Cataluña: claves para el 22 de diciembre

Con unos resultados tan ajustados y fragmentados como los que dibujan las encuestas, las opciones abiertas para el día después de las elecciones catalanas del 21 de diciembre son múltiples e inciertas. Algunas de las claves del escenario postelectoral que pueden adelantarse son las siguientes:
Imagen de una pequeña urna de cartón entre los escaños vacíos del Parlament de Cataluña. EFE/Archivo/Quique GarcíaImagen de una pequeña urna de cartón entre los escaños vacíos del Parlament de Cataluña. EFE/Archivo/Quique García

 

Carlos Moral

Derrota independentista: ¿El final del proceso soberanista? 

La pérdida de la mayoría en escaños supondría un varapalo para las fuerzas independentistas, que además de constatar el fracaso del proceso emprendido en los últimos años, perderían, si quedan fuera del gobierno, los resortes del poder autonómico en el que han sustentado su apuesta. A ello se suman las consecuencias penales y administrativas que puedan afectar a sus dirigentes procesados.
Toda vez que los secesionistas plantean los comicios, como ya hicieron en 2015, como un plebiscito sobre la independencia, la derrota dejaría sus argumentos sin sostén. Con elevada probabilidad se verían obligados a una reorganización interna y a reformular sus programas y objetivos.

¿Quién presidiría un gobierno secesionista? 

La primera incógnita a despejar en caso de mayoría absoluta independentista es la de quién presidiría el gobierno catalán.
ERC, republicanos de izquierda, y Junts Per Catalunya, herederos de Convergencia encabezados por el expresidente Carles Puigdemont, pugnan por renovar la mayoría secesionista en el Parlamento junto a la CUP -izquierda antisistema- pero, a la vez, libran una batalla por la hegemonía dentro del independentismo.
Las encuestas sitúan por delante a ERC, pero indican que la lista de Puigdemont recorta las diferencias. En cualquier caso, con más o menos votos, el expresidente se considera legitimado para repetir en el cargo porque fue cesado por el Gobierno central tras intervenir la autonomía. ERC no ha aclarado si hará o no presidente a Puigdemont en el caso de que la candidatura republicana sea la más votada.
Los problemas legales hacen aún más imprevisible el desenlace. Para asumir el cargo Puigdemont tendría que regresar a España, donde le espera una orden de detención. A priori, por tanto, tendría que elegir entre la cárcel o permanecer fuera de España. El cabeza de lista de ERC, Oriol Junqueras, está actualmente en prisión y la Justicia investiga a su número dos, Marta Rovira.

Solución pactada o vía unilateral 

Otro interrogante en caso de victoria independentista es si retomarán la vía unilateral, que parecía descartada hace unas semanas por razones prácticas pero que, con el comienzo de la camapaña electoral, está de nuevo sobre la mesa.
El Gobierno de Mariano Rajoy ha reiterado que si los independentistas quebrantan la ley volverá a aplicar el artículo 155 de la Constitución -el que permite intervenir la autonomía-, así que el desbloqueo de la situación pasa porque los partidarios de la secesión se ciñan a los cauces legales y busquen una solución pactada.
Una salida pragmática que no sería del agrado de la CUP, cuyos votos volverán a ser imprescindibles para la mayoría independentista, y que ya demostró en el periodo anterior su capacidad para condicionar las decisiones de sus compañeros de viaje y conducir el proceso hacia posiciones más radicales.

Ciudadanos: resultados brillantes, pocas opciones de gobernar 

La candidatura que encabeza Inés Arrimadas va a conseguir, según todos los pronósticos, unos magníficos resultados, pero sus posibilidades de encabezar el próximo gobierno parecen, por el momento, reducidas.
Los sondeos dicen que Ciudadanos superará sus 25 escaños de 2015 y que luchará por la victoria con ERC. Un resultado que en una década de vida consolida a Ciudadanos como primera fuerza constitucionalista en Cataluña, papel que hasta 2015 había estado reservado en exclusiva a los socialistas del PSC.
Para llegar al gobierno de la Generalitat a Arrimadas no le bastaría, siempre según los sondeos, el eventual apoyo del PP y de los socialistas del PSC. Sus opciones pasarían por un acuerdo, a día de hoy impensable, con los comunes, la formación de izquierda promovida por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y por Podemos, muy alejada de Ciudadanos.
Otra opción podría plantearse si el bloque constitucionalista -Ciudadanos, PSC, PP- supera en escaños a los independentistas. En ese caso, poco probable según las encuestas, a Arrimadas podría bastarle con que los comunes no apoyaran a los independentistas.

Iceta: la alternativa de la centralidad 

Su posición central en el espectro ideológico y, sobre todo, identitario -contrarios a la independencia pero partidarios de la negociación y la reforma constitucional- pueden otorgar a los socialistas mayor peso el 22 de diciembre que el que consigan con sus votos.
Los pronósticos adelantan una subida de escaños del PSC, aunque insuficiente para encabezar el bloque contrario a la independencia. Sin embargo, su candidato, Miquel Iceta, es el único que parece en disposición de pactar con Ciudadanos, PP y los comunes, en el eje no secesionista; o incluso con ERC y los comunes en el eje de izquierda, si es que los números alcanzan.
Anque articular cualquiera de esas opciones sería muy complicado, al menos la posibilidad existe: es factible que PP y Ciudadanos prefieran un gobierno encabezado por Iceta antes que la alternativa independentista o la de repetir elecciones.

Comunes: una llave de gobierno que puede quemar 

La conflucencia de izquierda impulsada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y Podemos tendrá, según las encuestas, la llave del gobierno si los independentistas no logran la mayoría absoluta.
A tenor de las declaraciones de su cabeza de lista, Xavier Domenech, las preferencias de los comunes van hacia un gobierno de izquierdas con los independentistas de ERC y los socialistas del PSC. La primera dificultad para materializarlo es que la suma de esas fuerzas podría quedar lejos de los 68 escaños que marcan la mayoría absoluta, así que tendrían que gobernar en minoría y con acuerdos puntuales con otras fuerzas. Una fórmula similar a la que dio la alcaldía de Barcelona a Colau.
Otra de las opciones, un eventual apoyo de los comunes a los independentistas, podría ser lesiva para los intereses electorales de Podemos fuera de Cataluña. Por el otro lado, un pacto con los constitucionalistas encabezado por Ciudadanos es aún más improbable, porque los comunes se han opuesto frontalmente a la aplicación del artículo 155 y están tan lejos del PP y de Ciudadanos como de los secesionistas.

PP: objetivo normalizar la situación 

Con todas las previsiones señalando la pérdida de varios de los 11 escaños que ahora tiene, el objetivo del PP será minimizar su caída y apuntalar una mayoría que frene a los independentistas y que permita desbloquear la situación en Cataluña.
Más allá de los resultados de su partido en las elecciones, para el Gobierno de Mariano Rajoy supondría un gran alivio que los partidarios de la secesión pierdan la mayoría absoluta y, aún más, que se forme un ejecutivo en Cataluña que permita normalizar la situación.

Repetición de elecciones 

Si ni el bloque independentista ni el constitucionalista logran la victoria va a ser difícil articular una mayoría de gobierno, por lo que no puede descartarse la repetición de elecciones.
Ese escenario ya estuvo cerca tras las autonómicas de 2015, cuando solo evitó la repetición de los comicios un acuerdo de última hora entre los independentistas, en el que la CUP exigió la renuncia de Artur Mas a encabezar el gobierno.
La situación es ahora muy distinta, puesto que la autonomía se encuentra intervenida por el Gobierno central, que se encarga de la administración catalana, y la repetición de las elecciones prolongaría la situación de excepcionalidad durante meses. EFE

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Publicado en: Análisis