Amado Boudou o la maldición de los vicepresidentes argentinos

Joven, exitoso y con un prometedor futuro político, Amado Boudou se mostraba dispuesto a comerse el mundo cuando Cristina Fernández le eligió como vicepresidente. Hoy, parece abandonado a su suerte mientras se prepara para comparecer ante la Justicia argentina por un delito de corrupción.
Buenos Aires (Argentina), 07.02.2014.- El vicepresidente de Argentina, Amado Boudou. EFE/Archivo/TELAMBuenos Aires (Argentina), 07.02.2014.- El vicepresidente de Argentina, Amado Boudou. EFE/Archivo/TELAM

Mar Marín,

Boudou ha pasado de ser uno de los cargos más próximos a Cristina Fernández, con posibilidades incluso de aspirar a la Casa Rosada, a convertirse en el primer vicepresidente en activo en ser reclamado por la Justicia argentina.

“Además de las cualidades personales de Amado, lo he valorado porque lo importante no es haber tenido la misma orientación toda la vida, sino saber cambiar cuando el mundo cambia”, señaló Fernández, en junio de 2011, durante el anuncio de lo que había sido un secreto durante meses: el ministro de Economía sería el nuevo vicepresidente.

Economista de formación, en mayo de 2008 fue designado director de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), el ente estatal que maneja el sistema de jubilaciones en Argentina, con el padrinazgo político de Sergio Massa, ex jefe de Gabinete y hoy adversario de Fernández.

En la elección de Fernández pesó el escarmiento sufrido con su anterior vicepresidente, Julio Cobos. Procedente del radicalismo, la idea de situar a Cobos en el cargo fue del fallecido expresidente Néstor Kirchner.

Relegado a un papel honorífico, las pésimas relaciones entre los Kirchner y el “vice” eran tan evidentes que ninguno se ocupaba de disimularlas en público.

Hasta que, en 2008, estalló el conflicto que enfrentó al Gobierno con las patronales agrarias y llevó a Cobos a adquirir un protagonismo sin precedentes.

En su calidad de vicepresidente y presidente del Senado, desempató la votación más importante del Gobierno “k” en la Cámara Alta, apoyando a las patronales.

“La historia me juzgará. No se cómo. Y que me perdone si me equivoco. Mi voto no es positivo”, dijo. Y votó en contra de la presidenta y del Gobierno del que formaba parte. Aún así, no renunció y permaneció en el cargo hasta el final de la legislatura.

Tampoco parece dispuesto a renunciar Amado Boudou, pese a que el juez Ariel Lijo le ha citado como imputado para responder a un delito de tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito por su presunta vinculación con irregularidades relacionadas con la imprenta de papel moneda Ciccone Calcográfica.

Definitivamente, Cristina Fernández no estuvo acertada a la hora de elegir a sus compañeros de viaje. Primero Cobos, que votó en su contra, y después Boudou, que la va a amargar la recta final de su segundo y último mandato.

El analista Rosendo Fraga sostiene que el escándalo, a un año y medio del final del mandato presidencial, “pone en evidencia que el Gobierno enfrenta limitaciones para manejar las causas de corrupción en la justicia y ello puede complicarse más en los próximos meses”.

El también analista Carlos Fara considera, en declaraciones a Efe, que “el votante ya ha descontado el efecto Boudou y el caso no será determinante en las decisiones de los electores para las elecciones presidenciales del próximo año”.

Aunque Cristina Fernández no es la única presidenta que ha tenido problemas con sus “vices”. Su esposo, Néstor Kirchner, impulsó a su vice, Daniel Scioli, a convertirse en gobernador de Buenos Aires, pero se fueron distanciado y hoy Fernández no oculta sus diferencias con su antiguo aliado, dispuesto a dar la batalla por el sillón presidencial.

Desde la sanción de la Constitución, en 1853, el país ha tenido 29 vicepresidentes, y ninguno resultó elegido en las urnas para ocupar la Presidencia. EFE 

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