Argentina: Giro cambiario, una señal de impacto limitado que no despeja la incertidumbre

La flexibilización del "cepo al dólar" en Argentina, con un impacto muy limitado, no despeja la incertidumbre sobre la economía del país, marcada por una inflación próxima al 30 por ciento y en una coyuntura política compleja, con un Gobierno que acusa un importante desgaste en su etapa final.
Axel Kicillof, ministro de Economía de Argentina, habla con periodistas en noviembre de 2013. EFE/Archivo/David FernándezAxel Kicillof, ministro de Economía de Argentina, habla con periodistas en noviembre de 2013. EFE/Archivo/David Fernández

Mar Marín

Apenas dos años después de estrenar las restricciones cambiarias, el Gobierno de Cristina Fernández ha tenido que suavizar el “cepo” al dólar en medio del mayor desplome del peso argentino en una década. El limitado impacto de las medidas anunciadas ayer y las contradicciones del Ejecutivo sobre los detalles de su aplicación no han contribuido a crear un clima de confianza.

A partir de ahora, los trabajadores que estén al día con Hacienda y ganen un mínimo de 7.200 pesos, unos 900 dólares, podrán acceder hasta a 2.000 dólares al mes para el ahorro, con un gravamen del 20 por ciento que se evitarán si depositan el dinero en un plazo fijo durante un año. Una medida que, en la práctica, sólo afecta al 20 por ciento de los cotizantes. Para acceder al tope de 2.000 dólares hay que declarar unos ingresos mínimos de 80.000 pesos (10.000 dólares), un nivel al que solo llega el dos por ciento de los cotizantes.

Pese a que tiene un alcance limitado, el levantamiento parcial del “cepo” ha frenado, al menos de momento, el desplome del peso, que se cotiza oficialmente a 8 unidades por dólar y que hoy se pagaba algo por encima de los 12 en el mercado negro. En la práctica, se ha producido una devaluación gradual de la moneda local en los mercados hasta llevarla a un nivel “aceptable”.

El coste, una sangría de reservas -que han pasado de 50.000 a 29.000 millones de dólares en los dos últimos años-, un pujante mercado negro y un alto riesgo de que la depreciación del peso se traslade a la inflación –el principal problema de la economía argentina- próxima al 30 por ciento según organismos independientes que el Gobierno desautoriza para mantener su previsión en un 10 por ciento.

La coyuntura política no ayuda a mejorar la imagen del Gobierno, castigado con dureza en las encuestas. Según los últimos sondeos, Cristina Fernández tiene una imagen negativa del 48 por ciento tras su ausencia en los acontecimientos que han marcado la agenda política, desde los saqueos por la huelga de policías y los apagones de diciembre hasta la devaluación del peso. 

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