Al islamista Benkirán se le complica formar gobierno en Marruecos

El islamista Abdelilah Benkirán, al que Mohamed VI encargó formar gobierno en Marruecos tras las elecciones del 7 de octubre, tiene cada vez más difícil la tarea de formar una mayoría parlamentaria después de romper con los partidos con los que lleva tres meses de negociaciones.
Abdelilah Benkirán, secretario general del Partido Justicia y Desarrollo de Marruecos. EFE/Archivo/JAVIER OTAZUAbdelilah Benkirán, secretario general del Partido Justicia y Desarrollo de Marruecos. EFE/Archivo/JAVIER OTAZU

 

Javier Otazu

El Partido Justicia y Desarrollo (PJD), del que Benkirán es secretario general, obtuvo 125 escaños en un Parlamento de 395, por lo que necesita un mínimo de 63 apoyos suplementarios para completar una mayoría absoluta que le permita formar gobierno, aprobar los presupuestos y sacar adelante las leyes.
La Constitución marroquí del pasado 2011 es taxativa: formará gobierno el partido que haya ganado las elecciones, pero no prevé qué sucederá en los casos en que el partido mayoritario no pueda lograrlo: ¿se encarga el gobierno al segundo más votado o hay nuevas elecciones?.
El caso es que Benkirán cumple tres meses desde que el rey Mohamed VI le encargó formar Gabinete, y las cosas se presentan mucho más complicadas que entonces, porque los aliados “naturales” del PJD han ido cayendo por distintas razones del tablero.
La primera apuesta de Benkirán fue el partido nacionalista Istiqlal (46 escaños), algo que no agradaba a los demás socios eventuales del PJD, porque, entre otras cosas, podrían juntos formar un polo conservador-nacionalista que terminaría monopolizando las causas sobre moralidad pública o el patriotismo.
Pero el Istiqlal se complicó las cosas cuando su secretario general, Hamid Chabat, desempolvó en un discurso en diciembre el ideario nostálgico de su partido sobre el “gran Marruecos”, que se extiende -dijo- “desde Ceuta y Melilla hasta el río Senegal”, es decir, englobando el Sáhara Occidental y la misma Mauritania.
Las declaraciones de Chabat provocaron una mini-crisis diplomática con Mauritania (el propio Mohamed VI tuvo que llamar al presidente mauritano para dar explicaciones), crisis que fue muy inoportuna teniendo en cuenta que Marruecos trata ahora de volver a la Unión Africana y ganarse previamente los máximos apoyos posibles en el continente.
Chabat hizo lo posible para mantener su alianza con el PJD, incluso renunciando a cualquier futuro ministerio para su persona y dejando las negociaciones en manos del partido, pero también dentro de su formación varios pesos pesados cuestionaron sus palabras y su gestión en general, sumiendo al partido en una grave crisis.
Resultado: Benkirán tuvo que renunciar al apoyo de su aliado natural y optó entonces por reeditar la mayoría que tenía en el anterior gobierno, junto a los liberales Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI) y Movimiento Popular (MP) y el excomunista Partido Progreso y Socialismo (PPS).
Pero el nuevo hombre fuerte del RNI, el millonario Aziz Ajanuch, amigo personal del rey Mohamed VI (algo que muy pocos políticos pueden decir) se está empeñando en ponerle difícil las cosas a Benkirán.
El pasado viernes, cuando Benkirán y Ajanuch celebraron una reunión que parecía poco más que una formalidad para sellar su “pacto a cuatro”, el millonario (segundo hombre más rico del país a excepción del rey según la revista Forbes) salió entonces con una nueva exigencia: quería incluir en ese pacto a dos partidos más, la derechista Unión Constitucional y la izquierdista Unión Socialista.
Pero aquello ya fue demasiado para Benkirán, quien ayer respondió con un comunicado de tono muy seco: Ajanuch -dijo- “ha preferido responderme mediante un comunicado redactado conjuntamente con otros partidos, entre ellos dos que yo no había solicitado; (por tanto) las discusiones con Ajanuch están rotas, igual que con Mohand Lanser, secretario general del MP”.
Al PJD solo le queda ahora el apoyo del PPS, que con sus 12 diputados está lejos de aportarle la mayoría necesaria, y todos se preguntan qué pasos puede dar en adelante, ante las dudas que siembra el texto constitucional.
En todas las situaciones de bloqueo en Marruecos, el rey suele intervenir en su papel de gran árbitro. En este caso, el pasado 24 de diciembre Mohamed VI ya llamó la atención a Benkirán por lo mucho que se dilataban las negociaciones y le recordó “las expectativas de él mismo y del conjunto de marroquíes” para ver cuanto antes un Gobierno.
En este momento, y con una Constitución que nada dice sobre esta situación de bloqueo, tal vez sea el rey el único que pueda deshacer el embrollo. EFE

Etiquetado con: , ,
Publicado en: Análisis