Cambio climático, seis claves sobre la cumbre de la ONU en París

A partir del lunes 30 de noviembre, más de 190 gobiernos se darán cita en París contra una amenaza sin fronteras, creciente e insidiosa: el cambio climático Entre extraordinarias medidas de seguridad tras la ofensiva terrorista lanzada el pasado 13 de noviembre contra la capital de Francia, la cumbre convocada por Naciones Unidas aspira a materializar un nuevo acuerdo internacional para reducir las emisiones contaminantes vinculadas al calentamiento global.
Globos imitando a moléculas de CO2 son portadas por unos jóvenes para reivindicar la luchas contra el cambio climático. EFE/Mast IrhamGlobos imitando a moléculas de CO2 son portadas por unos jóvenes para reivindicar la luchas contra el cambio climático. EFE/Mast Irham

 

Jesús R. Martín 

Ante un reto sin fronteras que cada vez inspira menos escepticismo, la línea roja debatida en París insiste en no permitir una subida de la temperatura media del planeta más allá de los 2 grados Celsius para finales del siglo.
Aunque en el fondo, la cita se presenta como un examen sobre la forma en que funciona la economía mundial a partir de combustibles fósiles, desde la agricultura a la industria pasando por el consumo.
A modo de tarjeta de bienvenida para la reconfirmada cumbre COP 21, los principales líderes del mundo se encontrarán con datos como que las temperaturas registradas durante el mes de octubre de 2015 han vuelto a superar toda clase de inquietantes plusmarcas.
De acuerdo al último estudio publicado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, este octubre ha sido el más caluroso nunca registrado y el sexto mes consecutivo que presenta un récord de temperaturas más allá del anticipado impacto de El Niño.

1.- COP 21 
Técnicamente la cita de París es la vigésimo primera Conferencia de las Partes (COP21), que reúne a los 195 países signatarios de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).
El proceso negociador que debería culminar en París comenzó en la ciudad sudafricana de Durban en 2011, con el objetivo de producir un nuevo acuerdo para fortalecer la respuesta global ante el reto del cambio climático. Este nuevo acuerdo debería incluir compromisos concretos -los actuales caducan en el 2020- para reducir las emisiones contaminantes responsables del efecto invernadero, afrontar el impacto negativo del cambio climático y ofrecer ayuda a los países más necesitados.
La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático arrancó en 1992 hasta alcanzar una participación casi universal. Este tratado supone la fundación de los esfuerzos para combatir el cambio climático.
La cita de París definirá cómo cada país implementará sus obligaciones a partir del 2020 bajo los términos formulados por la UNFCCC.
Como línea roja asumida por un número cada vez mayor de gobiernos, el objetivo barajado en esta cumbre insiste en un compromiso internacional para impedir una subida de temperaturas global superior a los 2 grados Celsius para finales del siglo. Aunque los Estados más expuestos querrían rebajar ese objetivo a 1,5 grados.
Junto a los esfuerzos de mitigación, en la COP21 de París también se abordará el tema de las políticas de adaptación. Para ayudar a que los países más vulnerables puedan prepararse para el cambio climático, se debate la creación del Fondo Verde para el Clima, que a partir de 2020 debería contar con una ambiciosa financiación a través de donaciones de los países más desarrollados por valor de 100.000 millones de dólares anuales.

2.- CO2 

El clima de nuestro planeta ha estado sometido a constantes fluctuaciones a lo largo de su historia geológica. La temperatura media global en la actualidad se sitúa en torno a los 15 grados Celsius aunque las evidencias científicas apuntan a que en el pasado ha oscilado tanto al alza como a la baja.
El problema es que la actual tendencia hacia mayores temperaturas -un calentamiento global aceptado cada vez con menos escepticismo- está ocurriendo de forma más acelerada que anteriores oscilaciones. El consenso científico insiste en que esa variación más rápida está siendo impulsada por la humanidad, con graves implicaciones para la estabilidad climática de la Tierra.
Este cambio de consecuencias catastróficas se vincula directamente a los gases de efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono (CO2), producto de combustibles fósiles.
Estas emisiones contaminantes tienden a acumularse en la atmósfera terrestre y a atrapar más de lo necesario una parte de la energía procedente del Sol. Sin niveles naturales de los gases de efecto invernadero, la vida tal y como en la Tierra la conocemos sería imposible, ya que las temperaturas serían demasiado frías.
El problema es que la industrialización del mundo ha tenido como consecuencia un aumento del 30 por ciento en la concentración de esos gases. De acuerdo a los estudios realizados por al Organización Meteorológica Mundial, la concentración de CO2 en la atmósfera terrestre alcanzó el año pasado las 397,7 partes por millón (ppm).

3.- Consecuencias reversibles 

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) estima que en ausencia de medidas que mitiguen el actual ritmo de emisiones, la temperatura media global subirá para el año 2100 entre 3,7 y 4,8 grados en comparación al nivel preindustrial.
Esta alteración tendrá impacto directo no solo en vegetación y animales sino también en los crecientes niveles del mar y niveles de acidificación. Además de una proliferación de fenómenos climáticos extremos, desde inundaciones a sequías, con letales y dramáticas consecuencias.
Los científicos del IPCC insisten en que existe un cambio climático inevitable por los gases de efecto invernadero emitidos sobre todo desde los años setenta del siglo pasado.
La opción que se barajará en la cumbre de París pasa por limitar ese incremento de temperaturas a dos grados Celsius para 2100 con respecto a niveles preindustriales. De esta forma se podría evitar un punto sin retorno y la multiplicación de grandes desastres naturales.

4.- París no es Kioto 
El acuerdo esperado de la cumbre de París aspira a ser mucho más trascendente que el Protocolo de Kioto. Ese acuerdo formalizado en 1997 estableció objetivos de emisiones solo para países desarrollados.
Precisamente esa fue la principal razón por la que Estados Unidos optó por no participar en ese pacto que entró en vigor en 2005. Al final, solamente 37 países asumieron ese acuerdo -incluidos 28 miembros de la Unión Europea- con responsabilidad limitada a un 12 por ciento de las emisiones producidas en todo el mundo.
Los países en vías de desarrollo, con China a la cabeza, argumentaron ante el desafío de Kioto que su viabilidad económica no podía verse comprometida por la lucha contra el cambio climático. En este sentido se espera que el renovado esfuerzo de París incluya compromisos de mitigación por parte de todos los miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Otra diferencia destacada es que los compromisos de Kyoto eran legalmente de obligado cumplimiento. En contraste, el acuerdo negociado en París con vocación de perdurar hasta el 2050 no se plantea imponer metas a cada país para la reducción de CO2.
Como alternativa se ha optado porque cada gobierno, de forma voluntaria, presente sus propios compromisos de reducción de emisiones, con independencia de sus respectivos niveles de desarrollo económico.
Hasta la fecha, cerca de 170 países responsables del 95 % de las emisiones han remitido a Naciones Unidas compromisos de reducción de emisiones (conocidos en la jerga de negociaciones como INDC: Intended Nationally Determined Contribution). La suma de todas esas contribuciones, de acuerdo a las estimaciones de la ONU, no sería suficiente, ya que se traducirían en un aumento de temperatura del 2,7 grados para finales de este siglo.

5.- Obama, Facebook y regulaciones 
El presidente de Estados Unidos ha incorporado la lucha contra el cambio climático como una pieza clave de su recta final en la Casa Blanca.
Su reciente debut en Facebook estuvo dedicado precisamente a la necesidad de lograr el mejor acuerdo posible en la cumbre de París y rectificar la cuestionada ausencia de Estados Unidos en el Protocolo de Kioto. Según Obama, “el cambio climático ya no es un problema para otra generación”. Y por eso, su Gobierno ha decidido predicar con el ejemplo.
Este verano, la Administración Obama ha impulsado una serie de nuevas regulaciones medioambientales encaminadas a recortar de forma significativa la aportación contaminante al efecto invernadero que realiza la mayor economía del mundo.
En última instancia, esas nuevas regulaciones aspiran sobre todo a transformar la industria eléctrica de Estados Unidos, ya que supondrían el cierre de cientos de plantas generadoras de electricidad a partir de carbón, congelaría la construcción de nuevas plantas de este tipo y supondría una expansión de las energías renovables.
Si estas reformas superan toda una serie de anticipados retos judiciales, legislativos y políticos se convertirían en la acción más importante adoptada por Estados Unidos para combatir el cambio climático, mucho más allá de las medidas planteadas en 2012 y 2014 por la Agencia de Protección Ambiental (EPA).
Se espera que al menos 25 de los 50 Estados de la Unión se coordinen para litigar contra la nueva política de la Administración Obama hasta llegar al Tribunal Supremo.

6.- La cooperación de China 
Además de rectificar la ausencia de Estados Unidos del Protocolo de Kioto, el esfuerzo de la cumbre de París también espera contar con la cooperación de China. A finales del año pasado -tras nueve meses de discretas negociaciones y pese a su rivalidad económica y comercial- Washington y Beijing llegaron a un acuerdo para hacer causa común en la lucha contra el cambio climático.
Además de los compromisos asumidos por la Administración Obama, el régimen chino ha aceptado por primera vez el objetivo de impedir el crecimiento de sus emisiones contaminantes a partir del 2030.
La intención de la Casa Blanca es que Estados Unidos para 2020 reduzca entre un 26 y 28 por ciento sus emisiones de CO2 con respecto a los niveles de 2005. El compromiso de China, que carece de las incertidumbres a las que se enfrenta la Administración Obama, sería todavía más relevante, ya que supondría alcanzar un máximo para 2030, y quizá antes.
Para ello, las renovables tendrían que alcanzar en los próximos quince años un 20 por ciento de la producción total de energética del gigante asiático.
Ese acuerdo bilateral entre el primer emisor mundial de CO2 (China) y el segundo (Estados Unidos) estaría sirviendo como pieza fundamental para conseguir que la cita de París no quede relegada al capítulo de las oportunidades perdidas como ocurrió con la cumbre de Copenhague de 2009.
De no producirse un acuerdo en París, los compromisos voluntarios de muchos países seguirían adelante pero la reputación de Naciones Unidas como la institución más adecuada para organizar respuestas globales ante problemas globales quedaría seriamente dañada. EFE 

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