BRASIL GOBIERNO

Brasil y el poder de sus vicepresidentes

Desde que Brasil recuperó la democracia en 1985, los vicepresidentes han tenido un papel más que protagonista al asumir el poder en tres ocasiones, por lo que su figura se presenta como fundamental para las decisivas elecciones del 7 de octubre.
(i-d) Ana Estela Haddad,  el candidato a presidente de Brasil Fernando Haddad, la aspirante a vicepresienta Manuela D'ávila y la expresidenta Dilma R(i-d) Ana Estela Haddad, el candidato a presidente de Brasil Fernando Haddad, la aspirante a vicepresienta Manuela D'ávila y la expresidenta Dilma Rousseff, durante un acto de campaña del Partido de los Trabajadores en Curitiba. EFE/Hedeson Alves

Por Carlos Meneses Sánchez
En apenas tres décadas, tres jefes de Estado de la mayor economía de Suramérica tuvieron que ceder su lugar a su segundo por diferentes motivos.
El caso más reciente ocurrió en 2016, cuando Dilma Rousseff fue destituida por el Congreso a través de un juicio político por irregularidades en el manejo de los presupuestos.
Su lugar lo ha ocupado desde entonces Michel Temer, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) y quien terminó muy molesto con su antigua jefa, a la que acusó de tratarle como un “vice decorativo” meses antes de su “divorcio” político.
El rol destacado de los vicepresidentes ya quedó manifiesto en los albores de la redemocratización tras dos décadas de dictadura militar (1964-1985).
La muerte por enfermedad de Tancredo Neves -elegido indirectamente en 1985 por el Congreso- días antes de su asumir el cargo provocó que su vicepresidente, José Sarney, tomará las riendas del país en plena transición.
Sarney gobernó entre 1985 y 1990 e impulsó las primeras elecciones directas tras la dictadura, las cuales llevaron al poder a Fernando Collor, quien renunció en 1992 antes de que el Congreso lo destituyera debido a un escándalo de corrupción.
Fue entonces cuando de nuevo un vicepresidente, Itamar Franco, comandó el país hasta 1994.
Sarney, Franco y Temer fueron o son afiliados del MDB, la mayor fuerza política del país.
Antes de 1985 otros vicepresidentes ascendieron de puesto como Joao Goulart, quien asumió tras la renuncia de Janio Quadros y fue además el último presidente antes del golpe de 1964. Joao Café Filho también comandó Brasil un pequeño periodo tras el suicidio de Getulio Vargas en 1954.
“La dinámica de la política brasileña causa bastante inseguridad, entonces la figura del vicepresidente, que siempre puede ser alguien que realmente puede asumir el poder, es bastante importante”, indicó a Efe el filósofo político Luiz Bueno, profesor de la Fundación Armando Alvares Penteado (FAAP).
En estas elecciones habrá un total de 13 candidatos a vicepresidente, cinco de ellas mujeres y con un amplio abanico de opciones entre un general retirado, una activista indígena, empresarios, profesores y senadores.
Para Bueno “los candidatos a vicepresidente no parecen estar desempeñando el papel que se esperaba de ellos”, ni destacando, “con la única excepción” del de Jair Bolsonaro, “pero para mal”.
El general retirado Hamilton Mourao es el compañero de fórmula del líder en los sondeos, el ultraderechista Bolsonaro, y a su vez el que más titulares ha ocupado en esta campaña por sus controvertidas declaraciones.
Recientemente afirmó que las familias “sin padre ni abuelo” y solo con “madre y abuela” son una “fábrica de elementos desajustados”.
Mourao, de 65 años, ya se mostró a favor, en medio del juicio político a Rousseff, de una “intervención militar” en caso de que el “caos” se instalase en Brasil.
La comunista Manuela D’Ávila es la segunda favorita para vivir en el Palacio de Jaburu de Brasilia -residencia oficial para los vicepresidentes- de una fórmula que encabeza Fernando Haddad, sucesor del encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.
“Quien va a tirar a Temer de Jaburu soy yo”, aseveró en un mitin.
D’Ávila, de 37 años y formada en Periodismo, está vinculada a la política desde que tenía 23, cuando fue elegida concejala en la ciudad de Porto Alegre, y fue la responsable del texto del Estatuto de la Juventud. Es además una ferviente feminista.
El laborista Ciro Gomes, tercer favorito, escogió a Kátia Abreu, de 56 años, empresaria del sector ganadero y una senadora muy ligada al agronegocio, que provocó que Greenpeace la bautizase como “Miss Deforestación”.
Abreu fue ministra de Agricultura con Rousseff, a la que defendió durante el proceso de destitución, es contraria a la despenalización del aborto y apoya el uso de armas en el campo.
“No encuentro justo alguien estar armado hasta los dientes y la población totalmente abandonada”, aseguró en una entrevista.
La también senadora Ana Amélia, de 73 años y quien acompaña al socialdemócrata Geraldo Alckmin, se hizo conocida por sus duras críticas al PT hasta el punto de elogiar los ataques con piedras contra la caravana que realizó Lula por el sur del país antes de ser preso por corrupción.
También figura la líder indígena Sonia Guajajara, de 44 años y compañera del líder de los Sin Techo, Guilherme Boulos, entre otros candidatos a vicepresidente o a inesperado presidente. EFE

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Publicado en: Análisis