Aniversario Constitución. Los Pactos de la Moncloa y el compromiso histórico

A primeros de octubre de 1977 el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, convocó a representantes de todos los partidos políticos del Parlamento, para entablar un diálogo conjunto. La discusión giró inicialmente en torno al informe de 101 folios preparado por el equipo dirigido por el vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos, y que por ello se conoció con el nombre de "Documento Fuentes Quintana".
Madrid, 08.10.1977.- Reunión en el Palacio de la Moncloa, del presidente Suárez y representantes parlamentarios. En la foto, de izquierda a derecha,Madrid, 08.10.1977.- Reunión en el Palacio de la Moncloa, del presidente Suárez y representantes parlamentarios. En la foto, de izquierda a derecha, Adolfo Suárez, Fernando Abril Martorell, Francisco Fernández Ordóñez, Ramón Tamames, Santiago Carrillo y Tomás García. EFE/Archivo/nr

 

Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, fue uno de los firmantes de los Pactos de la Moncloa

 

 

El fin de semana del 8 y 9 de octubre de 1977, el informe gubernamental fue ampliamente debatido en la Moncloa; incorporándose a su esquema una serie de cuestiones importantes. Y en la tarde del domingo ya fue posible redactar las bases del futuro acuerdo, en un comunicado que se dio a la prensa con el modesto título de “resumen de trabajo” (la redacción final del resumen de la primera reunión de los Pactos la hicimos José Luis Leal y yo por encargo del propio Adolfo Suárez).

Después prosiguieron las conversaciones entre los representantes del Gobierno y los diversos partidos políticos. A nivel de comisiones especializadas fue desarrollándose el consenso alcanzado el 9 de octubre. Y, tras muchas horas de negociación, los acuerdos se firmaron el 25 de octubre, para someterlos finalmente a debate en el Congreso, en forma de moción, que fue aprobada el día 27.

A corto plazo, el propósito de los Pactos de la Moncloa no era otro que sanear el sistema económico, para lo cual el primer objetivo era contener la inflación que tan duramente incidía sobre la inversión y el empleo.

Con esas finalidades, en los acuerdos se previeron para 1978 determinadas cotas de expansión en las variables básicas, todas ellas -excepto las pensiones y las inversiones públicas- por debajo de las previstas para 1977.

La intención de desacelerar la inflación fue especialmente patente en el freno a la masa monetaria, en el crédito y en los gastos del Estado y de la Seguridad Social. En segundo término, se introdujo un acompasamiento de los salarios respecto de los precios al nivel del 22 por 100 en 1978 sobre 1977.

Suárez tuvo mucha más inteligencia política que Azaña, quien ni como Presidente del Gobierno Provisional de 1931, ni como Presidente de la República desde mayo de 1936, supo desprenderse de sus sectarismos para plantear una solución verdaderamente de todos, auténticamente nacional.

Las acciones que el Gobierno había de desarrollar a corto plazo, conforme a los Pactos de la Moncloa, se resumían en cuatro grupos: presupuestos, política monetaria, precios y rentas, y empleo.

– Presupuestos del Estado y de la Seguridad Social. En 1978, el presupuesto del Estado se vio limitado en sus aumentos, a fin de no superar en más de un 21,4 % el de 1977 en los aspectos consuntivos; y en no más del 29,2 % para el total. En el gasto público se dedicó especial atención a la lucha contra el paro, para lo cual el Estado se comprometió a aumentar sus inversiones.

– Política monetaria. Se trató de reducir la velocidad del alza de los precios, a base de no sobrepasar, como tendencia, el 17 % en el crecimiento de las disponibilidades líquidas.

– Política de precios y de rentas. El objetivo consistió en que durante 1978 los precios no aumentasen más de un 22 %, como promedio, respecto a 1977. Y en lo concerniente a los salarios, se fijó el objetivo de que en su evolución se acompasaran a los precios; con la posibilidad, pues, de pactar aumentos de hasta un 22 % de la masa salarial (incluyendo antigüedad más ascensos), manteniéndose así la paridad con el crecimiento previsto de los precios.

– Empleo. En lo relativo a empleo, aparte de las observaciones que ya se han hecho con anterioridad, se previeron nuevas normas para permitir la contratación temporal de desempleados. Por otro lado, y para afrontar un problema de tanta gravedad como el del paro juvenil, se permitió la contratación temporal, hasta dos años, de las personas que no hubiesen accedido nunca a un puesto de trabajo. En ambos casos, el Estado se hizo cargo de la Seguridad Social por un 50 %, a fin de estimular las nuevas formas de empleo.

En cuanto a las medidas de transformación profunda se refirieron a la reforma fiscal, perfeccionamiento del gasto público, política educativa, urbanismo y vivienda, novación de la Seguridad Social, del sistema financiero, nuevas políticas agraria y pesquera, planificación racional de la energía, y democratización de la empresa pública con la publicación de un Estatuto para todas las sociedades con participación pública. La mayoría de las previsiones en esas distintas áreas, las hemos estudiado en capítulos precedentes.

Como cierre de este artículo, mencionaré que en mayo de 2017 estuve en Buenos Aires para explicar el funcionamiento de los Pactos de La Moncloa. Y en una serie de encuentros políticos de alto nivel, tuve ocasión de dirigirme a un nutrido auditorio de senadores, diputados, empresarios y políticos, en el Senado argentino, en su inmenso Salón Azul, con la presencia en primera fila de la presidenta de la Nación, en funciones, Gabriela Michetti (Macri estaba en Japón).

En el Senado me referí a los Pactos de La Moncloa y a otros aspectos de la política económica de la España de hoy (con su fuerte recuperación dentro de la UE), temas que se siguen con toda atención en los medios argentinos y de toda Iberoamérica. Y en ese contexto, subrayé que con el tema de los Pactos, España consiguió, en 1977, un acuerdo global político casi único en la Historia.

En esa línea de explicaciones, desde su enfoque fundamentalmente económico, recordé en mis pláticas, algo que me comentó un amigo italiano, antiguo agregado cultural de la Embajada en Madrid de su país originario, Angelo Pantaleoni: “Ramón, pocos se han percatado del hecho de que con los Pactos de La Moncloa conseguisteis algo que en Italia preconizamos y no pudimos alcanzar nunca. Me refiero al Compromiso Histórico, que planteó en tiempos nuestro filósofo Antonio Gramsci, y que intentaron llevar a cabo Aldo Moro (por eso le asesinaron, aún no se sabe quiénes) y Enrico Berlinguer, que se quedó aislado en su postura por falta de interlocutor”.

Y ciertamente, Pantaleoni tiene algo de razón. En España, con los Pactos de La Moncloa, se tomaron acuerdos que lamentablemente no rigieron por tanto tiempo como hubiera sido deseable, ya lo dijimos antes. Pero se marcó, indeleblemente, el comienzo de la nueva democracia, dando a ésta por más de un año, que vivimos peligrosamente, una solidez y un respeto general que después no se igualaron nunca. Y en gran medida, estimo que los Pactos contribuyeron a la segunda pieza, la fundamental, de nuestro compromiso histórico: la Constitución de 1978.
NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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