GRECO 2014

Arranca el IV centenario de la muerte de El Greco

Un concierto de campanas de 25 campanarios de Toledo, a cargo del músico valenciano Llorenç Barber, y un espectáculo pirotécnico abren esta tarde los actos del IV centenario de la muerte del artista cretense que alcanzó todo su esplendor en la capital manchega, donde acabó sus días.
'Las lágrimas de San Pedro'. EFE/Archivo/Javier Cebollada
"Las lágrimas de San Pedro". EFE/Archivo/Javier Cebollada

El Museo toledano de Santa Cruz ofrece la mayor retrospectiva del artista de origen griego, de nombre auténtico Doménikos Theotokópoulos. La muestra, abierta hasta el 14 de junio, forma parte del año internacional de celebraciones que, en España, también incluyen las exposiciones “El Greco y la pintura moderna” y “Del Renacimiento al Expresionismo” que acogen el Museo del Prado y del Thyssen-Bornemisza, respectivamente.

El Greco (Doménikos Theotokópoulos) nació en 1541 en Creta (Grecia) y falleció en 1614 en Toledo (España).

El pintor manierista fue un genio “incomprendido” en los casi tres siglos que siguieron a su muerte.

El alargamiento de las figuras y la luz que sale de ellas confieren ese misticismo tan característico en su obra.

En su producción pictórica figuran “El entierro del Conde de Orgaz”, “El caballero de la mano en el pecho”, “El sueño de Felipe II”, “La adoración de los pastores”, “Cristo abrazado a la cruz” o “La Coronación de la Virgen”.

Tachado de excéntrico, no sería hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando la “Generación del 98” y los modernistas se interesaron por la obra y figura de El Greco.

En una primera etapa estuvo influido por el arte bizantino cretense y luego por el Renacimiento veneciano, que respiró al lado de maestros como Tiziano, del que aprendió la técnica del óleo y el uso de los colores.

También dejaron en él impronta el manierismo de sus años en Roma, junto a Miguel Ángel, y después la pintura española y sus contrastes de color, que le abocaron a ese personalísimo estilo que el mundo conoce.

A los 26 años El Greco dejaba Creta en dirección a Italia, donde pintó algunos de sus cuadros más emblemáticos, “El dulce nombre de Cristo” o “La última Cena”.

En la ciudad de los canales descubre la Escuela veneciana del Cinquecento, con Tiziano y Tintoretto, de los que aprende el uso de los colores cálidos y la importancia de la luz.

Después, en Roma, conoce a Miguel Ángel y su penetrante manierismo, estilo que el cretense finalmente adopta.

Y viaja a España, por encargo del rey Felipe II, para diseñar la decoración del Monasterio de El Escorial y también de las pinturas de un convento de Toledo, lugar al que llega en 1577 y donde alcanza su esplendor artístico pintando hasta el fin de sus días.

En la ciudad castellana El Greco ilustró mejor que nadie las ideas de la Contrarreforma con representaciones en conventos e iglesias de sus santos penitentes, la Sagrada familia y la glorificación de la Virgen María, cuestiones puestas en tela de juicio por el protestantismo.

Asimismo, dejó obras tan famosas como “El entierro del Conde Orgaz” (1587), en la Iglesia de Santo Tomé; el “Altar de la Sacristía de la Catedral de Toledo: El expolio” (1577-1579); o el Retablo mayor con la Asunción de la Virgen (1577) de Santo Domingo el Antiguo, iglesia a la que estuvo muy ligado desde su llegada a Toledo y en la que descansan sus restos. EFE/DOC

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