Alex Rigola deja la dirección de los Teatros del Canal de Madrid

Rigola ha presentado su dimisión como director de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid por "la brutal violencia ejercida el pasado domingo 1 de octubre a los ciudadanos catalanes, ordenada por el mismo partido que gobierna la Comunidad de Madrid", según ha anunciado en un comunicado.
El director teatral Álex Rigola en una imagen fechada en 2014. EFE/ARchivo/Mario RuizEl director teatral Álex Rigola en una imagen fechada en 2014. EFE/ARchivo/Mario Ruiz

El dimisionario “ha pactado” con la Comunidad de Madrid, según la misma nota, que “la dimisión se hará efectiva antes de que termine la temporada, dejando programada la próxima”.
El director y dramaturgo Álex Rigola (Barcelona, 1968) había aceptado hace un año la propuesta de la Comunidad de Madrid de suceder a Albert Boadella (Barcelona 1943) en los Teatros del Canal porque su alma, decía a EFE, era la de “un tuareg”, pero también, apostillaba el sustituido, “muy catalán”.
Cuando Boadella conoció públicamente el nombre de su sustituto, director desde 2010 a 2016 de la sección de teatro de la Bienal de Venecia y del Teatre Lliure entre 2003 y 2011, señaló a EFE que Rigola era “muy catalán”, pero también “el único director en Cataluña” que le ofreció su teatro cuando Els Joglars tenía “serias dificultades” para actuar allí debido a sus “diferencias políticas”.
La decisión había sido anunciada el 28 de julio del año pasado por la Comunidad de Madrid, de quien dependen los teatros y el acuerdo fue que Rigola se haría cargo de la Sala Verde del coliseo y que Natalia Álvarez Simó se ocuparía de la Sala Roja.
“El trabajo de dirección artística es tan artístico como un espectáculo: hay que estar muy vivo, tienes que tener libertad, ser un nómada, no caer en la tentación de quedarte en el oasis y estar siempre dispuesto a crecer. Soy un tuareg en el desierto”, explicaba Rigola cuando aceptó el encargo de la Comunidad de Madrid.
Lo prudente para alguien que se dedica a su oficio, señalaba entonces, era estar “un máximo de 7 u 8 años” frente a un proyecto y por eso, cuando dirigió el Teatre Lliure -de 2003 a 2011- también se puso “un tope”.
“Tenemos que abrirnos a lo que la gente le motive. ¿Qué teatro hay que hacer? ¿Siempre tiene que tener una función política? El teatro ya tiene su función, no hay que buscársela y puede ser político o no”, añadía.

Publicado en: Protagonistas