Blockchain: la tecnología incógnita

La resistencia al cambio es una de las tendencias naturales de las personas, también de los periodistas. Cuando alguien vino a decirnos que sustituyéramos la vieja máquina de escribir por el ordenador, hubo decenas, cientos de periodistas que se agarraron a la Olivetti como si con ello pudieran aferrarse a un modelo de periodismo que empezaba a extinguirse. Esa misma resistencia al cambio nos hizo entender tarde internet, los medios on-line, las redes sociales.
Rosa Matías, directora de proyectos de Wellcomm y directora de Comunicación Digital en Silvia Albert in company. Rosa Matías, directora de proyectos de Wellcomm y directora de Comunicación Digital en Silvia Albert in company.

Rosa Matías, directora de proyectos de Wellcomm y directora de Comunicación Digital en Silvia Albert in company

 

Y aquí estamos, en el actual escenario en el que unos pocos actores, grandes plataformas como Google o Facebook, se hacen de oro con nuestras informaciones, con nuestros lectores, con nuestros clientes, y gozan de un poder omnímodo sobre nuestras audiencias.

Una de las ideas más representativas del pensamiento de autores y público expuesta durante la presentación del IX Informe de perspectivas wellcomm de la comunicación es que blockchain ofrece alternativas frente a ese escenario actual del periodismo. Un escenario en el que plataformas ajenas a lo periodístico se lucran con ello, y además lo hacen gracias a obtener los datos de segmentación que las audiencias entregan, gratis et amore, sin darse ni cuenta y sin percibir ningún beneficio de la valiosísima información que dan sobre su vida, sus gustos y sus gastos.

Bancos y grandes empresas están ya intentando controlar esta tecnología que, por definición, no confía en verificadores centralizados sino en nodos públicos y descentralizados, y esa puede ser la gran aportación. Sería el equivalente a comparar el potencial de una intranet con el de internet: nada que ver.

En el sector de la comunicación, la gran pregunta es si las agencias vamos a seguir siendo necesarias una vez que la desintermediación sea el estándar de relación entre empresas y públicos, entre medios y lectores. ¿Seguirá habiendo profesionales que deban elaborar estrategias, mensajes y relaciones? Yo creo que sí, pero aún no sabemos cómo. Debemos trabajar con desarrolladores que entiendan bien la tecnología y a los que tendremos que explicar bien en qué consiste nuestra apuesta de valor, y cómo trabajar en cada caso particular (en cada cliente, en cada servicio que prestamos, en cada público) para encontrar soluciones adecuadas.

Al final, y contra lo que pudiera parecer, blockchain no nos crea un problema: lo que plantea son soluciones distintas a problemas que ya existen. En la medida que seamos capaces de definir bien el problema y hagamos las preguntas adecuadas, podremos tener buenas respuestas que aprovechen la desintermediación y la descentralización en favor de una mejor comunicación. En el caso de los medios, está claro que el modelo de negocio puede venir por ahí, porque desde luego no parece que vaya a llegar a través de la publicidad y de los suscriptores, o no sólo.

Hay aspectos en los que va a ser vital contar con un legislador bien informado, y ahí vemos un gran papel para los actores de asuntos públicos. A los representantes públicos que aún hoy están lejos de entender bien la comunicación digital, no va a ser fácil explicarles una tecnología como blockchain, y más difícil aún será que legislen para aplicar algo cuya base ideológica es eliminar la función reguladora de los gobiernos. Me gusta poner el ejemplo de la innovación sanitaria. La privacidad de los datos de los pacientes es un tema muy sensible y ya se están haciendo estudios sobre cómo utilizar blockchain para gestionar datos de pacientes en bases de datos descentralizadas, más seguras y sin intervención humana.

También salieron a relucir otros aspectos negativos o dudosos de una tecnología aún en ciernes, y de la que sabemos explicar poco. Aspectos como la privacidad, ante un sistema capaz de rastrear con total precisión quién es quién en cada acción. Aspectos como la desaparición de intermediarios, sí, que deja al periodista convertido en autónomo que no trabaja para un cliente grande, o varios, sino para miles de lectores que pagarán unos céntimos si leen su artículo. O el consumo de energía que supone un sistema que la utiliza en grandes cantidades justo cuando la humanidad tiene que pensar en la descarbonización y la reducción de emisiones.

Si blockchain será o no un estándar como lo es hoy trabajar en red y enviar correos electrónicos, el tiempo lo dirá. Que las grandes compañías están apostando por ello y que actores de enorme poder como bancos, compañías energéticas y telecos han decidido tomar las riendas antes de perder un tren importante para su futuro debería hacernos pensar que algo grande está a punto de comenzar. Y, esta vez, convendría que la comunicación y el periodismo no fueran los últimos en enterarse.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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