Ben Bradlee, el periodista que engrandeció el “Washington Post”

Ben Bradlee, el que fuera director de "The Washington Post" durante 26 años, fallece a los 93 años, en su casa de Washington.
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Graduado en Harvard, comenzó repartiendo periódicos en su Massachusetts natal y terminó convirtiendo una redacción mediocre en la referencia que es hoy The Washington Post: una cabecera que transformó con su carácter brusco, su liderazgo inspirador y una férrea obsesión por la verdad.

Periodista insigne,  su etapa dorada la vivió de hecho al frente del Post, donde ejerció como director entre 1965 y 1991: 26 años en los que hizo historia con la publicación de los Papeles del Pentágono y el escándalo del “Watergate”.

El del “Watergate” fue uno de los 17 Premios Pulitzer que el diario ganó bajo su dirección. Los suyos fueron años de liderazgo en los que duplicó la tirada del rotativo (de 446.000 ejemplares a 802.000), dobló la nómina de empleados hasta los 600 trabajadores e incrementó el presupuesto consagrado a la información de tres a setenta millones de dólares.

Junto a la gloria, Bradlee también tuvo sus momentos de humillación. El mayor disgusto se lo dio una prometedora joven periodista, Janet Cooke, que fue contratada por ser afroamericana y tener brillante historial académico, pero se inventó un magnífico reportaje de un niño adicto a la heroína.

El espeluznante texto de Cooke ganó un premio Pulitzer, un galardón que con enorme sonrojo tuvo que devolver Bradlee al confirmarse la falsedad de la historia. Fue el peor momento de su carrera.

Quienes trabajaron con él recuerdan su ironía, que no cinismo, y un agudo sentido del humor. Su capacidad para motivar a los jóvenes redactores era única, a pesar de la conocida brusquedad con la que lanzaba su orden favorita: “conseguid la historia, y conseguidla bien”.

Su gran personalidad quedó inmortalizada en la célebre película “Todos los hombres del presidente” (“All the President’s Men”, 1976), la adaptación del libro homónimo en el que Woodward y Bernstein relatan la investigación del “Watergate”.

Bradlee dejó oficialmente la dirección del Post en 1991 pero siguió yendo cada mañana a la oficina durante años como vicepresidente honorífico. Su mesa era una parada habitual en la visita a la redacción de las nuevas incorporaciones: historia viva de un gran diario.

En los últimos años su salud fue deteriorándose a causa del Alzheimer. Sally Quinn, su tercera esposa y también periodista, reveló en septiembre que al legendario director le quedaba poco tiempo de vida.

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Publicado en: Obituarios