la Gran Recesión –larga, dura y compleja–, es fuente de un malestar, una inestabilidad y una incertidumbre que, paradójicamente, ofrece una nueva oportunidad para la reinvención del capitalismo.

La anterior reinvención del capitalismo se produjo tras el final de la Segunda Guerra Mundial, de manera especial en Europa con el Estado del Bienestar, mediante el pacto fructífero entre los partidos conservadores (liberalismo social) y los partidos de izquierdas socialdemócratas (socialismo reformista), que reconocían en toda su dimensión a la economía de libre mercado, frente a la economía de planificación central.

Insisto: la crisis ofrece otra nueva oportunidad para la reinvención del capitalismo, que históricamente dará paso al CGI, donde adquieren un protagonismo central cuatro fuerzas propulsoras: la globalización, las empresas multinacionales, las tecnologías de la información y la comunicación, y el conocimiento.

Es importante destacar que estas fuerzas de ninguna manera actúan aisladamente; todo lo contrario: interactúan y se refuerzan mutuamente. La globalización moviliza el capital, integra la producción, los mercados y concentra ampliamente la actividad económica internacional. Las empresas multinacionales son consideradas las principales promotoras de la internacionalización y la globalización. Las tecnologías de la información y comunicación son el pegamento y las aceleradoras de la globalización, siendo fuentes constantes de innovación en un amplio y profundo sentido. Y el conocimiento, siempre presente en la economía, aunque con mayor intensidad desde hace medio siglo, hace posible acelerar la innovación.

En definitiva: el capitalismo global interactivo consiste en la creciente interactividad de las distintas economías nacionales, dentro de un mercado global impulsado por las empresas multinacionales, interconectado profundamente por las tecnologías de la información y comunicación que hacen posible un espíritu empresarial innovador, por donde fluye el conocimiento con una intensidad nunca antes conocida.

El CGI superará al misterio aterrador y al misterio seductor del capitalismo (mysterium tremendum, mysterium fascinosum). Lo hará mediante las cuatro fuerzas propulsoras que no sobresalen una más que otra sino que se refuerzan mutuamente.

El CGI incorpora una evolución de la economía de mercado que le permite superar los vaivenes incontrolados de un sistema increíblemente complejo de flujos financieros, algoritmos digitales, especulación y corrupción.

El CGI es el paso evolutivo que reclama socialmente la economía de mercado, y en este paso, además de las cuatro fuerzas propulsoras, se encuentra la ecología, que se interpone ante el fatídico colapso de los ecosistemas que marcan la vida del planeta, cuyos habitantes reclaman no seguir poniendo a prueba la “resilencia económica” del ser humano.

El CGI incentivará al sector privado para que se aleje del miedo que le distancia del Estado, respecto a su “capacidad” para tomar decisiones activas en la “dirección del cambio”, lo cual exige una visión innovadora de la colaboración pública-privada que estimule la competitividad, el crecimiento y el bienestar social. Además, los importantes y grandes retos socioeconómicos, tales como el cambio climático y el envejecimiento de la población, sin duda requieren un papel activo dentro de la colaboración pública-privada.

El CGI responde a las necesidades de un mundo que reclama mayores dosis de compromiso, transparencia y credibilidad para afrontar los serios problemas que plantean la desigualdad y la pobreza. Dicho de otra manera, se establecerá a nivel mundial un capitalismo transformador mediante reformas que traerán consigo mayor igualdad y derechos sociales para todos. No será el fin del capitalismo, sino la aparición de un capitalismo más equitativo.

El CGI cruza una nueva frontera que nos sitúa ante una nueva dimensión, no solo mejor, sino más solidaria y más humana, donde surgen nuevas oportunidades, nuevas posibilidades y nuevas ideas en las que no se había pensado antes, que desencadenaran tiempos de cambio y transición, que agudizan nuestra sensibilidad, fortaleza e invención.

El CGI establece propuestas que proyectan una auténtica democracia sobre el interés colectivo y el bien común de los ciudadanos, cuyos principios ya se encuentran establecidos en la Declaración Universal de las Naciones Unidas (1948).

Una vez más, lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba del todo de nacer, con lo que se crea un entorno complejo, inestable, y un ambiente de cambio sobre el que tendrá que construirse el CGI, cuya capacidad para desarrollarse de manera solidaria, sostenible y democrática representa la respuesta a las necesidades más profundas del hombre.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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