Amparo Rivelles, una de las grandes de la escena española

Una de las actrices más importantes del cine español y de la escena teatral, falleció ayer a los 88 años. Sus trabajos la hicieron merecedora, entre otros, del Premio Nacional de Teatro y el Premio Goya a la mejor actriz.
La actriz española Amparo Rivelles, muere a los 88 años.  EFE/Archivo/ALBERTO MARTÍN.

La actriz española Amparo Rivelles, muere a los 88 años. EFE/Archivo/ALBERTO MARTÍN.

Una de las más grandes actrices del teatro y el cine español,  destacó por su inconfundible personalidad, belleza y talento, por lo que llegó a trabajar con Orson Welles (“Mister Arkadin”, 1954) o con Tulio Demicheli (“La herida luminosa”, 1957).

La actuación “ha sido mi vida”, dijo, emocionada, en un cariñoso homenaje en el Instituto Cervantes  en Madrid, la ciudad que la vio nacer el 11 de febrero de 1925.

Perteneciente a una saga de actores, fue nieta de actores (José Rivelles y Amparo Guillén), hija de actores (Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara), hermana de actor (Carlos Larrañaga) y tía de actores (Amparo Larrañaga, Luis Merlo y “Caco” Larrañaga) y del productor Pedro Larrañaga.

Amparo Rivelles debutó en Barcelona a los 13 años con la compañía de su madre y en la comedia de Leandro Navarro “Siete Hermanas”. En el cine lo hizo dos años después con la “Mari Juana” (1940) de Armando Vidal y, muchos “Estudio 1” en TVE y series como “Los gozos y las sombras”, al lado de su hermano.

Alcanzó la fama rápidamente. Con su contrato en exclusiva para la productora Cifesa realizó algunos de sus mejores papeles en los años cuarenta y cincuenta, como “Eloisa está debajo del almendro” (1943) y “La fe” (1947), ambas películas de Rafael Gil.

Además interpretó “Los ladrones somos gente honrada” (1941), “Malvaloca’ (1942), “El clavo” (1944), “Fuenteovejuna” (1947),  “La Leona de Castilla” (1951) o “Un ángel tuvo la culpa” (1959).

Vivió en México entre 1957 y 1979, aunque sin dejar de trabajar en proyectos españoles. En la capital azteca se estrenó representando “Un cuarto lleno de rosas”, con Manolo Fábregas, y trabajó en televisión y cine con gran éxito. Una de sus películas más taquilleras fue “La madrastra” (1974), de Roberto Galvaldón.

En 1979 regresó a Madrid. Reapareció en escena ese año con la obra de Santiago Moncada “Salvar a los delfines” y, en 1980,  con los “Anillos para una dama” de Antonio Gala, a la que siguieron  la comedia de Miguel Mihura “El caso de la mujer asesinadita” (1982), por la que recibió el premio que lleva el nombre del  dramaturgo.

Por “Hay que deshacer la casa” (1986), recibió el  Premio Lope de Vega de teatro y obtuvo el Goya a la mejor actriz por la versión cinematográfica de José Luis García Sánchez.

En 1988 celebró bodas de oro en el teatro con “La celestina” que adaptó Torrente Ballester y dirigió Adolfo Marsillach, “La loca de Chaillot” (Jean Girandoux) y “Rosas de otoño” (Jacinto Benavente), dirigidas por José Luis Alonso,  a las que siguieron “El abanico de Lady Windermere o la importancia de llamarse Wilde” (1992) y “El canto de los cisnes” (1993).

En su última etapa profesional hizo menos películas, destacan sus intervenciones en el largomentraje de Josefina Molina “Esquilache” (1989) y la serie televisiva “La regenta”, de Fernando Méndez-Leite.

En 1999 estrenó “Los árboles mueren de pie”, de Alejandro Casona; entre 2001 y 2003 paseó a “Miss Daisy” (Alfred Uhry) por España; en 2003 a 2004 representó “La brisa de la vida”, con Lluis Pasqual; y en 2006, “La duda”.

Entre sus galardones figuran la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes (1990) y la del Círculo de Escritores Cinematográficos (2006); el Premio Nacional de Teatro (1996); el Fotogramas de Plata “a toda una vida” (1994); y los premios de teatro Miguel Mihura (1983), Lope de Vega (1983), Mayte (1996) y Ercilla (2002). EFE/DOC