Argel activa “la máquina del dinero” para atajar la crisis

Lastrada por la crisis, que ha consumido en apenas tres años más de la mitad de su reserva de divisas, Argelia ha optado por recurrir a "medidas excepcionales de financiación" para tratar de sobrevivir al abrupto descenso de los ingresos del crudo sin tener que acudir al préstamo internacional.
El presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika. EFE/Archivo/StrEl presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika. EFE/Archivo/Str

 

Javier Martín

 

Una idea impulsada por el propio presidente del país, Abdelaziz Bouteflika, que domina el plan de actuación presentado por el nuevo primer ministro, Ahmed Ouyahia, y que se basa en una controvertida reforma de la ley Monetaria y de Crédito.
La enmienda, ampliamente criticada, “autoriza al Banco Central a prestar directamente al Tesoro Público para financiar así el déficit presupuestario y la deuda pública interna, además de dotar de recursos al Fondo Nacional de Inversiones”.
Una medida excepcional que estará en vigor cinco años “y se verá acompañada por reformas estructurales y financieras”, explicó el gobierno en un comunicado.
La decisión ha sido acogida con escepticismo por una buena parte de los analistas internacionales, que la consideran un método obsoleto e ineficaz que simplemente apuesta por “poner en marcha la máquina de billetes”.
“La elección de Argelia es contraria al pensamiento económico. Es una huida que no resolverá la situación. Especialmente porque la experiencia en otros países ha revelado que el uso de la impresión de dinero tiene un efecto perverso”, explica el economista Christopher Demblik.
“Además, el aumento de la oferta monetaria genera inflación. Se trata de medidas a corto plazo ligadas de las presidenciales de 2019”, precisa Demblik, responsable de investigación macroeconómica de Saxo Bank.
En la misma línea, economistas locales -que prefieren no ser identificados- señalan que hundirá aún más el valor de la moneda nacional y encarecerá las exportaciones en un país dependiente del petróleo y carente de industria, que importa casi todo lo que consume.
Críticas a las que también se suman la mayoría de los partidos de la oposición.

“El gobierno intenta reducir la crisis a una simple cuestión financiera y anuncia soluciones técnicas a problemas que son mucho más profundos”, asegura Hasen Ferli, responsable de comunicación del Frente de Fuerzas Socialistas (FSS).

Para los islamistas del Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP), primera fuerza opositora, el Ejecutivo es responsable porque “en vez de buscar soluciones concretas a la crisis, simplemente cambia de posiciones a figuras políticas ya quemadas y detestadas por el pueblo”.
El nuevo primer ministro reconoce abiertamente la crisis, fruto de la abrupta caída del petróleo en 2014 pero también del complejo sistema socioconsumista adoptado por Argelia, sostenido en el crudo y el gas, materias que suponen el 96% de sus exportaciones y el 60% del ingreso en los presupuestos del Estado.
A ello se une una economía ultraprotecionista, tutelada por el estado, que subsidia la mayoría de los productos básicos y es el primer generador de empleo, con un mastodóntico y anticuado sistema burocrático, un débil sistema impositivo.
Y una potente economía sumergida, en la que los cambistas y las mafias de exportación e importación sacan grandes beneficios, y que según un reciente estudio acapara el 45% del PIB y da empleo precario a 4 millones de personas, dato de la Oficina Nacional de Estadística.
En un intento por conservar su esencia, y mantener la paz social, el gobierno argelino ha gastado desde 2014 más de 80.000 millones de dólares del fondo de reserva de divisas, que ha enflaquecido hasta los todavía importantes 105.000 millones.
“Argelia tiene un déficit comercial (más de 20.000 millones de dólares en 2016) y un déficit continuo de la balanza de pagos (más de 26.000 millones de dólares a finales de 2016)”, explicó la semana pasada Ouyahia.
“A nivel externo, es o sigue siendo económicamente soberana, gracias a las reservas de divisas acumuladas… Pero a nivel interno, el estado de las finanzas públicas es preocupante”, admitió.
Para solventarlo, además de las medidas excepcionales, el régimen ha adoptado un plan cimentado en tres pilares: austeridad, recorte en las subvenciones -que consumen el 20% del presupuesto del Estado- y freno a las importaciones.
El objetivo es promover la industria local, mejorar la producción agrícola, alentar el turismo y cambiar el modelo energético para llegar a una tasa de crecimiento anual del 6,5% sin contraer deuda externa.
Este año, los límites a las licencias de importación ya ha causado efecto; también el recorte en gasto público, reducido en un 14%, con lo que el gobierno espera bajar del 15 al 8% el déficit presupuestario.
Un plan que genera dudas a los expertos y al que se añade, además, la incertidumbre política que atenaza al país debido a las maniobras que se intuyen en el estamento militar, verdadero poder en la sombra, y el misterioso estado de salud del enfermo Buteflika, hasta la fecha sin claro sucesor. EFE

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Publicado en: Análisis